Mercado negro del metal en la frontera desmantela el patrimonio de Venezuela

Por Carlos Zapata

Estatuas, campanas, torres, cableado de todo tipo y casi cualquier clase de aleación es hurtada en los lugares más insospechados para canjearlo por pesos en Colombia, que se transforman en “muchos” bolívares en la hambrienta Venezuela de Nicolás Maduro.

No importa el peso o el tamaño. Desaparecen de plazas y sitios públicos tan rápido como aumenta su valor comercial en el mercado ilegal de la vecina Colombia. El atractivo económico de las estatuas de bronce en la nación sudamericana se está convirtiendo también en su perdición.

Ahora solamente hay dos. La tercera pieza fue “secuestrada” para fundirla y venderla a precio de baratija. Lo denuncia con nostalgia la periodista Lorena Arráiz, quien posa en una foto con su colega, la directora del diario La Nación, Omaira Labrador. Ambas radicadas en zona de frontera. Ya sólo quedan imágenes que dan “testimonio de una obra de arte” de la bicentenaria Universidad de los Andes, en el fronterizo estado Táchira de Venezuela, lamentan.

Días antes hubo otra víctima: un busto de Rafael Urdaneta. Desapareció la estatua del prócer de la Independencia, considerado el “más leal de todos los leales a Simón Bolívar” ​y el último presidente de la Gran Colombia. No es cualquier pieza: el cuerpo del general se encuentra en el Panteón Nacional, donde una estatua junto a su sarcófago indica que allí reposa “el más constante y sereno oficial del Ejército”.

En el caso de la pieza hurtada, un jovencito de apenas 17 años fue al autor de la sustracción, que incluyó la placa que en su pedestal identificaba al político y militar criollo. El muchacho confesó a la policía municipal, que en compañía de dos amigos tomó la pesada pieza y la hoja grabada para posteriormente comercializarla.

El joven les dijo a los uniformados que planeaba encontrase con sus amigos en el Departamento Norte de Santander, en Colombia. Allí los esperaban clientes interesados en el metal de la obra. Les pagarían en pesos, los cuales representan una elevada suma de bolívares en Venezuela, donde sufren la peor crisis humanitaria de la historia.

Simón Bolívar entre los afectados

La lista de los afectados es interminable: el generalísimo Francisco de Miranda, el obispo Montes de Oca, José Manuel Suniaga, José Félix Ribas, Cristóbal Colón y hasta el mismísimo Simón Bolívar fueron “desaparecidos”. En 2017 un busto de bronce del libertador fue hurtado a punta de cincel y martillo. Se encontraba en la plaza Campo Boyacá, del municipio Jesús Enrique Lossada en el petrolero estado Zulia.

No es la primera vez que ocurre. En el pasado reciente, la organización civil sin fines de lucro “Centro al Servicio de la Acción Popular” señaló que en el país se viene produciendo un “desmantelamiento del patrimonio histórico” producto de la aguda inseguridad que azota a la nación.

También lo ha denunciado de forma sistemática el IAM (Institutional Assets and Monuments of Venezuela), que condena la proliferación del hurto de esculturas y monumentos en los estados fronterizos del país. El organismo trabaja en la documentación y protección del patrimonio cultural venezolano.

Campana histórica de 500 kilos

En marzo de este mismo año una campana de bronce de más de media tonelada (500 kilos) fue hurtada en una iglesia de Cumaná, en el estado Sucre, justo antes del inicio de las celebraciones de Semana Santa.

El párroco Jesús Senior difundió copia de un escrito en el que se declaraba monumento nacional al santuario construido entre los años 1862 y 1866 sobre las bases de una vieja iglesia del siglo XVIII. La campana –invaluable en el aspecto religioso, histórico, patrimonial y artístico- era exhibida sobre una base de piedra en el patio del templo. Aunque debido a su peso, un grupo de hombres juntos no podrían cargar con ella, la pieza desapareció.

En este mismo marco se pronunció el Centro al Servicio de la Acción Popular (Cesap) para denunciar el “desmantelamiento de plazas” en diversas ciudades de Venezuela, algo que se explica por la venta ilegal de metales, cuyo creciente mercado en regiones de frontera se ha convertido en el “gran negocio clandestino”.

Cable y tapas de alcantarillas

El comercio negro incluye piezas de cables telefónicos, tapas de alcantarillas, bustos y estatuas de personajes históricos. El Gobierno lo llama “material estratégico” y lo combate, aunque no con el éxito esperado, pues las desapariciones aumentan tan velozmente como la hiperinflación que destruye el poder adquisitivo de los venezolanos.

También en 2016 fue sustraída una pieza de oro del Museo Diocesano de la Virgen del Valle, en el estado Nueva Esparta. Aunque aquel suceso tuvo un final feliz, toda vez que la policía científica logró la recuperación de la (desarmada) reliquia, tras la detención de cuatro implicados en el hurto.

Además del bronce, muchos ponen la mirada en el preciado cobre y casi todo tipo de cables y tendidos eléctricos. Los metales y las aleaciones que de él derivan ya no se producen en la otrora nación rica; y son materia fundamental para la interconexión del país en materia de electricidad, servicios de telefonía y hasta navegación en internet.

El decreto presidencial 2.795 del año 2016 y una serie de instrumentos legales sobre el “material estratégico” le da la potestad exclusiva de su uso al Estado venezolano, por lo que su tenencia y aprovechamiento están prohibidos para personas del común. Sin embargo, la realidad es que más allá de la legislación criolla, a diario siguen desapareciendo las piezas, metales y aleaciones de cada rincón del país, y en los lugares menos sospechados.

Cobre, hierro, aluminio, bronce o acero son necesarios para garantizar la prestación de servicios de telecomunicaciones, agua, electricidad, e incluso explotación petrolera, los cuales merman a diario, tan velozmente como se desploma la calidad de vida en la nación sudamericana.

Fuente: es.aleteia.org

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