La destrucción de la universidad venezolana

La otra mirada

Eco. Claudio Rama

Venezuela tuvo uno de los mejores sistemas universitarios de América Latina en cobertura, diversidad institucional, calidad e investigación. Montado sobre unas potentes universidades públicas y autónomas ancestrales, y que agregó luego en los 60 unas universidades de elite privadas y públicas, más una diversidad de instituciones experimentales e innovadoras en los años 70, junto al desarrollo de un amplio sector no universitario tanto público como privado técnico, permitió constituirse en un referente en la región.

Esa conformación institucional montada sobre la autonomía y el cogobierno, comenzó a ser acompañada por un nuevo sector institucional que propendía a darle acceso a miles de excluidos durante años tanto por los cupos y exámenes en el sector público como por los aranceles privados más allá de su fuerte diferenciación. El chavismo tenía como objetivo estratégico desde los 2000 la construcción de una estructura institucional universitaria alternativa y de construir su estructura de poder en el mundo de la universidad.

Así, diseño e impulsó un sector paralelo mediante la conformación de nuevas universidades sin autonomía y articuladas al aparato estatal como instrumentos políticos con una estrategia clientelista donde incluso tenían preferencia absoluta sus egresados a los puestos en el Estado que comenzó a crecer elefantiásicamente de correligionarios.

Impulsó para ellas un acceso universal, en un país que ya tenía los más altos indicadores de cobertura, sin ningún control de calidad, altamente ideologizado y facilitado por becas, que se apoyó fundamentalmente en la Universidad de las Fuerzas Armadas, la nueva Universidad Bolivariana y decenas de institutos transformados en un santiamén en Universidades que permitieron alcanzar un acceso universal. El título banalizado y el rechazo a la meritocracia fue el manto ideológico de este proyecto universitario del siglo XXI.

Apoyadas en los enormes recursos petroleros de esos años, esta creación institucional paralela fue acompañada por una permanente limitación presupuestal y de sobre regulación sobre las universidades autónomas, que primero vieron lentamente una migración estudiantil hacia las universidades oficialistas impulsado por los escasos cupos y recursos determinados por el nuevo Ministerio de Educación Superior.

La lenta desaparición de los empleos privados y la enorme expansión burocrática del Estado fue el telón de este cambio universitario que derivó en una transición hacia un sistema de educación superior apoyado en estas nuevas universidades de baja calidad, sin selectividad, con aulas masivas, mala infraestructura, baja calidad docente, alta politización y muchas becas asistencialistas asociadas a las múltiples misiones sociales financiadas por el Estado.

En esta estrategia, también golpearon al sector privado que en algún tiempo alcanzó el 45% de la cobertura, limitando la autorización de nuevos programas, controlando sus aranceles, aumentando las exigencias de funcionamiento, imponiendo aumentos salariales de sus trabajadores y buscando limitar las articulaciones y apoyos entre las empresas privadas y las universidades, y que llevaron a la reducción drástica de su incidencia.

Con dicha política, el tradicional sistema binario universitario venezolano autónomo y privado inició una lenta crisis casi desde el inicio del régimen, que se aceleró a medida que el estatismo se hacía más grande y la economía comenzaba a languidecer y solo resistía alimentada por los altos precios del petróleo.

En las universidades consolidadas orientadas tradicionalmente a un modelo de calidad público, se redujo la investigación, los salarios docentes comenzaron a caer y se inició la migración de profesionales y docentes hacia el exterior, en tanto los empleos en el Estado estaban limitados para ellos, así como también el empleo profesional en un sector privado en rápida reducción.

A más intención de régimen de perpetuarse y limitar los espacios de libertad, más manifestaciones y a ello más represión, menos recursos a las universidades públicas y más limitaciones a las universidades privadas, en un círculo infernal que llevo a más deterioro institucional, migración, deserción estudiantil.

Las continuas expropiaciones de empresas, los controles asfixiantes sobre el sector privado y el aumento de la inflación, limitaron fuertemente la contratación de profesionales. La inversión se redujo drásticamente con el control de las divisas, la sobre regulación burocrática y la corrupción, con lo cual la fuga de capitales y de recursos humanos se aceleraron, y el país pasó a depender exclusivamente de los recursos petroleros para todo.

Cuando los precios petroleros se vinieron abajo fue la hecatombe final: el país ya estaba sobre endeudado y el aparato productivo tenía una caída estrepitosa por años de expropiaciones, controles y ausencia de acceso a divisas.

Todo era importado y los profesionales y egresados hace rato que habían iniciado los senderos de la emigración, lo cual también golpeó a la joya de la corona de la industria petrolera. La debacle fue una hiperinflación, deterioro de las cuentas públicas, violencia callejera descontrolada, caída estrepitosa de los salarios, mayor cierre de comercios y empresas, y más migraciones masivas ya no sólo de profesionales, sino de todos, incluyendo estudiantes y trabajadores públicos exchavistas además de privados.

En este contexto las aulas en las universidades autónomas y privadas se vaciaron de profesores y estudiantes, que no pueden pagar ni los transportes ni los aranceles, en menor intensidad que las universidades estatales que tienen becas y el Carne de la Patria que les garantiza comida a estudiantes y docente. Pero igual, el golpe finalmente se generalizó también para estas y cada vez menos personas se preocupan en dotarse de educación a futuro, cuando la vida apenas tiene presente.

Además, las instalaciones además comenzaron a ser robadas por el vandalismo nocturno imparable. El capital humano construido pacientemente por décadas, incluyendo los profesionales de la industria petrolera, se derramaron rápidamente por toda América, incluyendo también a los protegidos funcionarios públicos chavistas que habían alcanzado a más del 50% de la población ocupada del país. Fue el fin también del camino contra la meritocracia y del populismo demagógico del acceso para todos a una educación superior sin calidad.

Fuente: https://republica.com.uy/la-destruccion-de-la-universidad-venezolana-id675005/

 

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