Mensajeros de la vida

Foto: Archivo WEB

Por Alfredo Infante s.j. 

En el evangelio (Mc 6, 7-13) el Nazareno llama a sus discípulos y los envía a las entrañas del mundo de dos en dos. Es el mismo que nos enseña que donde dos o tres se reúnen en Su nombre ahí está Él. Con este gesto Jesús nos dice que la confianza recíproca es clave para anunciar la fraternidad que Él proclama.  Les pide que no lleven nada para el camino: «ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto». ¿Por qué tanta radicalidad? Jesús quiere que sus discípulos transiten de la seguridad a la libertad. Del miedo a la fe. Si van apertrechados pondrán su confianza en el dinero, en el morral y no en la providencia y en la fuerza interior que el amor suscita en cada uno. Si se centran en el pan, en el dinero y el morral, pierden de vista el tesoro de su dignidad.

La confianza en Dios y en su dignidad es fundamental. Pero no es fácil este camino, por eso es clave la reciprocidad, la solidaridad, el dos en dos; si uno cae, el otro lo levanta. Les envía con un bastón, sandalias y una túnica, signos del pastor peregrino. Una nota característica es el agradecimiento, reconocer el valor de los pequeños gestos: «quédense donde les reciban». Pero también, no imponer, ni obligar a nadie «donde no los reciban, sacúdanse el polvo de las sandalias».

Dadas las indicaciones del maestro, nos dice Marcos que los discípulos fueron a: 1) Predicar el arrepentimiento, 2) Expulsar demonios y, 3) Ungir con aceite a los enfermos y curarlos. No cabe duda que hoy en nuestro país esta misión a la que nos envía Jesús está más vigente que nunca. Necesitamos rehabilitar la confianza, no poner la confianza en ídolos externos, sino en la reciprocidad y solidaridad entre hermanos significada en el vayan de dos en dos, descubrir la fuerza creadora de la solidaridad que nace de la fe.

Este modo de vivir, sin pactos oscuros con los ídolos del mundo, nos dará como discípulos una autoridad y libertad para: 1) Expulsar demonios, hoy diríamos los demonios del miedo, de la corrupción, de la violencia, de la mentira, de la ideologización, del hambre, de la desconfianza, de la división etc.; 2) Sanar enfermos, hoy se trata de contribuir a un cambio estructural para recuperar el sistema de salud y evitar tantas muertes que están sucediendo, defender la vida pasa hoy por evitar que desde el poder se siga negando la salud de los venezolanos, hoy los enfermos crónicos marchan con el lema «no queremos morir»; 3) Y, por último, para esto es necesario llamar a la conversión, sin conversión, sin una toma de conciencia que nos lleve a defender la dignidad y a luchar como ciudadanos por una relacionalidad fundada en la confianza, no tendremos país.

¡Señor, danos sabiduría para organizarnos, rehabilitar la confianza y liberarnos de todas aquellas dinámicas (demonios) que niegan la vida. Danos la gracia de la conversión. Sagrado corazón de Jesús, en vos confío!

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