El país nos desafía

Revista SIC 800

Diciembre 2017

En enero de 2018 SIC llega a sus 80 años y Gumilla celebra su 50 aniversario. Es un tiempo de agradecimiento, de recoger frutos y seguir adelante. A lo largo de toda esta etapa, tanto en Gumilla como en SIC hemos puesto nuestros dones al servicio del pueblo venezolano y hemos recibido de él más de lo que le hemos dado. El pueblo para nosotros no es solo lugar social y epistemológico; es, ante todo, fuerza espiritual y lugar teológico.

Durante estos años de servicio al país, hemos constatado cómo muchas personas pueden dar de sí –y darse a sí mismos–, aún en medio de la adversidad. Esta constatación nos hace apreciar el grado de humanidad de tantos hermanos nuestros. Personas de las que surge un dinamismo interior que las hace entregarse de modo absoluto a los demás.

Las historias son diversas, y podremos adentrarnos en ellas en este número aniversario, sin embargo, les une la convicción de que somos hermanos y tenemos una fuente y pertenencia común: el Dios Padre que nos entregó Jesús de Nazareth. Esta es una Buena Noticia para todos.

Con este pueblo, reafirmamos una vez más nuestro compromiso cristiano de contribuir al cambio de mentalidad y de estructuras sociales en un sentido de justicia social, que guió el nacimiento de los CIAS (Centros de Investigación Social de la Compañía de Jesús) y que continúa vigente porque hoy por hoy el mundo es más injusto, pues el 1 % más rico tiene tanto o más que el 99 % del planeta. Por eso, nuestra misión es seguir insistiendo en la constitución de sujetos densos que se relacionen de modo libre, horizontal, gratuito y simbiótico. Solo esto hará verdaderamente posible pasar del individualismo al sentido comunitario y al cuerpo social que hace posible la fraternidad. Sin el sentido del nosotros en las personas, será imposible la transformación de las estructuras sociales. 

La situación actual de Venezuela muestra precisamente cómo el cuerpo social se ha venido desarticulando. Hemos dejado de poner en común nuestros haberes para conformar reglas, comportamientos u organizaciones que excluyen y discriminan. El lugar de lo público ha sido desplazado por intereses individualistas o partidistas que pretenden poner todo a su servicio. Un ejemplo de ello es la actitud del gobierno del presidente Maduro, que pretende ocupar todos los espacios sociales para hacer que la gente termine dependiendo de ellos. El carné de la patria es una muestra fehaciente de lo que estamos diciendo.

Frente a esto nuestra apuesta es, siguiendo al papa Francisco, desatar procesos en la línea de la densificación del sujeto para que se convierta en propuesta alternativa al orden establecido.

Esto es lo que ha hecho el Centro Gumilla desde sus inicios tanto en Barquisimeto, con la promoción de la organización cooperativista; como Caracas, a través de la investigación y la docencia, pero también en el presente desde distintos programas de formación que están desplegados en toda Venezuela.

Ha sido, además, el papel de la revista SIC que durante ochenta años ha contribuido con una visión de país surgida de la interacción de sus miembros con los sectores populares y con profesionales solidarios, que colaboran con nosotros de forma gratuita y generosa, tanto en la reflexión como en el análisis y la acción social.

El viraje de la acción social de los jesuitas hacia una Iglesia de los pobres fue asumido por el Centro Gumilla desde su nacimiento. De este modo, la convicción de que el medio más eficaz de cristianizar a la sociedad era cristianizar a sus dirigentes, no encontró dificultades para ser dejada de lado por la opción por los pobres, la cual, posteriormente, fue consolidada con la Teología de la Liberación y con los concilios latinoamericanos de Medellín y Puebla.

Hoy estamos llamados a dar un nuevo viraje desde el paradigma de la justicia socio ambiental que se desprende de la Laudato Si y que no solo toma en cuenta los gritos de los pobres, sino también el clamor de la tierra ante la destrucción indiscriminada de los hombres en vastas áreas, como el territorio del Arco Minero del Orinoco, que afecta la vida de etnias indígenas enteras y de la naturaleza que les da sustento.

Esta grave situación de injusticia es un desafío entero para la Iglesia venezolana que, en unión con la Red Eclesial Pan Amazónica (Repam), asume la tarea de trabajar por la defensa de nuestra casa común.

El nuevo reto de la justicia socio ambiental no implica abandonar la lucha por la transformación de las condiciones que generan pobreza, sino que la incluyen. Por supuesto, que mientras se pone en evidencia la dramática situación humanitaria en la que nos encontramos, no podemos olvidar el grave problema del agua potable ni la explotación del Arco Minero y las consecuencias sociales que ello trae consigo.

El papel de la Iglesia venezolana en estos años de crisis ha sido muy importante, pues, con valentía, ha puesto en evidencia la cruda realidad del país y ha denunciado la incapacidad del Estado para asumirla y buscar los mecanismos necesarios para transformarla. Especialmente en los dos últimos años los comunicados de la Conferencia Episcopal Venezolana han sido muy claros y han convocado a distintas fuerzas del país a la esperanza.  

A esta Iglesia nos sentimos unidos. Su permanente iluminación, su claridad y libertad para hablar y su esfuerzo por acompañar los sufrimientos de la gente, nos convoca a centrarnos en lo social como el aspecto más denso de la realidad. Lo político tiene que estar al servicio de lo social. Si lo político no asume lo social se queda en la irrealidad.

Lamentablemente esta ha sido la actitud de la mayoría de los principales factores políticos de la sociedad venezolana. Si no somos capaces de poner lo social en el primer plano no podremos superar la situación en la que estamos ni podremos incidir adecuadamente en los cambios políticos que requerimos. La Iglesia tiene un papel central en la recuperación de lo social como lugar central de atención.

En este aniversario queremos reconocer a laicos y jesuitas que, desde lo social, han dado su contribución al país, tanto desde la revista SIC como del Centro Gumilla.

Son muchos nombres, sin embargo, con temor a dejar algunos por fuera, nos atreveremos a mencionar otros, cuyo aporte en distintos campos de lo social ha sido significativo: Manuel Aguirre, Alberto Micheo, José Luis Echeverría, Arturo Sosa, Rafael Baquedano, Luis Ugalde, Pedro Pablo Barnola, José Luis Vethencourt, Miguel Ignacio Purroy, Asdrúbal Baptista, Jean Pierre Wyssenbach, Heliodoro Avendaño (el hermano SIC), José Francisco Corta, Joseba Lazcano, Mercedes Pulido, Francisco José Virtuoso, Pedro Trigo, Demetrio Boersner, Wilfredo Rodríguez, José Martínez de Toda, Jesús María Aguirre, Gerardo Monreal, Onésimo García, Mauro Barrenechea, Otto Maduro, Eduardo Ortiz, Eloy Rivas, Fernando Martínez Galdeano, Alfredo Infante, José Antonio Ciriza, Gonzalo Chavarría, Klaus Väthroder, Arturo Peraza, Minerva Vitti, entre otros.

Detrás de ellos ha habido un extraordinario equipo de personas que han hecho y siguen haciendo posible nuestra marcha institucional. También a ellos nuestro profundo agradecimiento.

SIC y Gumilla nacieron en tiempos de cambio como una semilla de esperanza para diversos grupos. SIC, para servir como medio de expresión de los seminaristas y laicos cercanos a las opciones sociales de la Compañía; Gumilla, para transformar las mentes y las estructuras sociales.

En estos momentos nuestra propuesta formativa, procesos de acompañamiento e intervención comunitaria, así como las publicaciones que producimos y nuestra postura pública ante la realidad del país, son alternativa de esperanza para construir la Venezuela que queremos.

Nuestra esperanza se funda en el Dios hecho humano, que en Navidad viene nuevamente a abrir su tienda entre nosotros a fin de que nos hagamos pobres y humildes para enriquecernos con Él y para que, desde Él, podamos fundar una nueva humanidad centrada en la justicia, el amor y la paz.

Que en estos aniversarios podamos seguir llevando la Buena Noticia desde la misión a la que hemos sido enviados.

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