Venezuela: “Vayan a la otra orilla”

Alfredo Infante sj

Nos cuenta el evangelio que después de la señal de vida de la multiplicación de los panes, Jesús les pide a sus discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. Él se queda despidiendo a la gente y luego sube a la montaña para orar y estar a solas con el Padre. El primer punto a considerar aquí es que la barca simboliza la comunidad; comunidad que está enviada por Jesús a hacer una travesía hasta llegar a la otra orilla. Jesús confía en la comunidad. En la escena anterior de la multiplicación de los panes, los discípulos ante el desafío del hambre querían despachar a la gente y, Jesús confiando en ellos les dijo << denles ustedes de comer>>, Jesús conoce las potencialidades que despierta la fe en la comunidad, sabe que cuando estas se activan no hay situación que no pueda revertirse y pasar de la muerte a la vida.  Ahora les envía solos en la barca hacia la otra orilla. No para probarlos, si para despertarlos.  ¿Qué significa hoy para nosotros como venezolanos subirnos a la barca y hacer, en nombre de Jesús, la travesía hasta la otra orilla? En primer lugar, subirnos a una misma barca implica creer y estar convencido que somos hermanos y que tenemos un destino común; común no significa impuesto, sino producido, acordado, compartido. En segundo lugar, la otra orilla es justamente ese destino común, acordado, necesariamente incluyente porque al estar indicado por Cristo se fundamenta en la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. Es decir, un destino excluyente ya deja de ser querido por Dios.

La travesía no es fácil. Es de noche y no se ve clara la ruta, hay que acordarla. La noche es tormentosa y los vientos no son favorables sino contrario. El mar está crispado. Hay mucho miedo y la barca pareciera hundirse. Aunque están cerca de la orilla, no ven la orilla porque la tormenta le ciega la visión. Han centrado de tal manera su mirada y atención en la tormenta que no ven la orilla. La tormenta ya se les ha introducido en su interior, ya no es sólo externa. Jesús, se acerca caminando hacia ellos sobre el mar crispado. Sus miedos se acrecientan y no ven a Jesús, ven un fantasma y, este hecho aumenta sus miedos. El miedo desproporcionado, que llega a pavor,  paraliza y  hunde, porque impide ver la realidad. Eso lo pasa a los discípulos en la travesía, no ven a Jesús, sino a un fantasma; no ven la orilla, sino un mar y una noche que se los traga. Por eso, la palabra liberadora de Jesús: ¡animo, no tengan miedo, soy yo! Jesús viene pues, en medio de nuestras tormentas, a liberarnos de los miedos y a despertar la fe para que nuestra barca, en su travesía, no se hunda en la tormenta, y pueda llegar a buen puerto.

Pedro, ante las palabras de Jesús, responde: <<Señor, si eres tú, déjame ir a  ti caminando sobre las aguas>>. Jesús le responde: <<ven>>. Pedro se lanza y comienza a andar con la mirada puesta en Jesús, no en la tormenta, con la mirada puesta en Jesús, no en sus miedos, así avanza y camina. Pero en cuanto desvía la mirada de Jesús, y centra su corazón en la tormenta, pierde la perspectiva y comienza a hundirse. Al verse perdido, recupera la mirada, la centra en Jesús, y grita desde lo más hondo de sí <<sálvame, Señor>>. Jesús, lo mira a los ojos, lo toma del brazo y no deja que se hunda, lo rescata, lo levanta y lo introduce de nuevo a la Barca, mientras le dice: <<hombre de poca fe, porque has dudado>>.  La tempestad se calma, la barca hace orilla, y todos reconocen a Jesús.

Los venezolanos, como los discípulos, estamos llamados a hacer una travesía hacia la otra orilla. Esa orilla es la democracia. Transitamos la noche y la tormenta. Los poderosos persiguen, encarcelan, torturan, censuran, asesinan son como el viento contrario y las olas crispadas que quieren hundir la travesía de la dignidad. Si centramos nuestra atención en  quienes nos oprimen, el miedo acrecienta, nos divide y hunde, les damos más poder porque los engrandecemos. En cambio, si centramos nuestra atención en la voz de nuestra conciencia, en Jesús que nos dice <<animo, no tengan miedo, soy yo>>, en los poderes creadores del pueblo, si producimos acuerdos para que la barca no se hunda, descubriremos que esta noche no es eterna, que la tormenta no es invencible, y que la orilla, como les pasó a los discípulos, no estaba tan lejos, solo que el miedo no les permitía verla, porque les centraba en la tormenta.

Venezuela, hoy, Jesús nos dice como a sus discípulos: <<vayan a la otra orilla>>; <<Animo, no tengan miedo, soy yo>>.

 

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