Sanción con aroma a mensaje

Javier Contreras

En las decisiones políticas no existe la casualidad, los tiempos específicos de una acción determinada no obedecen al azar; menos cuando se trata de acciones que involucran a un país potencia como Estados Unidos, y a un país que atraviesa por una profunda crisis institucional y económica como lo es actualmente Venezuela.

Por la importancia de su cargo, su ascenso en la estructura de poder y las insinuaciones sobre su vinculación con grupos que operan al margen de la ley, dentro y fuera de Venezuela, la sanción impuesta al Vicepresidente, Tareck El Aissami, no parece ser una maniobra más para tratar de ejercer presión al gobierno de Nicolás Maduro; parece ser una clara advertencia respecto al derrotero por el que pueden ir las relaciones entre ambos países.

Bien es cierto que en el pasado reciente otros funcionarios, entre los que se pueden destacar al gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez; Miguel Rodríguez Torres, exministro del Interior y Alexis Ramírez, gobernador del estado Mérida; fueron objeto de medidas similares, sin que dichas acciones hayan arrojado cambio alguno. Es más, se puede afirmar que en su momento fueron “premiados” con el apoyo del gobierno nacional, desde donde se les otorgó rótulos de “patriotas insignes”, y “dignos revolucionarios”, entre otros calificativos.

Independientemente de la reacción del gobierno una cosa estaba clara, ninguno de ellos era el Vicepresidente, por tanto, el impacto era menor. Sancionar a El Aissami, por supuesta relación con delitos conexos al narcotráfico, abre la puerta a muchas preguntas. ¿Conocía Estados Unidos los aparentes lazos entre el Vicepresidente y la delincuencia organizada desde hace tiempo? ¿La llegada de Trump a la Casa Blanca fue un catalizador para esta medida? ¿La decisión tomada es realmente contra El Aissami, o busca atacar una red?

Hay un mensaje con esta sanción, pocas dudas al respecto. Lo interesante será descubrir el o los destinatarios, pero también calibrar su alcance. Al mismo tiempo el mensaje es bidireccional, ya que quienes siguen pensando que este tipo de medidas causan real mella en un gobierno con las características que tiene el liderado por Nicolás Maduro, corren el riesgo de desencantarse, una vez más. La tan invocada “presión internacional” no opera con la inmediatez que algunos aspiran, ni debe ser vista como la “tabla de salvación”.

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