Conozca la capilla móvil que recorre el centro de Medellín

Foto: Archivo Web

Por Diego Zambrano

Los 2.000 panes y los 180 litros de chocolate no son lo más importante para aquellos que se acercan cada martes en la noche a la capilla móvil del padre Felipe Escobar. Calman el hambre, que a veces muchos cargan de días enteros, pero son solo el gancho para hablar, jugar y reflexionar con ellos.

El contenedor, con techo a dos aguas y color anaranjado, es arrastrado por un viejo Montero modelo 94 que a veces se vara, y ni eso detiene al sacerdote que todos los martes en la noche recorre las calles del Centro de Medellín para atender a habitantes de calle y población vulnerable.

“La Tienda del encuentro” fue el nombre con el cual el religioso bautizó al contenedor, del que dice “no tiene un solo dueño, sino que sus propietarios son todos a quienes les sirve”. Por su ingenioso diseño ganó, el mes pasado, el primer lugar en la XXVI Bienal Colombiana de Arquitectura y Urbanismo.

Génesis

El trueque es sencillo. El padre Escobar ofrece ropa o un pan y un vaso de chocolate a cambio de navajas, cuchillos y toda clase de armas blancas. Los inquilinos habituales de la Avenida de Greiff no dudan un instante del intercambio y se fueron acostumbrando a su presencia.

La labor es peligrosa, le decían los voluntarios que acompañan al sacerdote, por lo cual le sugirieron buscar un sitio dónde resguardarse, solo por si las moscas. Así fue como en 2012 comenzó a pensar en un vehículo que tuviera una ventana para que desde adentro pudiera seguir con su misión humanitaria.

Una de las compañeras de esta ruta nocturna le comentó al padre Escobar, quien ya pensaba en desistir de la idea por costosa, que tenía un sobrino arquitecto, Tomás Vega Trujillo, y quizás podría hacerse cargo materializar el sueño.

Allí fue cuando junto a Camilo Ramírez Gallego, su socio en A5 Arquitectura, comenzaron a diseñar, basándose en un food truck y en el modelo más simplista de un templo, la capilla móvil.

El resultado salió a la luz el año pasado. Un contenedor de ocho metros cuadrados que Ramírez describe como un lugar fácil de reconocer y al que la población atendida por el padre Escobar bautizó como la “catedral”.

Expertos en construcción de trailer participaron en la ejecución, que sus creadores estiman costó alrededor de 25 millones de pesos, todos frutos de diversas donaciones, incluidas las de la firma Obras y Montajes, que facilitó los materiales y ensambló la Tienda del encuentro.

Y es que está tan bien dotada, con paneles termoacústicos, vitrales blancos, mobiliario para almacenar alimentos y un pequeño altar, que, aunque el sacerdote imaginaba un diseño de templo tradicional, quedó encantado con la practicidad de la capilla.

El exterior fue bañado con un color naranja mate, explicó Ramírez, para hacerla llamativa, pero no tan brillante, mientras que el interior fue teñido con azul cielo para transmitir tranquilidad.

Evangelio

Antes siquiera de soñar con tener una capilla móvil, el padre Escobar ya ejercía su misión humanitaria desde el 2005. Los martes a las 8:00 p.m. empieza el recorrido en el sector de Niquitao, pasa por la carrera 40 hasta llegar a Prado Centro, y termina con el trueque de armas blancas por pan y chocolate en la Avenida de Greiff.

Ese trabajo lo hacía en el viejo Montero hasta que llegó su Tienda del encuentro, que a pesar de que le dijeron que solo deberían entrar 6 personas adentro, confesó que a veces entran hasta 15, porque siempre lo acompañan entre 20 y 30 voluntarios.

La capilla no tiene volante y tampoco va con pasajeros cuando está en movimiento, cuando está estacionada es el lugar desde donde lee el evangelio a las personas que se acercan y desde las ventanas reparte los alimentos.

Por estos días el sacerdote solo ha tenido que valerse de su campero porque no ha encontrado parqueadero para su pequeña “catedral”. Por eso la gente que lo espera los martes en la noche le reclama y le pregunta dónde la dejó.

El ruido que ha generado el primer lugar obtenido por el diseño de la capilla —en la categoría de arquitectura interior y efímera—, no es algo a lo que el religioso esté acostumbrado; sin embargo, fue feliz al recibir la noticia y agradeció a los dos jóvenes arquitectos que le ayudaron con su labor, que él espera siga siendo silenciosa, pero que aun así merece toda la atención por su valor.

La capilla móvil del padre Escobar fue el diseño ganador de una categoría en la XXVI Bienal de Arquitectura y Urbanismo, por delante de un mercado en Medellín y una casa solar de Bogotá.

Fuente: elcolombiano.com

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