Drama humanitario sin precedentes

Llegan por millares. Unos para quedarse y otros buscando salida hacia otros países. De un lado y otro de la frontera claman por una solución humanitaria que establezca un centro de refugiados similar a los establecidos en Grecia o en Italia. En los últimos días empezó a funcionar el primer centro para migrantes

Carlos Zapata y Pablo Cesio

El problema superó las previsiones. Los desplazamientos aumentan a un ritmo vertiginoso, tan descomunal como la grave crisis generada por el gobierno de Nicolás Maduro que hace huir a los venezolanos en busca de un mejor futuro.

Cambió por completo la situación de la frontera. Y no para mejor. Lo advierte el sacerdote José Laureano Ballesteros Blanco, en conversación exclusiva con Aleteia, al analizar la particular situación que se vive entre Colombia y Venezuela.

Ballesteros es actualmente párroco de Cristo Rey en San Cristóbal, tras estar casi veinte años a cargo de la parroquia Divino Maestro de la Universidad del Táchira. También es director del Diario Católico, producto editorial de la Diócesis de San Cristóbal que cuenta con casi un siglo de existencia y que debido precisamente a la crisis se vio obligado a dejar de circular todos los días.

Además de sus estudios en periodismo, es psicólogo de profesión y sacerdote. Sus trabajos pastorales con jóvenes en Roma y Alemania le dieron el sustento para insertarse en Colombia, donde durante muchos años fue rector del Seminario de Cúcuta y más tarde responsable de la parroquia del Espíritu Santo.

Conoce la frontera, en medio de un tejido social que impide distinguir con claridad dónde termina Venezuela y dónde empieza Colombia. Históricamente, la fusión de sus culturas hace que se mimeticen, casi sin lograr una distinción precisa entre ambos lados del puente internacional y las trochas que separan a estos pueblos hermanos.

¿Cómo está la situación? ¿Qué se observa al cruzar el puente en zona fronterizo?

Un descomunal desplazamiento de la masa humana que cambió la cotidianidad de la frontera. Estuve en Cúcuta hace dos días. Aquello fue tremendamente impactante: ver jóvenes sentados ahí en la calle esperando que los cucuteños les den comida. ¡Eso es lo que se ve! Sentados en la calle, como perritos, allí, esperando que les den comida…

Entonces, ¿se ha intensificado la mendicidad?

La mendicidad y el crimen, porque la gente roba. Algunos lo hacen porque se desesperan al no tener comida y terminan atracando a los cucuteños. La gente de Cúcuta está haciendo protestas sumamente fuertes en contra de los venezolanos. ¡Es terrible!

¿Cómo es la posición con respecto a los venezolanos que tradicionalmente han vivido allá?

El venezolano que está trabajando y que tiene a su familia está bien, lo quieren, lo aceptan, comprenden su situación y no tienen problema con ellos. El problema es el que llega de última hora que no tiene trabajo, ningún oficio, se sienta en una esquina a esperar que le den comida; o que vende un pedazo de pan porque lleva de aquí para vender allá, o pone una soga de un lado a otro de la calle para pedirle dinero al que pasa, como si fuera un pago obligatorio, en realidad es un robo…

Esos son los que no caen bien de ninguna manera.

¿Con todos es así?

No. Al venezolano normal lo quieren, lo aprecian. En Colombia hay una campaña de que también en Venezuela, cuando hubo persecución y muerte y todo allá (en Colombia), Venezuela les brindó la mano; sobre todo cuando había muerte y persecución y guerrilla. Muchos barrios, por ejemplo, el de Petare (en Miranda), se formó con un promedio de 800 mil colombianos que llegaron allí; eso lo dicen claramente las noticias y la historia…

Así como Venezuela le abrió las puertas a Colombia en un momento de crisis, también Colombia recibe a los venezolanos, siempre y cuando lleguen a portarse bien, como hace la mayoría.

¿Dónde está el mayor problema de la migración?

Es que están llegando en masas completamente indocumentados. Llevan apenas una caja de cartón. ¡Es que es muy doloroso! ¡Si usted viera! Fui nuevamente el viernes a dar una vuelta, aquello es terrible. Lo que uno ve: una masa de jóvenes, de adultos y no son solamente jóvenes: están llorando, esperando que alguien les dé un pedazo de pan; van tristes, con las caras más desencajadas, usted no se imagina. ¡Aquello es terrible!

Y cómo maneja esa situación tan delicada la Iglesia, más allá de que la Diócesis de Cúcuta ha estado sumamente activa desde hace más de 4 años…

De dos maneras: pidiéndole al gobierno (de Juan Manuel Santos) que declare la zona como una especie de ‘zona de refugiados’. Que definitivamente monte una zona de refugio, como hay en Grecia, como hay en Italia y como hay en otros países adonde llegan por millares.

¿Tan así? ¿Comparables con esos sitios?

¡Sí, señor! Esa es la conclusión que yo saco. Que se monte, apoyado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) un lugar de abastecimiento, de salud, de comida, de bienestar para la gente; porque es tal la cantidad que ya el gobierno (colombiano) no puede resistir.

En las últimas horas se pronunció en términos similares a los suyos la excandidata presidencial y dirigente política, Noemí Sanín, en un duro tuit en el que hacía reclamo directo a Juan Manuel Santos…

Es que es así. Es la verdad. Es con números este gravísimo problema. El gobierno colombiano ha invertido grandes sumas de dinero en atender a los venezolanos que han llegado incluso a Barranquilla.

Son miles de millones de dinero invertido. Ellos dicen: esto nos desangra, porque tenemos proyectos de salud para los colombianos; y por humanidad han tenido que atender primero a los venezolanos, porque no se pueden dejar morir. Ni dejarlos en la calle.

Ellos dicen: hemos tenido que invertir en los venezolanos. Y aunque no se arrepienten de haberlo hecho, dicen es que el gobierno debe pedir ayudas internacionales para continuar con ese servicio.

¿Qué hace la Iglesia concretamente?

La Diócesis de Cúcuta diariamente le está dando 12 mil almuerzos a la gente, y lo hace a través de las parroquias: dos parroquias o tres se ponen de acuerdo, por ejemplo, hoy, y llevan la comida a los lugares donde están los venezolanos. Mañana otras dos o tres parroquias lo hacen. Como son 100 parroquias, tienen para darles cada mes un almuerzo a la gente: una olla comunitaria, como le llaman: una olla gigante en la que echan todo lo que donan los vecinos y aportan y llevan esa sopa con un pan a las personas…

Similar al programa de Ollas solidarias que realiza Cáritas en Venezuela…

Lo mismo. Ahí la llaman Olla comunitaria, pero es básicamente lo mismo.

Usted fue rector del Seminario… y estuvo en la parroquia del Espíritu Santo.

Mientras fui rector, estuvieron personas tan brillantes como los que ahora son miembros del Congreso y candidatos a presidente. Son muchachos muy distinguidos, que no entraban al seminario porque querían ser curas sino por obtener buena formación. Mucha gente que hoy está bregando por darle una orientación al país pasó por ahí.

¿Usted se imaginó que algo como esto podría ocurrir?

¡No, jamás! Porque la frontera siempre ha enriquecido a parte y parte. En Cúcuta el diferencial cambiario era completamente distinto. Y yo viví en esa época de bonanza. ¡Todo era muy diferente!

Usted que conoce el drama humanitario de ambos lados y que es testigo de la labor de la Iglesia en ambos lados de la frontera, ¿qué les pide a las autoridades de ese país?

Que continúen haciendo eso. Que sigan brindando tan hermoso servicio. Que sigan el ejemplo de la Iglesia católica, que habiendo tomando esto muy en serio ha asumido su responsabilidad: el obispo de Cúcuta unido con el de San Cristóbal no han dejado de trabajar para brindarles soluciones a estos pueblos históricamente hermanos, ¡hoy más unidos que nunca!

Apertura de centro para migrantes

Recientemente, en Cúcuta, zona fronteriza con Venezuela, empezó a funcionar primer centro para migrantes en la frontera denominado Centro de Atención Transitorio para el Migrante (CATM) gracias a una alianza entre el gobierno colombiano, Naciones Unidas y Cruz Roja.

Este hogar transitorio, ubicado frente al comedor comunitario “La Divina Providencia” perteneciente a la Iglesia y responde a la situación humanitaria dramática que se vive en la frontera. Entre los primeros beneficiarios están María José y Carlina junto a sus respectivas familias, dos mujeres que tuvieron que abandonar sus hogares en Venezuela, recuerda El Tiempo.

“Todo esto ha sido una bendición, porque acá estamos mucho más tranquilas, resguardándonos de la lluvia que nos sorprendió en la madrugada. En mi caso, fui enviada acá por recomendación de Migración Colombia que me vio con mi niño en brazos y me dijo que por mi condición podía pasar la noche en este albergue. Vinimos con mi esposo y ya nos estamos acomodando, porque en la noche viajamos hacia Bogotá”, expresó a ese medio Carlina.

Con el aval de Migraciones Colombia, las personas que pasan por el albergue reciben kit de alojamiento y aseo para estar de forma transitoria (no más de ocho horas) antes de seguir hasta otros puntos del país.

Fuente: https://es.aleteia.org/2018/02/06/frontera-colombo-venezolana-drama-humanitario-sin-precedentes/

 

Artículos relacionados:

email