La trascendencia de lo pequeño

Mc4,26-34

Alfredo Infante sj

Los grandes cambios de la humanidad se han incubado en lo secreto; han brotado en lo pequeño y han desplegado una fuerza transformadora incontenible. Hay una teoría física conocida como *efecto mariposa* que da cuenta de cómo en un punto determinado el frágil aleteo de una mariposa, por el cruce de otras variables, puede desatar la fuerza de un tornado.

Todos tenemos la experiencia de cómo una palabra y un gesto de amor despierta en nuestro corazón el deseo de vivir y transformar humanizadoramente nuestro contexto. El poder, para dominar conciencia y voluntad de las personas, busca desfigurar nuestra mirada, y una mirada desfigurada es aquella que se complace en lo grande y portentoso, y desprecia lo germinal, lo pequeño, confundiendo en el ámbito espiritual fuerza con poder.

Espiritualmente poder es imposición, capacidad de destruir, matar y oprimir, y fuerza es amor, energía creadora, regeneradora, transformadora, humanizadora, se despliega desde dentro, impulsa y expande; no oprime ni mata porque es fecunda y está ordenada a la vida. Fuerza es, pues, la energía del amor que da vida. El movimiento de vida que desató Jesús se inició con un sí, en las periferias del mundo, de una joven nazarena llamada María.

Muchas veces nos deprimimos y desanimamos porque perdemos de vista la fuerza humanizadora de lo pequeño y pensamos que los poderosos son señores de la historia. Nada más errado. ¿Qué tal si David hubiese pensado eso de Goliat? ¿Qué tal si Moisés hubiese pensado eso del Faraón? El poder, aunque mata y se impone, tiene pies de barro.

En el evangelio de hoy, Jesús nos habla del reinado de Dios con dos parábolas. La primera, da cuenta de cómo la semilla, en las entrañas secretas de la tierra, brota para la vida en un dinamisno incontenible, y brota buscando la luz, y despliega lo mejor de sí. La segunda, es la parábola de la semilla de mostaza, que siendo la semilla más pequeña, se convierte en un arbusto que da sombra y anida los pájaros, imagen del reino de la vida. Lo central aquí está en la fuerza interior que se desata en lo pequeño y aparentemente insignificante.

Esta semana hemos presenciado cómo los pacientes crónicos con VIH, en el contexto de la visita de la representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han desplegado su fuerza interior para visibilizar su situación y exigir el tratamiento que se les niega. Pese a los insultos y amenazas por parte del gobierno, se mantienen en pie de lucha.

También presenciamos, en el contexto de la beatificación de la hermana Rendiles, a miles de personas gritando « ¿quiénes somos?: ¡Venezuela! ¿Qué queremos?: ¡libertad!». Un grito enérgico. Desde las entrañas. Fuerza de vida. Semilla de mostaza.

También, en Santiago de Chile, un grupo de venezolanos se reunió en el Santuario San Alberto Hurtado para organizarse, apoyarse mutuamente y solidarizarse con Venezuela.

*Oremos* Señor, danos sabiduría para descubrir en lo pequeño, en lo germinal, en lo aparentemente insignificante, la fuerza transformadora del amor. Que tengamos el convencimiento de Moisés ante el faraón y el de David ante Goliat.

*Sagrado corazón de Jesús, en vos confío*

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela.

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