¿Qué tenemos que hacer hermanos?

Por Alfredo Infante sj

Al oír el testimonio de Pedro sobre Jesucristo- crucificado y resucitado – la luz de aquellas palabras traspasó el corazón de quienes le escuchaban y preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer hermanos? En respuesta a tan honda inquietud, Pedro les invita a que se bauticen.

Hoy, tanto la pregunta de quienes escuchaban a Pedro como la respuesta del Apóstol son de una gran vigencia. Bautizarse es tomar conciencia radical que somos hermanos e hijos de Dios en Cristo Jesús. En la fe, nuestra mayor dignidad es que somos hijos y hermanos, y estamos llamados y convocados a vivir desde esta condición más honda de nuestra existencia y consistencia.

Desde el misterio de nuestra fe, hoy como iglesia también nos hacemos la misma pregunta que se hicieron aquellos hombres: ¿Qué podemos hacer hermanos? Y, parafraseando la respuesta de Pedro, se nos diría: Tómense en serio su bautismo.

Hoy como iglesia en Venezuela nos preguntamos como aquellos hombres, con el corazón traspasado por la luz de la Palabra de Dios: ¿Qué tenemos que hacer? ¿Cómo vivir nuestro bautismo que es en definitiva, cómo vivir como hermanos? Solo este empeño nos puede liberar de llegar a ser una generación perversa, como señala San Pedro. Perversidad de excluir a quien piensa y siente distinto, perversidad de dejarnos configurar por el enemigo que nos oprime, perversidad de dejarnos conducir por el demonio de la violencia, perversidad de callar y resignarnos ante el pecado al punto de llegar a la complicidad, perversidad de dejarnos dominar por el miedo paralizante y quedarnos encerrados en cuatro paredes, y sobre todo, perversidad de dejar que quienes arrebatan la vida modelen nuestro corazón a su medida.

La única manera de liberarnos de la perversidad del mal es aceptar que somos hermanos y empeñarnos a vivir como tal, incluso, de nuestros hermanos enemigos. Por eso Jesús habla de la “puerta estrecha”, porque aunque la fraternidad es lo más universal, aceptarla como camino supone mayor trabajo interior, mayor conciencia de sí, mayor negación de cualquier atajo ciego como la violencia. Si Jesús es la puerta estrecha, cualquier otra vía que no sea la fraternal es la vía del ladrón, pues estaríamos robando a nuestros hijos el derecho de ser país.

Hoy Jesús nos dice: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia. Hay que evitar la guerra por todos los medios porque la guerra es perversa y roba el corazón, y el futuro de las personas y los pueblos llevándolos al fratricidio. Por eso, en esta hora en que nos preguntamos ¿Qué podemos hacer? Vivamos nuestro bautismo y confiemos como el salmista : “El Señor es mi pastor nada me falta”.

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