Un movimiento nacional de defensores de los derechos humanos

Nelson Freitez

Un movimiento social existe cuando una diversidad de actores sociales comparte una identidad, una estructura de relaciones y acuerdan bajo un marco común de interpretación de la realidad, actuar coordinadamente para perseguir metas comunes. En las últimas 2 décadas en el país se ha multiplicado un proceso de surgimiento y relación entre organizaciones ciudadanas que, ante el agravamiento de las condiciones de vida de la población, el severo deterioro de la institucionalidad y  las masivas violaciones de derechos humanos, vienen intensificando sus procesos de articulación como movimiento nacional en el campo de la promoción y defensa de los derechos humanos (DDHH)

En Venezuela desde comienzos de los años 90 del siglo pasado surgieron organizaciones promotoras y defensoras de derechos humanos, que vinculadas o constituidas por víctimas de las violaciones a tales derechos, han documentado, denunciado y difundido esas afectaciones, abogando por el respeto del Estado de Derecho y de las obligaciones estatales con los derechos de la población. El contexto de empobrecimiento, represión y conflictividad política y militar de los años 90, fue el acicate para que personas y grupos vinculados con la iglesia católica, las universidades y agrupaciones ciudadanas diversas, asumieran el rol y el compromiso en esta vital área de acción social y política de la sociedad venezolana.

En estas 2 últimas décadas, iniciadas con elevadas expectativas por el respeto y ampliación de los DDHH dada la aprobación del marco de derechos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se han registrado por el contrario severas afectaciones en los derechos económicos, sociales y culturales y, además bajo un progresivo desmantelamiento del Estado de Derecho, que está afectando profundamente el ejercicio de los derechos civiles y políticos de nuestra población.

Como respuesta a tales deterioros y en la búsqueda afirmativa de realizar las expectativas que se generaron, estas décadas han sido el tiempo de la multiplicación de las iniciativas ciudadanas en la brega por el respeto a los DDHH. En la medida en que estos derechos conceptualmente se han ampliado y se han consagrado en las legislaciones y pactos internacionales (ambientales, diversidad sexual, a la paz, pueblos indígenas…), han emergido grupos que han abogado por su defensa y plena ejercicio.

Dado ese despliegue diverso de agrupaciones en todos los estados del país, las ONGs de mayor trayectoria y desarrollo en el campo de los DDHH tomaron la iniciativa de convocar un I Encuentro de Defensores y Defensoras de DDHH en el año 2015 con la presencia de unas 80 personas de más de 40 agrupaciones de unas 8 entidades federales del país. Este espacio permitió el reconocimiento mutuo de la diversidad de inserciones sociales de diferentes grupos con la común vocación por la promoción y defensa de los DDHH. Este ´descubrimiento´ para muchas agrupaciones de que lo que hacían y buscaban como objetivo se enmarcaba en el campo de los DDHH, posibilitó una autodefinición como defensores y defensoras de DDHH que ha propiciado el surgimiento de un Movimiento Nacional. El cual ha venido desde entonces tejiendo sus redes de relación y construyendo sus marcos de acción compartida, avanzando en proyectos e iniciativas cada vez más en conjunto.

Recientemente, por tercer año consecutivo, se realizó el III Encuentro de Defensores y Defensoras con la participación de 190 personas, de 17 entidades federales del país y pertenecientes a 103 agrupaciones. Congregándose activistas de las áreas de defensa de pueblos indígenas; niños, niñas y adolescentes; mujeres; trabajador@s; ambiente; diversidad sexual; derechos universitarios; salud y nutrición; educación; población interna en penales.

Esta diversidad social, su amplia cobertura geográfica y, sobre todo, la visión compartida y el compromiso de quienes se niegan a “ver pasar el cadáver de Job” sin documentar, denunciar y difundir, sin acompañar muy cercanamente a un pueblo que sufre y anhela, es enormemente auspiciante sobre las perspectivas de este movimiento social. La adversidad ha venido templando la resiliencia de unas agrupaciones que aprendiendo del saber acumulado de las ONGs de mayor trayectoria, hoy asumen con cada vez mayor entereza el reto de la plena promoción y defensa de los DDHH en contextos adversos y en medio de esta dolorosa emergencia humanitaria compleja que vivimos.

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