El Pecado contra el Espíritu Santo

Alfredo Infante sj

(Mc 3. 22-30)

Hoy nos cuenta el evangelista Marcos, que los escribas, maestros expertos en la ley de Dios, habían venido de Jerusalén y decían de Jesús: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”. Ante los signos de vida que Jesús hacía, tanto de sanación como de liberación, los escribas estaban tan ideologizados que no veían el bien que Jesús hacía, sino que buscaban desde la racionalidad del poder dar una explicación tergiversando la ley y la tradición espiritual del pueblo para poner al pueblo en contra de Jesús y resguardar el estatus quo judío, es decir, sus intereses de poder. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás?

Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir.

Y una familia dividida tampoco puede subsistir.

Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.

Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa».  Con esta respuesta el nazareno deja en claro la ceguera y mentira de los escribas sobre su procedencia y misión, sus signos de perdón, sanación, liberación son signos inequívocos del reino de Dios, porque Dios es Señor de la vida, no de muerte. Por eso, lo que, si sucede ante su presencia, paso y palabra, es que el poder del mal queda en evidencia, atado, tal poder tiene pies de barro. Y ante la mentira e ideología del poder, Jesús indignado lanza un dardo de luz a la conciencia para que despierten y se liberen de sus propias redes de mentiras, por eso concluye con unas palabras contra aquellos que llaman al bien mal y al mal bien o peor aún contra aquellos que usan la mentira como estrategia de poder y dominación con el fin sacar beneficio de la desgracia ajena, dice Jesús:

«Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran.

Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre.

Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por el diablo». Hoy en Venezuela quienes se empeñan en mantener el poder «a como sea», calumnian, persiguen, condenan, torturan y privan de libertad a quienes, como Jesús, apuestan por la vida, la dignidad humana y una convivencia fraterna y democrática. El poder, y quienes en este caos se benefician de él, mienten, su recurso y estrategia es la mentira, sus propagandas pretenden hacer ver el mal como bien y el bien como mal y, este es el pecado contra el Espíritu Santo, del que el mismo Jesús dice: «este no será perdonado».

 

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