¿No es este el hijo del carpintero?

Alfredo Infante sj

El evangelio de Mc 6, 1-6 nos muestra a Jesús visitando al pueblo donde se crió. Como buen judío  va a la sinagoga en día sábado para leer la palabra de Dios. Sucede algo paradójico: la gente queda admirada de su sabiduría y autoridad pero no le creen.

Ante el derroche de sabiduría y autoridad de Jesús a la gente le asaltan muchas preguntas: ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No es su familia una familia como la nuestra? ¿No son nuestros vecinos? Estoy parafraseando y actualizando las preguntas.

¿Por qué si se admiran de la sabiduría y autoridad de Jesús no creen? No creen en Jesús porque han perdido la confianza en sí mismos. Es un pueblo que no cree en sus propias capacidades y posibilidades. Reconocer a y creer en Jesús es reconocer y creer en sí mismos, pero están tan desesperanzados y deprimidos que pareciera imposible que algo bueno y nuevo pueda surgir de ellos. Esperan la salvación desde fuera, una solución externa porque han perdido la confianza en sí mismos. Jesús es uno de ellos, vecino, hijo del carpintero. Reconocerlo y creer en él es despertar la fuerza interior, es la experiencia de que Dios no les ha abandonado,  que sigue actuando desde las entrañas de su pueblo.

El pasaje es dramático. Jesús llega a decir: «nadie es profeta en su tierra». No puede hacer señales de vida por la falta de fe de sus con pueblerinos. Recordemos que Jesús siempre que hace una señal del reino concluye diciendo «tu fe te ha salvado». La fe es una relación de confianza mutua que despierta en quien se relaciona así, una dinámica creadora, de amor y de vida.

No hay liberación auténtica sin el restablecimiento de la confianza y eso lo posibilita la fe. El enemigo de la fe es el miedo que quiebra la confianza. El enemigo de la fe es también la falta de amor a si mismo que imposibilita creer en el otro.

Señor, danos sabiduría para discernir tu paso en medio de nosotros. Despierta con tu paso nuestra fe para levantarnos de nuestras postraciones y restablecer la confianza que hemos perdido. Líbranos de dudar del hijo del carpintero.             

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío.

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