Ahora no es tan fácil ser un buen ciudadano

Laica ignaciana

Recuerdo una campaña de concientización ciudadana que hacía el gran Renny Otolina  por Venezolana de Televisión (VTV) cuando aún la televisión era en blanco y negro y el cómo calaba su mensaje en la población. Muerto el “rey” (así también decía mi madre que le llamaban a Renny),  algún tiempo después se hizo otra campaña de mucho éxito con la comunicadora Marta Rodríguez Miranda: “Qué fácil es ser un buen ciudadano”. Esta última la transmitía  Venevisión, si mal no recuerdo, con tanto éxito que aún repetimos su slogan, pero que dolorosamente ha quedado relegada a una emisora de radio am, quedando como muchos otros planes del país,  sin pena ni gloria. Renny murió y ella, Marta Rodríguez Miranda, quedó sola  resistiendo en la radio,  casi en el olvido nacional porque entre otras cosas ahora no parece tan fácil ser un buen ciudadano.

Ajá, ¿y qué es eso? ¿Qué es ser un buen ciudadano?  ¿Ciudadano?  y con ese apellido de “bueno” es peor, ¿Bueno?, ya sería mucho pedir que además de ciudadano sea bueno. Está bien pues, vamos a lo más simple, ¿Qué es un ciudadano? Aunque su definición pertenece más al campo de lo jurídico y político, pues supone  la existencia de una persona que vive en sociedad bajo el amparo de leyes determinadas, que a la vez queda sometida a esas leyes, normas de conducta necesarias para mantener la armonía y la paz social, implicando también la posibilidad de incidir en la transformación de su entorno, pudiendo en última instancia decidir su destino, también incluye el hacer lo que se  necesite y sea conveniente para contribuir con el bienestar del país al que se pertenece:  en nuestro caso a Venezuela.

Un buen ciudadano entonces, para serlo o convertirse en tal con su nombre y apellido, debe pensar, decir y  practicar ese  “bueno” en todo cuanto se proponga, conforme a lo  que  previamente  han acordado con él los otros ciudadanos y ha quedado plasmado tanto en el ordenamiento jurídico como en la  aprobación ética y moral del grupo. Un buen ciudadano es por lo tanto y sobre todo, un ser responsable de sus actos que no siempre son los esperados, y que aun siendo reprochables para sus conciudadanos, sea capaz de reconocer los que están mal, asumiendo también las consecuencias que de ello se derive.

En nuestras calles, en los sitios públicos y en nuestra propia intimidad familiar podemos ver la carencia en la asunción de responsabilidad de algunos venezolanos que no dudan en encontrar culpables en los otros, haciendo con su conducta una interminable cadena de irresponsabilidades que incluye los abusos y atropellos de los que detentan el poder,  la absurda culpabilización de la víctima o del débil social o jurídico en algunos casos, o la impunidad  de los que se escapan a la justicia por la corrupción de nuestro sistema.

Cada quien acusa al otro y cada uno se cree más víctima que el otro cuando de vicisitudes se trata. Por ejemplo si comiéndome la luz vehicular de alto, intento una maniobra en la que encuentro a un peatón también infractor impidiéndome la maniobra con su lentitud, tengo el descaro de molestarme e incluso de reclamarle al “mal peatón”. Es como si creyéramos que todos los demás están jugando “La ere paralizado”, pretendiendo que se queden inmóviles mientras yo cometo tranquilamente la infracción. Como decía el gran Yordano: “Por estas calles la compasión ya no aparece…”

En Venezuela primero es necesario comenzar a ser ciudadanos responsables que entendamos  que para cambiar nuestra situación actual será imperioso comenzar con nuestras propias individualidades, que termine insertando en nosotros el deseo profundo de querer convertirnos en buenos ciudadanos, que colaboran con el bienestar de sus coterráneos sabiendo que de su bienestar dependerá el nuestro.

Es común escuchar que somos los venezolanos quienes debemos arreglar nuestra crisis y que debemos empezar por nosotros mismos, lo cual es cierto pero sin reconocer al hacer  esta afirmación,  que si no podemos hacernos responsables de nuestro  grano de arena en esta playa infinita de problemas, difícilmente llegaremos a ser  el ” buen ciudadano” tan anhelado, porque no cabe duda de que somos parte de aquellos a quienes llamamos “ellos”.

Fuente:

http://laicaignaciana.blogspot.com/2017/11/ahora-no-es-tan-facil-ser-un-buen.html?m=1

 

 

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