Olor a patria

Ani Karen

La alarma sonó a las 6:00 am.  Y el clásico “5 minutos más” no se hizo esperar. Me levanté corriendo media hora después, luego de hundir unas seis veces el botón de pausa en el celular. A las 7:30 comenzaba la primera clase en la universidad y tomar el autobús es alrededor de 40 minutos en la parada. Eran las 7 cuando bajé del edificio.

Camine lo más rápido hacia la parada, escuchando al parquero saludarme y decir ‘Otra vez corriendo, feliz día y que Dios te bendiga’. Al llegar a la parada, observé dos colas de aproximadamente 500 personas. Entre el sueño y la impaciencia porque llegara el autobús no entendía porque tanta gente en la entrada de un centro comercial. Mi cara de asombro lo decía todo. ‘Pobres abuelos’, escuche decir a una señora que también esperaba ansiosamente poder llegar a tiempo a su trabajo.

Llegó el transporte, me subí, y aproveche esos 20 minutos de camino para terminar de despertar. Al salir de clases, recordé lo que había visto en la mañana y decidí acercarme de regreso a casa. Por suerte, un compañero me dio la cola hasta cinco cuadras antes de mi casa. Mientras caminaba, observé el mismo cuadro de la mañana, repetido en mayor proporción en cada banco por el que pasaba. Llegué al mismo sitio donde había visto a las 500 personas. Ya eran mil aproximadamente y les acompañaba unos cuantos policías. Me acerqué más, hasta sentir que estaba en un concierto, pero sin música, de tanta gente apretujada. Una camisa de cuadros morados me puso en alerta. Achiné lo más que pude mis ojos. Era mi mamá. Corrí como pude hasta llegar a ella. ¿Que haces aquí mami? le pregunté. «Ah! Es que me salió la pensión!» Dijo mi mamá con un tono de alegría pero con el rostro quemado por el sol, encorvada y apoyando su cabeza en mi hombro del dolor de columna que tenía.

En la cola todos parecían conocerse desde hace tiempo. «Vámonos!» Le dije a mi mama. «No mi linda vamos a esperar otra ratico a ver si puedo cobrar algo de efectivo, tu sabes que nos hace falta», me dijo mi mama queriendo convencerme de que iba a cobrar estando de número 800 en la cola a las 4pm. Caminé lentamente alrededor de la cola, paseando cada rostro. Abuelos cansados, bostezando, algunos sentados en las aceras, otros en sillas improvisadas con ladrillos, abuelos con ojos llorosos, apoyados en su bastón, otros leyendo el periódico del día.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando, al terminar el recorrido, pude asegurar que el 60% estaba por debajo de su peso corporal. ¿Joven, usted cree que es posible que  esté pasando esto?, estoy aquí desde las 3 de la madrugada y mire donde estoy en la cola y no se ha movido nada” me dijo un señor al quedarme parada a su lado. En seguida, una abuela con su nieto se voltea y me dice “Mamita, esto es una humillación. ¡Mírame! ¡Mírame! Tengo hambre, no tengo rial, necesito efectivo porque si pago con tarjeta me cobran más cara la comida y no tengo rial. ¿Tú crees que es justo esto?”

Me quede mirando sus ojos, donde brotaba la angustia por el alimento, para ella y para su nieto, un niño de 6 años que no paraba de repetir que tenía sueño, que se quería ir. Su voz parecía suplicar por lo justo, por su dignidad y la de todos los abuelos allí presentes. Se escuchó la voz del gerente y de la Policía. ‘Lo sentimos mucho, tienen que volver mañana porque se acabó el dinero y ya cerramos el banco’. Los abuelos que estaban sentados se levantaron y en señal de protesta trancaron la avenida principal entre todos. Corrí hacia mi mama de nuevo y le dije vámonos, mira como estas.

La Policía se presentó nuevamente y con unos cuantos gritos y amenazas, dispersó a los abuelos quienes se retiraban con rostro de decepción. Mientras cenábamos, mama le contaba a mi hermano lo sucedido, diciéndole que no pudo cobrar porque había mucha gente y se acabó el efectivo, y que tuvo que llegar bañándose por los olores a orine y heces que resaltan en la zona debido a las personas que se quedan a dormir allí para apartar puesto y hasta venderlos. Dijo mi mamá: “Esto es agotador, y aparte llegue oliendo a mierda”. Mi hermano concluyó diciendo: “Bueno, llegaste oliendo a ‘PATRIA'”.

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