José Antonio Abreu: el músico y la política

Jesús María Aguirre

A la muerte de Abreu junto a los homenajes y las lisonjas, no han faltado las críticas soterradas y aún abiertas. Si a los grandes músicos, sean compositores, directores o ejecutantes les juzgamos con la misma vara que a un poeta para medir su distancia con el poder, es una señal de que no entendemos mucho ni de música, ni de conciertos. Y otro tanto se pudiera decir de los creadores de artes colectivas o corales como el ballet, la ópera, la cinematografía. El poeta se escuda en unas líneas de un trozo de papel, escritas públicas o clandestinas, en una cuartilla o en la memoria cachée, apenas necesita un lápiz, no requiere partituras, orquestas, ni grandes instrumentos, ni corales, ni teatros, ni salas de concierto. No está sometido a las condiciones de producción de una obra compleja y costosa, sustentada en recursos materiales y humanos significativos.

Pero, ¿conoce ud. algún músico que en rebelión con el poder de turno haya rellenado partituras clandestinas que nunca se interpretaron o que en rebelión contra el gobierno de turno se haya llevado su orquesta, la sala de conciertos y los instrumentos a otro país?

El músico integral y el compositor, renacentista, clásico, romántico, moderno o postmoderno, y no el artista solitario de la calle con la guitarra bajo el brazo o el músico con sintetizador, se deben a algún mecenas privado o público, bajo la figura de una fundación o de un instituto estatal. A lo más a lo que puede optar en su ejercicio de independencia es a negarse a crear o a cambiar de mecenas, dentro o fuera del país. Vivaldi, Händel, Mahler, Toscanini, Shostakóvich, tuvieron que negociar en sus trayectorias con señores cuasifeudales, déspotas ilustrados, emperadores, dictadores y tiranos, componer para jerarquías religiosas enemigas o burocracias políticas, rendir servicios a una plutocracia corrupta o a ideales patrióticos de sesgo ambiguo o simplemente someterse a la lógica de la industria musical, nombre decoroso del bozal de arepa del mercado.  (véanse las notas finales referidas a estos músicos, cuestionados también en su tiempo y aun hoy)

Puestos en esa clave de lectura anacrónica de la pureza política, la historia de los músicos se convertiría en una saga de traidores a la autenticidad personal y al espíritu democrático, entendidos a la manera del crítico actual y de sus anteojos ideológicos.

Aunque José Antonio Abreu fuera más bien organizador que compositor estaba sometido a condiciones similares a los músicos de todos los tiempos. Su contribución al país, que comenzó antes de la instauración de este régimen, no se hubiera podido dar, sacudiendo los pies y marchándose al extranjero. Su mística y la de sus colaboradores tuvo que mantenerse en el filo de una navaja para no dejar abortada la obra que tan positivamente contribuyó al mejoramiento de varias generaciones de jóvenes en regímenes distintos. Su obra trasciende las peripecias con el poder, pues éste, ayer y hoy, no busca sino apropiarse de todas las atribuciones de los súbditos exitosos para consolidarse y legitimarse con todos los escapularios y auras ajenas.

Prefiero quedarme con el José Antonio Abreu, que refleja esta conversación con María ElenaRamos, (http://www.ideasdebabel.com/conversacion-con-jose-antonio-abreu-la-inclusion-social-a-traves-de-la-musica-por-maria-elena-ramos/) que con la imagen injusta de quien lo ve como un criado con bozal de arepa recibiendo del déspota la espada de Bolívar.

  1. Vivaldi compuso muchas óperas en su vida, pero no llegó a la prominencia de otros grandes compositores como Alessandro ScarlattiJohann Adolph HasseLeonardo LeoBaldassare Galuppi, como evidencia su falta de habilidad para mantener una producción en escena durante un tiempo prolongado en cualquier teatro de ópera importante, a pesar de los diversos mecenazgos.
  2. Händel de procedencia protestante que sirvió a la iglesia luterana fue a Roma y, como una de sus óperas fue (temporalmente) prohibida en los Estados Pontificios compuso música sacrapara el clero romano. Disfrutó del mecenazgo tanto de la nobleza como del clero. Posteriormente atendió en el Reino Unido a los poderes políticos y religiosos protestantes de turno.
  3. Mahler había dejado claro que su meta última era un cargo en Viena y desde 1895 maniobró para conseguir, con ayuda de amigos influyentes, la dirección del Hofoper vienés. Venció la barrera que existía en contra del nombramiento de judíos para el puesto gracias a una pragmática conversión al catolicismo en febrero de 1897.49​ Dos meses después fue nombrado en el Hofoper, provisionalmente como director de personal con el título de maestro de capilla.
  4. Toscanini radicalmente opuesto a los regímenes fascistasde Alemania e Italia, abandonó Europa para dirigirse a los Estados Unidos.
  5. Shostakóvich se hizo famoso en los años iniciales de la Unión Soviética, con obras como la Sinfonía N.º 1o la ópera La nariz, que combinaban con gran originalidad la tradición rusa y las corrientes modernistas procedentes de occidente. Su actitud frente al gobierno y el Estado soviético ha sido objeto de agrias polémicas y se ha discutido enconadamente si Shostakóvich fue o no un disidente clandestino frente a la URSS.

 

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