Homenaje a una caraqueña

Alicia Álamo de Bartolomé 

El 25 de julio es el cumpleaños 451 de Caracas, nacida en la fiesta de Santiago el mayor, apóstol de Cristo. No por casualidad la víspera celebramos también el nacimiento en 1783 de su más ilustre hijo, el Libertador. El mejor regalo que Dios hizo temprano a nuestra capital. Cuando ella vino al mundo de la mano de don Diego de Losada el 25 de julio de 1567, su cuna fue el espléndido valle a los pies del Waraira Repano que a los españoles debió parecerles el Paraíso Terrenal. Lo poblaban unos indios, no tan fáciles de someter, a quienes ellos llamaron caracas porque a la hierba silvestre, con la cual se alimentaban, ellos la llamaban así; se consigue abundante todavía y con ella se pueden preparar buenos platos.

Es fascinante la historia de Caracas con todos sus altibajos: refriegas entre indios y conquistadores, terratenientes poderosos dueños del valle, terremotos, gestas heroicas para defenderla de los piratas, como la del Quijote caraqueño el Caballero de Ledesma; obispos autoritarios, conatos de independencia, tertulias musicales, carnavales, procesiones, imágenes veneradas, tal el Nazareno de San Pablo, el P. Mohedano y su café con los Blandín. Una historia larga llena de anécdotas y episodios ya dramáticos, ya pintorescos, que dejo atrás porque no es el tema de mi artículo de hoy.

Esta es la introducción para presentar a una gran caraqueña, guapa y gentil, culta y trabajadora, buena abogada y mejor política, dirigente distinguida en su partido, concejal, parlamentaria, ministro, articulista y escritora: Paulina Gamus Gallego, descendiente próxima de griegos y sirios, pero de pura cepa de aquellos judíos sefarditas expulsados de España, cuando Isabel la Católica -más gran estadista que católica- buscó la unidad política, religiosa e idiomática de la península ibérica.

Paulina y yo nos conocimos por políticamente opuestas. En 1978, Acción Democrática perdió por segunda vez las elecciones presidenciales y entró a la primera magistratura Luis Herrera Campíns, nombró gobernador del Distrito Federal a Enrique Pérez Olivares y este tuvo la ocurrencia de designarme Directora General de Cultura del territorio de su mandato, lo que me hacía automáticamente presidenta de Comité Ejecutivo de FUNDARTE. En éste tenían representación los ediles de los partidos mayoritarios del Concejo Municipal; Paulina Gamus era la correspondiente de Acción Democrática. Aunque parezca mentira, a veces encontré más apoyo en ella que en algún representante de Copei, partido que me había llevado al poder cultural como independiente de ideas socialcristianas.

Cambiaron los tiempos y la Dra. Gamus fue nombrada por el presidente Jaime Lusinchi Ministro Nacional de Cultura. En esa administración se fundó la Orquesta Filarmónica Nacional por la disidencia de algunos músicos con la primera y tradicional Sinfónica. Los músicos son muy peleones, ¡si lo supe yo como presidenta de FUNDARTE! Paulina me sorprendió invitándome a ser parte de la directiva de la nueva orquesta. Sin ser músico, me ha tocado estar en el nacimiento de dos orquestas: la Municipal y la Filarmónica, ¡azares de destino! Como luchar también con la afinación de pianos, ¡una pesadilla!

En 1987, como Ministro de Cultura, Paulina Gamus me dio un espaldarazo económico para montar mi obra Premio Aveprote 1985, “Juan de la Noche”, dirigida por Ugo Ulive y protagonizada por Omar Gonzalo. Luego, a lo largo de los años, hemos continuado en contacto, más que todo digital, nos intercambiamos artículos, noticias políticas, religiosas, fotos, videos, chistes; es una singular amistad judeo-cristiana que, por sus aportes, me ha llevado a nombrarla mi “asesora judía en asuntos católicos”.

Hace pocos días fui a la presentación de su libro “Se agradece la risa”, una recopilación con sus inteligentes y humorísticos comentarios sobre recortes de prensa de anuncios, participaciones y hasta esquelas funerarias, de una ridiculez insólita. Para reír, ciertamente, como tónico y alivio en este país que yace en la tragedia.

Empezando esta debacle nos encontramos un día, nos abrazamos y exclamé: ¡Paulina, al fin estamos en el mismo bando!

 

Fuente: http://reportecatolicolaico.com/2018/07/homenaje-a-una-caraquena/

 

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