La quema de Judas

Cine para volver a ver

Rafael Duarte

Jesús María Carmona (Miguel Ángel Landa) se presenta como un notable policía que trabaja en un tranquilo banco en el centro de la ciudad capital. Su labor como funcionario se va desarrollando sin mayor inconveniente, hasta que un día intenta frustrar un asalto y resultando muerto en el hecho.

A partir de este suceso que deja en conmoción a la población y que los medios de comunicación reseñan como un acto guerrillero contra el gobierno, un funcionario (Claudio Brook) con una intachable carrera profesional, buscará indemnizar a los familiares del policía caído, mientras el gobierno se lava las manos argumentando que es un policía más.

El detective Herrera quien regresa al país con el deseo de cambiar los problemas que avasallan la institucionalidad judicial, buscará por todos los medios revertir el deterioro social que existe dentro de la policía, y para ello, se enfrentará a las trabas de la burocracia gubernamental que coexiste desde hace mucho tiempo en la institución.

Intentando mejorar la imagen del policía desde la muerte de Carmona, Herrera comienza a hacer una campaña nacional a lo largo y ancho del país. Sin embargo, en medio del funeral del policía caído comienza a redescubrir la verdadera reputación de Carmona, cambiando por completo la situación.

Escrita por José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud, La Quema de Judas (1974) cuenta la historia de un policía que se aprovecha del estandarte que le da la institucionalidad para cometer actos delictivos y cómo la institución judicial se convierte en cómplice del sistema corrupto e impune que envuelve al país.

Recogiendo los imaginarios socio-culturales del mal proceder de la Policía Metropolitana de la Caracas de los años 70, la historia de Chalbaud deja entre líneas temas como la delincuencia organizada, la fragilidad institucional y la sempiterna corrupción desde la figura de un policía caído.

Contada desde una estructura narrativa fragmentada, la cinta del cineasta merideño va hilvanando el argumento principal a través de los recuerdos de los dolientes desde el lugar del velorio. De esta forma, entre flashback se va conociendo la verdadera personalidad de Carmona, de la que muy tarde se enterará el doctor Herrera.

Chalbaud recrea la muerte de Carmona los días previos a la Semana Santa para jugar metafóricamente con el imaginario religioso del pueblo cristiano, dejando en ciertas escenas la imagen del nazareno, la dolorosa y un ángel que sirven de alegorías a los episodios de dolor y pasión que vive el país.

Con un argot bastante criollo donde resaltan los elementos culturales del imaginario popular, el cineasta merideño se apropia de diálogos donde se justifica las acciones de aquellos que piensan la narrativa moral desde una ética relativa, dejándonos argumentos como: nosotros lo hicimos [refiriéndose a un robo] porque en este país hay mucho real.     

Aunque Chalbaud excava desde el tema moral los problemas de la sociedad, su genialidad queda presente en cómo yuxtapone simbólicamente la realidad. En una escena del velorio, la madre de la víctima quien habla de la muerte de un segundo hijo a la televisión, relata el suceso durante el llamado Porteñazo, exteriorizando desde el relato mismo la icónica escena del sacerdote que levanta al militar, haciendo un buen trabajo en edición.

Sin duda alguna, La Quema de Judas es una película oportuna y necesaria de ver para entender la historia política y social del país, que aderezada desde piezas musicales del neo-folclor instrumental y la Billos Caracas Boys, presentan magistralmente la esencia del venezolano y responde a la pregunta de quiénes somos hoy.

 

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