La malaria sigue expandiéndose en territorio venezolano

Los últimos meses de 2016 y el comienzo de año 2017 reportaron un incremento en el diagnóstico de paludismo en el margen occidental de la provincia selvática venezolana. La crisis económica ha provocado que los habitantes de la frontera -venezolanos, colombianos, brasileños- vean en la explotación ilegal del oro una posibilidad de riqueza instantánea. La tala indiscriminada en la región ha provocado, además de un problema indiscriminado de seguridad por el control, el trabajo redoblado de las autoridades sanitarias. Foto: Minerva Vitti

Minerva Vitti

Un hombre cava un hueco con una pala. Otros tres observan en cuclillas cómo su compañero va desapareciendo a medida que la fosa se hace más profunda y se forma una montaña de tierra afuera. El sol, implacable hace unas horas, ya se despide. Una brisa tibia toca los cuerpos y mueve la lámina roja de zinc que han colocado para cubrir el hueco. “¿Es para el que se murió de malaria?”, pregunta Argenis. “Sí, lo traen en un rato. Lo están velando en su casa”, responde uno de los sepultureros. “Él sabía que tenía malaria y se puso a tomar licor”, susurra Argenis sobre el lomo de su moto, poco antes de partir. Son las cinco de la tarde del 27 de noviembre de 2016 en el cementerio de San Fernando de Atabapo, municipio Atabapo, estado Amazonas.

Esta escena se ha repetido con frecuencia desde finales del año pasado porque desde hace ocho años ha recrudecido la malaria en esa zona del sur selvático de Venezuela ha recrudecido la malaria. Lo sabe Samuel Iribertegui, sacerdote salesiano presente en la zona desde 1974 y con 22 años de residencia en San Fernando de Atabapo. En una zona de febril actividad minera es común la presencia de la enfermedad, caracterizada por altas fiebres y anemia debido a la picadura del mosquito anófeles. Dice el padre Iribertegui, contextura media, alto y de tez blanca, que no hay un registro de los casos diagnosticados en las comunidades a lo largo del río, aunque intuye que la cifra se ha incrementado por una cuenta que lleva en la institución educativa a la que sirve. “Llegamos a tener 110 casos de paludismo en las últimas semanas de noviembre”.

A la latente posibilidad de contraer malaria se ha sumado ahora las recurrentes fallas en el suministro de medicamentos, el precario control del vector que la ocasiona, los problemas que supone abastecer una geografía agreste y la minería ilegal. Las estadísticas de la Dirección de Salud Ambiental de Puerto Ayacucho, la capital de la provincia, indican que en 2016 se contabilizaron 29.100 casos en el estado Amazonas, 20 por ciento más que en 2015. De éstos, 4.157 enfermos buscaban atención médica en el municipio Atabapo al momento de ser diagnosticados. De esa cantidad, 1.100 eran extranjeros. Los coletazos de esta epidemia, que abarca cuatro municipios, se esparcen hasta Amanaven y Puerto Inírida, dos poblados colombianos. Los enfermos, que en su mayoría trabajan en las minas ilegales de oro de Venezuela, llegan desde esos lugares en busca de alivio. Pero aquí apenas pueden recibir consuelo.

Esta historia es parte de un reportaje que publiqué en Armando.Info en febrero de 2017. Durante el viaje no solo vi cómo la gente temblaba por los escalofríos que produce la enfermedad en Puerto Ayacucho, sino que llegué a San Fernando de Atabapo, uno de los lugares con mayor número de casos. Seguí el viaje por río a Amanaven y Puerto Inírida, en Colombia, para descubrir que hasta allá llegaban nuestros hermanos en busca de tratamiento.

Precisamente hoy se conmemora el #DíaMundialDelPaludismo una ocasión para destacar la necesidad de invertir continuamente en la prevención y el control de esta enfermedad y de un compromiso político mantenido.

Este año el tema del Día Mundial del Paludismo es “Acabemos con el paludismo para siempre”. Venezuela tiene el récord de registrar el el mayor incremento de casos de malaria en el mundo.

Oficialmente, en 2016, Venezuela reportó 245.000 casos y una muerte, mientras que la OMS estimó que, en realidad, el número de contagios ascendió al menos a 300.000 y el de decesos a 280. Para 2017, la OMS estima que al menos se dieron 406.000 casos, una cifra muy difícil de verificar.

Recuerdo que cuando regresé de Amazonas sentí un poco de miedo, esperé algunos días para ver si aparecía la enfermedad, pero afortunadamente no sucedió nada. Esta situación se ha repetido cuando voy a Bolívar o Delta Amacuro.

Por eso en el #DíaMundialDelPaludismo quiero compartir con ustedes nuevamente este reportaje de investigación, que levantemos nuestras voces para que se garantice el tratamiento y los planes de prevención. Recordemos que en la primera campaña de erradicación de la enfermedad en los años 1950-60, Venezuela destacó por ser el primer país en el mundo que pudo erradicar el paludismo en amplias zonas del país.

Aquí el reportaje de investigación. Son dos entregas:

La malaria se esparce en el remoto Amazonas

El departamento colombiano con más casos de malaria extranjeros

https://armando.info/Reportajes/Resume/181

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Acerca del autor

Periodista. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista SIC del Centro Gumilla. Miembro de Fundación Causa Amerindia Kiwxi.