La fuente de la vida

Jn 15, 1-8

Alfredo Infante sj* 

Jesús, sabio contemplador de la naturaleza y sus misterios, nos brinda hoy su mensaje centrando su mirada en la vid. Ésta es la analogía que nos propone: él es la vid (tronco); nosotros los sarmientos (las ramas); el padre, el labrador. Si los sarmientos permanecen religados a la vid dan frutos abundantes; el padre que es el labrador cuando ve los frutos, limpia y poda los sarmientos para que den más frutos. Pero, si los sarmientos se desvinculan de la vid, no se nutren, se secan y no dan fruto.

El verbo que Jesús repite como un mantra en este discurso de la vid y los sarmientos es: permanecer. Y el tono con que lo dice es como el de una exhortación maternal. Jesús habla aquí como una madre que gesta la vida, da su vida, y desea la mejor vida para sus hijos, pero sabe que no puede imponerse porque ya no sería vida, sólo le queda ofrecer y exhortar.

¿Qué pasa cuando la rama se desprende de la vid? Ese distanciamiento respecto a la fuente de la vida hace que la rama se seque y no dé frutos. Permanecer, es cuestión de vida o muerte.

En estos tiempos adversos permanecer vinculados a la fuente de la vida es imprescindible para no quebrarnos y secarnos. Solos no podemos. Nuestras energías son limitadas y se agotan con facilidad. Si permanecemos anclados en la fuente de la vida nos nutrimos de su infinitud, no nos quebramos, aunque fuertes sean los vientos, ni nos secamos, aunque el sol sea intenso e inclemente. Y si permanecemos en él y damos frutos, experimentaremos la poda, que, aunque dolorosa, nos rejuvenece, nos abre a nuevas posibilidades de creación como el águila que renueva sus alas y garras para levantar el vuelo.

La iglesia primitiva se mantuvo vinculada a la vid en medio del hambre y la persecución; se creció en la adversidad dando testimonio de la vida; los poderes quisieron doblegarla y forzarla a que desistiera de su vinculación a la vid, pero mientras arreciaba la persecución crecía su vínculo con la vid y daban testimonio con mayor libertad y alegría.

Hoy estamos en una situación análoga a la de la primitiva iglesia. ¿O permanecemos vinculados a la vida en la defensa de la dignidad humana o nos resignamos y desvinculamos de la fuente hasta secarnos? Por eso la exhortación de Jesús *«permanezcan en mí que yo permaneceré en ustedes».      

Oremos:  Señor, no permitas que nos apartemos de ti y de los enemigos de la vida líbranos. Danos la gracia de permanecer en ti y defender la vida. Que en medio de nuestras luchas sintamos la poda sanadora de tu mano y tu palabra para renovar nuestras fuerzas y dar frutos buenos.

“Sagrado corazón de Jesús, en vos confío”

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela.

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