La inmaculada virgen María: día de las velitas

Foto: Archivo Web

Por Alfredo Infante

Crecí en una familia devota a la lnmaculada Concepción. Todos los 7 de diciembre hacíamos vigilia y entendíamos unos faroles artesanales que colocábamos en la acera y el pasillo de entrada de la casa; camino de luz que conducía a un altar donde se entronizaba la Virgen Inmaculada.

Los vecinos comenzaron a llamar a este gran día «el día de las velitas». Se trataba de una tradición que mi padre y madre traían de la costa colombiana, de Barranquilla, a un barrio periférico de Maracaibo llamado Simón Bolívar. A los pocos años la tradición se fue propagando en el sector del barrio donde me crié.

Los días 8 de diciembre, amanecían las familias en vigilia, llenas de luces, a espera del paso de María. Mi mamá solía decirnos «a las 5 de la mañana pasa la virgen bendiciendo a las familias» y con devoción aguardábamos su paso, orando en familia, en vigilante espera. Memoria sagrada.

María pasa bendiciendo y cuidando a quienes confían en su paso. Esta bella tradición fue tejiendo lazos de hermandad entre los vecinos; la bendición de María Inmaculada se convirtió en un ingrediente importante en la constitución de aquel sector del barrio. Más tarde el padre Acacio, el cura de mi barrio, comenzó a celebrar la misa a las 5 de la mañana terminando siempre con un compartir donde la gente llevaba cafecito, avena, pancitos y dulcitos para festejar en comunidad.

Hoy, celebramos el día de la Inmaculada Concepción, la iglesia nos invita a meditar el pasaje de la Anunciación. El Ángel Gabriel visita a María y la saluda «Dios te Salve María llena eres de gracia» y le anuncia «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.». Después de un hermoso diálogo, concluye María «he aquí la sierva del Señor cúmplase en mí su voluntad».

El pasaje es hermoso. Dios saluda a María quien representa a la humanidad creyente, al resto de Israel, que espera contra toda esperanza la salvación, convencida de que la vida triunfa sobre la muerte. Dios, a través de su Ángel, dialoga con María, no se impone, va desmontando temores hasta liberar la libertad de María, quien concluye con un «sí» incondicional a la voluntad de Dios dando su consentimiento a la realización del plan de Dios en su vida y en la historia de la humanidad.

El sí de María, pequeño, dado en la periferia del mundo, abrió las puertas de la salvación de la humanidad, nos revela la trascendencia de las pequeñas decisiones. Lo que para el mundo es insignificante, es grande a los ojos de Dios. El fiat de María transparenta la luz del Salvador «darás a luz un niño» y despliega la fuerza y dinamismo del Espíritu «el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra» y su derrotero es la salvación porque «el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios», y en él se consumará la fraternidad universal como hoy nos recuerda San Pablo «Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos» (Ef 1,11-12).

La inmaculada con su fiat luminoso nos invita a dar nuestro sí a la vida; a la dignidad; a apostar por la verdad, la belleza, el bien; a ser activos y creativos en nuestra espera confiada; a no dejarnos arrastrar por la resignación; a superar nuestros temores y, sobre todo, a encontrar y desatar las posibilidades en cierne y, escuchar la voz de Gabriel a María que le dice «… la que llamaban estéril ya va por el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible». Sólo nuestro sí confiado a la voluntad de Dios, puede hacer fecunda nuestra esterilidad.

Oremos Señor, que tomados de la mano de María inmaculada, pronunciemos hoy nuestro sí a la vida y, como ella, que pisa la cabeza de la serpiente, como señal de quien vence el mal a fuerza de bien, seamos perseverantes en el empeño de construir un mundo más humano.

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega. Caracas-Venezuela.

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