Orinoco comienza a crecer y amenaza con desbordar sus cauces

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Más de 2000 familias damnificadas, 5.000 hectáreas de cosechas destruidas y más de tres mil cabezas de ganado y viviendas se fueron a fondo en la crecida de julio-agosto de 2017.

Este año, con el comienzo del periodo de lluvias, el Orinoco comenzó el aumento de su caudal, el cual tendrá su máximo nivel para finales de julio y agosto en el Delta medio y Bajo Delta, con impacto a más de cinco mil pobladores de la región.

En su primera etapa, el río comenzó su acostumbrado cambio en su aspecto físico, tomando un estado de turbulencia, color barroso y con aceleración en sus tranquilos cauces y corrientes que les caracteriza en época de verano.

“Llegó el invierno y llegaron las lluvias” afirma Regino Reinoso, quien tiene su pequeño rancho en la orilla del Manamo, afluente principal del Orinoco.

Para los pobladores de las márgenes del Orinoco, la crecida del río significa más que un simple fenómeno natural, más bien lo entienden como un desastre impredecible que arrastra todos los que se producen y encuentran en las fértiles tierras del río.

Así, para los habitantes de Araguaimujo, un pequeño poblado warao de dos mil personas, es la pesadilla de todos los años, “tan sólo escuchar el ruido de las corrientes del río es sinónimo de miedo” señala el docente Justo Escalada.

Sin embargo, los habitantes de El Concejo, caserío altamente vulnerable ante la arremetida del Orinoco, ya tienen preparados sus acostumbrados refugios “la escuela y el ambulatorio”.

Para Laurentino Medina “el efecto del desbordamiento del año pasado aún no ha sido superado y nuevamente el rio mete sus aguas” asegura.

Las viviendas semi derrumbadas, las cosechas en pleno reverdecer y los animales que comienzan su reproducción serán nuevamente victimas del arrollamiento de las aguas que comenzaron aumentar su nivel por el periodo de lluvia.

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