Félix, resistencia desde la espiritualidad maya mam

Minerva Vitti Rodríguez

Félix siempre ha vivido en Concepción Tutuapa. Como los pájaros nativos, como las piedras, como los ríos, como los manantiales y los ecosistemas, creció en su comunidad, siempre ahí, en ese municipio del departamento de San Marcos en Guatemala. Tiene 24 años y es del pueblo maya mam, una etnia maya que habita principalmente en el noreste de Guatemala y en el sureste de México.

Félix es pelo,

oreja,

uñas,

de sus ancestros.

Por eso cuando habla su palabra está cargada de los mismos significados de sus abuelos, quienes se han encargado de mostrarle los principios y los valores de su cultura, todas manifestaciones del Buen Vivir.

“Les vengo a hablar de un ahora. Del sol, la luna. Somos soñadores. Buscamos nuestro sol y luna, no solo el tener. Soñando de cómo servir mejor a la gente, no de cómo servirnos como lo enseña el mundo global. Rescatando y apegado a la abuela y dándole lugar a la mujer. Lo que le sirvió a la abuela para ayudarnos nos puede servir. Nosotros nos dedicamos a desarrollar nuestros dones y talentos. Nos revelamos ante el sistema dominante, pero alegremente. Vivir la vida como es. No estamos solos, tenemos aliados. Nosotros los jóvenes denunciamos, pero también anunciamos”.

Él vive bajo el principio de la armonía, la paz y la tranquilidad de la naturaleza y con todos los ecosistemas, no viéndolo como un recurso sino como un elemento en donde todos somos parte esencial y principal de un todo. Donde cada uno por muy pequeño que sea tiene una función, cumple un rol, que si se llegara a alterar provocaría una gran ruptura, pequeños huecos en donde ya no se daría el Buen Vivir.

De estatura baja, contextura menuda y ojos rasgados. Este joven de 24 años menciona los principios que rigen su existir: bien común, cooperación, servicio, y desarrollo de su ser, sus dones, habilidades, y talentos para servir mejor a su pueblo, a su comunidad y a su familia.

Félix es bastón.

Puente generacional.

“Nuestro reto como jóvenes en contra de la corriente dominante actual, en este mundo del consumismo, del menor esfuerzo, yo estoy en este proceso de revalorar las prácticas y los principios de mi cultura para poder transmitirlo a los demás siempre viendo hacia adelante, siempre andando con la piel, el rostro, y el corazón indígena maya mam para poder legar a las futuras generaciones un mundo mejor, un mundo especial desde nuestro espacio, desde nuestro vivir las experiencias, el interactuar cada día, cada momento, cada instante de nuestra vida”.

Pero su mayor reto es ser coherente consigo mismo, hacer lo que dice: trascender, no resignarse a una vida mediocre, a una vida impuesta. Salir, vivir, cantar, compartir con los demás, pero especialmente con los más necesitados. “Tengo toda una vida por delante, me acompañan los elementos de mi cultura, las energías de mis abuelos, de mi papa, de los ecosistemas para poder ver siempre hacia adelante y seguir viviendo el Buen Vivir desde mi ser, desde mi identidad. Una vida sencilla, plena, libre, y por lo tanto feliz”.

***

Mito del Xtz’u ju Q’ol (el fuego y la trementina)

En aquel entonces, los chamanes (guías espirituales) sabían lo que Dios pensaba, lo que hablaban en el cielo. Pero luego los mismos dioses les quitaron el poder de interpretar lo que ellos pensaban. Cuando pasó el tiempo, los chamanes interpretaron que iba a venir un mal tiempo. Decían a la gente: “Mejor hagamos unas ollas grandes”. En aquellos tiempos no se usaban cajas para enterrar a los difuntos, sólo ollas hacían. Cuando terminaron de hacer sus ollas, vieron las estrellas brillar antes de que el sol se haya ocultado. “Hoy vamos a morir”, decían. Empezaron a escarbar para enterrar las ollas. Uno enterraba al otro y el otro al otro y así seguían. Y entonces explotó el volcán, cayeron piedras del tamaño de una tinaja. El cielo destellaba. Se hundió media vara bajo la tierra para que cabal bajara sobre los que estaban en las ollas. Había quienes se habían refugiado debajo de las peñas, pero se rompieron las peñas. Es por eso que hay unas peñas rajadas en cualquier lugar que estaba. La gente, moría. Sólo dos jóvenes se salvaron. Ellos no pudieron ser tocados, aún eran muy jóvenes. Se pararon por debajo de un mecate. Caía la trementina caliente. Pero no bajaba en el mecate. Allí estaban los jóvenes vivos, un hombre y una mujer. Cuando la trementina se enfrió, bajó Dios a salvarlos y los metió en un cajón. Como los mam no se llevaban bien con nadie y para que no les quitaran el twi’ Saq B’ajlaq (cerro olote blanco) antes de que lo hicieron, estos dos jóvenes subieron al twi’ Q’aq’ai’x Saq B’ajlaq (cerro quemado) a cubrirlo, a defender al twi’ Saq B’ajlaq, porque para ellos era un tesoro grande. Entonces se ubicaron allí. Buscaron trementina y agua caliente. Los echaron en apastes grandes, para hervirlo. Tenían unas ollitas pequeñas de barro. Cuando se acercaba el enemigo, las llenaban con trementina hirviente del apaste y lo aventaban a los intrusos. La trementina quemaba el cuerpo de los enemigos. De allí que el pueblo mam nunca fue despojado de su territorio. Fin.

***

Este es uno de los mitos favoritos de Félix. Y con razón. Habla del valor de los jóvenes para defender su pueblo y su territorio.

Sonríe Félix.

Raíz maya mam

Montaña que riega los cultivos

Sembrador del maíz  

 Porque la resistencia se hace alegremente.

La resistencia la hacemos en comunidad

 

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Acerca del autor

Periodista. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista SIC del Centro Gumilla. Miembro de Fundación Causa Amerindia Kiwxi.