Volver a empezar

Saúl Jiménez Beiza

Por los años 84-85 se inició en Venezuela, motorizado por la Sociedad Civil, todo un proceso de discusión en torno a la necesidad de realizar una gran reforma del estado que permitiera, entre otras cosas, que hubiera una mayor participación del ciudadano en la toma de decisiones sobre su desarrollo, además de elecciones directas de gobernadores y alcaldes para que hubiese una plena identidad entre electores y elegidos. 

En el año 1988, luego de la elección a la presidencia de la República, por segunda vez, de Carlos Andrés Pérez y producto de la población añorando los años dorados de su primer gobierno con una economía galopante y que en 1988 no era la misma, el gobernante tuvo que tomar una serie de medidas anti populares y que se inició por el aumento brusco de la gasolina lo cual conllevó al aumento inmediato del pasaje urbano y extraurbano lo que motivó a protestar en Guarenas que desembocaron en saqueos anárquico que luego se denominó popularmente como el “caracazo” y que se extendió a otras ciudades del país y que algunos sectores han señalado que tuvieron que ver con ellos para reivindicarse la lucha social del momento.

Esas acciones generaron la necesidad de revisar el funcionamiento del estado y desempolvaron la COMISION PARA LA REFORMA DEL ESTADO (COPRE) que había sido engavetada porque los partidos que se alternaban el gobierno no les interesaban perder poder al realizar las reformas, sin embargo, empujados por las circunstancias optaron por lo más sano que era revisar las propuestas. 

De allí surgió la primera elección de gobernadores y alcaldes por el voto directo  y secreto, podemos decir que fue una gran experiencia positiva, recordamos que en Carabobo fue electo Henrique Salas Romer y de inmediato se inició una gran transformación en el estado con el apoyo y las propuestas de la sociedad civil, gremios, colegios, sindicatos, todos apostando al bien común, Carabobo cambió la cara y podemos decir que fue el inicio de la REVOLUCION DE LA SOCIEDAD CIVIL.  Igual en los demás estados hubo algo en común que fue el gran acercamiento y apoyo de la sociedad civil.

Traigo todo esto a colación porque en el año 1998 en las elecciones presidenciales la población venezolana no revisó bien su voto y aún teniendo como candidato a Henrique Salas Romer, hijo de la descentralización, con una gran experiencia como gobernador. Prefirieron votar por Hugo Chávez Frías militar de profesión, quien venía de un golpe militar y recién salía de la cárcel por rebelión militar.

Llamaron a una Constituyente y efectivamente fue electa la Asamblea Nacional Constituyente con mayoría del sector oficial aprobando una nueva Constitución que llamó a elecciones generales en el 2000 y de nuevo ganaron muchas gobernaciones candidatos productos de la descentralización vinculados directamente con el estado y alcaldías para los cuales aspiraban  y que continuaron llevando a cabo programas y proyectos en torno a acercar el poder de decisión en los ciudadanos.

Luego iniciaron desde Caracas un proceso de frenar la entrega de recursos que por situado le correspondían a las alcaldías y gobernaciones para, de esa forma, evitar que los electos lograran llevar a cabo programas de beneficio social para la población  y empezar a desacreditarlos ante la población como si fueran incapaces. Además centralizaron el manejo de puertos, aeropuertos, autopistas y otras actividades que generaban recursos a las regiones y que de nuevo se empezaron a administrar desde la  capital del País. Todo para imponer candidatos desde el poder central y sumiso a ellos que les permitiera manejar las regiones en un proceso de recentralización. Para completar el cuadro desde el año 2015 iniciaron un proceso de nombrar a gobernadores electos por el PSUV a otros cargos en el gobierno nacional y nombran un gobernador encargado para que complete el período.

De allí que debemos llamar a la reflexión y VOLVER A EMPEZAR el camino andado después del 1984 cuando empezamos a construir un país de ciudadanos donde nuestra fuerza fuera el voto consciente y con elecciones a todos los niveles que nos permitiera evaluar su comportamiento y poder premiar o castigar su comportamiento, esa fue una grata e importante experiencia donde hubo un avance muy significativo desde la conducta y accionar ciudadano y ahora nos toca de nuevo. Sin menospreciar ni excluir la necesaria participación de todos los partidos políticos por muy pequeños que sean y que se reconozca el derecho de las minorías políticas, pero además exigirles cumplir con su deber de conducción. Se debe reconocer que el núcleo central de toda democracia es la CIUDADANIA ORGANIZADA para que promueva acciones, las ejecute y además sirva de contraloría a la gestión pública pudiendo denunciar las irregularidades que se puedan cometer para que logremos una nación de ciudadanos comprometidos con su desarrollo. 

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