El pastor y el ladrón

Jn 10,1-10

Alfredo Infante sj

El sabio Jesús siempre enseña con la vida y desde la vida. Ante un pueblo de pastores, para explicar el buen gobierno, habla de la relación entre la oveja y el pastor. El evangelio de Juan nos habla del pastor auténtico, del pastor asalariado y del ladrón. El pastor auténtico ama a sus ovejas, las conoce y ellas lo conocen, da la vida por ellas, da y construye confianza.

Como decía el papa Francisco «huele a oveja». Tiene «autoritas», «legitimidad». En cambio, al pastor asalariado sólo le interesa el salario, no la vida de quienes se le ha confiado, por eso, cuando viene el lobo huye para resguardar su vida a costa de la vida de las ovejas que quedan desprotegidas y en condición de orfandad. Peor aún es el ladrón, éste ni siquiera llega a asalariado porque saquea y vive de las ovejas. Hace de las ovejas el botín. Pero Jesús nos dice que las ovejas son sabias, pues saben distinguir entre el pastor auténtico, el asalariado y el ladrón. El pastor auténtico genera confianza. El asalariado desconfianza y, el ladrón, temor y rechazo.

En la biblia la imagen del pastor está vinculada al oficio de gobernar que todos tenemos. El padre y la madre en la familia. El maestro en la escuela. El cura en la parroquia. El presidente en el país, etcétera.

En el fondo lo que Jesús nos dice es que, sin confianza, no hay legitimidad o reconocimiento mutuo y, por tanto, mucho menos gobernabilidad. Si no discernimos nuestras responsabilidades de gobierno podemos ser asalariados, o peor aún, ladrones.

Este texto del evangelio, termina con una afirmación tajante de Jesús «el ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» Cabe la pregunta: ¿en Venezuela ante qué gobernantes estamos? ¿pastores legítimos, asalariados o ladrones? Dice Jesús: Por sus frutos los conoceréis Cada día los venezolanos nos preguntamos ¿podremos llegar más bajo de lo que hemos llegado? Nos estamos desbarrancando.

Este mes de abril he sido testigo de dos suicidios de pacientes crónicos por falta de medicamentos. La primera una paciente psiquiátrica que se lanzó del 9no piso después de seis meses sin tratamiento. El segundo, la semana pasada, un joven que padecía dos enfermedades crónicas, cáncer y epilepsia, se ahorcó en su habitación para parar su sufrimiento. Antes se arregló el cabello y se vistió con su mejor traje. No tenía acceso al tratamiento.

También hubo protestas por la salud en 22 ciudades, trabajadores de la salud y pacientes. Todos los pacientes crónicos (renales, diabéticos, con cáncer, con parkinson, con VIH, epilépticos, hipertensos, etc.) han estado a lo largo de este año, y con más ahínco este mes de abril, protestando con la consigna «no queremos morir».

En cualquier rincón de la parte Alta de La Vega donde celebro la palabra, la gente eleva su clamor por la salud, indignada ante la sordera de un gobierno criminal que se niega a reconocer la emergencia humanitaria y abrirse a la ayuda internacional. Jesús lo deja claro en su parábola «El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir» Quien tenga oídos para oír, que oiga. Saque usted las conclusiones.

Oremos: Señor danos sabiduría para distinguir los buenos pastores de los ladrones. Y la gracia para ejercer nuestras responsabilidades de liderazgo con corazón de buen pastor. Líbranos de ser asalariados y, especialmente de ser ladrones.

“Sagrado corazón de Jesús, en vos confío”

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela.

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