Fueron, vieron y se quedaron

Alfredo Infante sj

El evangelio nos pone a contemplar las relaciones humanizadoras y planificadoras de Jesús de Nazaret. Juan Bautista le muestra a Jesús a dos de sus discípulos diciéndoles «ese es el cordero de Dios», algo así como decir «ese hombre nos lleva en su corazón por amor». Al oír aquello, los discípulos de Juan siguen a Jesús, pero lo siguen por indicación de su maestro. El sabio Jesús, se detiene, se voltea, los mira y les pregunta como un relámpago de luz a la conciencia, les pregunta «¿Qué buscan?». Jesús no quiere seguidores soldados, sino seguidores convencidos, conscientes.

Ante la perplejidad de la pregunta los discípulos le responden con una pregunta «Maestro ¿Dónde vives?». Ese dónde vives es algo así como preguntar hoy ¿Qué nos ofreces si te seguimos?

Jesús no es populista, ni mucho menos el jefe de un partido clientelar que ofrece dadivas y falsas promesas. El ofrece un nuevo modo de vivir y de relacionarse con Dios y con los demás que es buena noticia para quien lo descubre. Por eso, responde con una invitación que desafía la libertad de los discípulos, les dice «vengan y lo verán».

Lo hermoso de este evangelio es que nos dice que aquellos discípulos «fueron, vieron y se quedaron».  Y como todos aquellos encuentros y acontecimientos claves en nuestra vida, aquellos hombres recuerdan hasta la hora «eran como las cuatro de la tarde».

El segundo encuentro que nos presenta el evangelio es consecuencia del primero. Andrés, va a comunicarle a su hermano Simón la belleza liberadora del encuentro y, Jesús, fija sus ojos en Simón y devela la consistencia interior de aquel hombre llamándolo «Kefas», roca. Y Pedro, sin duda alguna será roca, será duro para entender la misión de Jesús, pero una vez que entienda, su fe, será un gran fundamento para nuestra iglesia.

Hoy, en nuestro país, ante tantas malas noticia y tanta deshumanización, necesitamos cultivar las relaciones humanizadoras que nos ofrece Jesús, es importante crear pulmones de vida, custodiar y defender la dignidad y, sobre todo, vivir conscientemente, desde sí, desde dentro, sin dejarnos llevar por ideologías, sino desde la luz del evangelio que brilla en nuestra conciencia y nos hace, «kefas», «rocas» fundamentos para una vida y convivencia más humana. Hoy, que la divina Pastora nos ponga con su hijo Jesús. Amen.

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