La oposición invisible e invisibilizada

Por  Jesús María Aguirre

Siguiendo los análisis de entorno del columnista Benjamín me he encontrado estas proposiciones lúcidas, que reflejan bien mi experiencia con el sector alto de Carapita.

Según la primera proposición:

“1. Cuando hay mucho dinero y mucha pobreza, los pobres, se vuelcan a elegir dirigentes que distribuyan ese dinero”. Pero, hoy día, ni el gobierno, ni la oposición disponen de ese tesoro para la compra de adhesiones o votos. En todo caso, el primero tiene mayor capacidad distributiva a través de todas las instancias políticas y por medio de la distracción de partidas de un sector a otro, en una régimen en que no funcionan las contralorías sociales.

Según la segunda proposición:

“2. Cuando se acabó el dinero, y aún sigue mucha pobreza, esos mismos pobres, que son el fiel de la balanza, tienden a buscar dirigentes que reconstruyan.”.

Lo que actualmente veo es que ante la inminencia de las próximas elecciones municipales, mientras los intelectuales debaten sobre el choque frontal entre el modelo de comunas y el municipalista y la dirigencia de la oposición sigue trabajando en su pacto de élites sin sustento en las bases, el partido del gobierno está avanzando en la ampliación de nuevas unidades comunales con promotores locales, que saben que multiplicando esos núcleos, aumentan las probabilidades de bajar recursos económicos y alimentarios.

La oposición, sea que esté desaparecida según José Vicente Rangel, o sea que la hayan desaparecido, como creo yo, lo cierto es que, a ras de suelo, por ahora, está ausente, sobre todo allá donde aprieta más el hambre.

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