¿Por qué no se toman las medidas económicas que son de sentido común y amplio consenso?

Photographer: Nelson Ching/Bloomberg

¿Por qué subastar yuanes y rupias? ¿Cómo parar la inflación? Son algunas de las preguntas que se hace el autor, para finalmente dejar en claro que un programa de reformas económicas requiere liderazgo político, fortaleza institucional, capacidad gerencial y sensibilidad social para asegurar su exitosa instrumentación

Víctor Álvarez R.*

El dólar paralelo se calcula con base en los bolívares que hay que entregar por la cantidad de pesos que se necesitan para comprar un dólar en Cúcuta. El alza del paralelo se debe a un explosivo coctel que mezcla la escasez de alimentos y medicinas, el desmesurado crecimiento de la liquidez monetaria, las pésimas expectativas sobre la inflación y el indetenible éxodo de venezolanos que cruzan la frontera con bolívares y necesitan cambiarlos por pesos para comprar lo necesario para sobrevivir. Esta combinación de factores pulveriza el valor de la moneda nacional, razón por la cual cada vez hay que dar más bolívares para comprar los pesos que se necesitan para adquirir alimentos, medicinas o ropa en Cúcuta.  

Esta volatilidad se prolongará mientras no se despeje la incertidumbre política, económica y social. El empobrecimiento generalizado y la posibilidad de un estallido social contribuyen a este ambiente de incertidumbre que recrudece la migración de miles de venezolanos que rematan sus casas, vehículos y demás activos, siempre y cuando se los paguen en dólares, cuestión que presiona el alza del paralelo.

La tasa paralela no es una cotización real porque no expresa la verdadera productividad de la economía venezolana. Su desquiciamiento es la consecuencia inevitable del abandono de la política cambiaria y monetaria. La liquidez aumenta sostenidamente para financiar el déficit de Pdvsa y el gasto del Gobierno, mientras que el PIB se hunde en una prolongada contracción. El BCV no ha utilizado la tasa de interés para drenar el exceso de circulante que se dirige a la compra de mercancías y dólares. El mal manejo del encaje legal y de las tasas de interés que el BCV fija a los bancos ha contribuido al desbordamiento de la demanda. Y mucha plata persiguiendo pocos bienes se traduce en una creciente inflación que pulveriza la capacidad adquisitiva de los hogares venezolanos.

La coexistencia de varios precios de la divisa estimula la especulación cambiaria. Mientras coexistan Dipro, Dicom y el paralelo, se mantendrán los incentivos perversos para la especulación cambiaria. Al no unificar el régimen de cambios múltiples, el Dicom no será un régimen de subasta clásico, con creciente oferta del sector privado, sino una limitada venta de petrodivisas con un tipo de cambio inferior al paralelo, el cual no se podrá mantener y tenderá a depreciarse de manera continua.

La principal capacidad de pago de Venezuela viene dada por los petrodólares que genera Pdvsa. A raíz de la caída de la producción y de los precios del petróleo, el servicio de la deuda devora más del 50 % del menguado ingreso petrolero. En 2018 habrá que pagar $ 10 mil millones por vencimientos de los bonos de Pdvsa y la República, a lo cual se suman los pagos a China, en torno a $ 4 mil millones. En total son $ 12 mil millones, pesada carga que se prolongará una década, toda vez que hasta 2027 Venezuela cancelará un promedio de $ 8 mil millones al año.

¿Por qué subastar yuanes y rupias?

La amenaza de un embargo a las compras de petróleo, la escasez de divisas y el riesgo de caer en un default, crean incertidumbre y temor en las empresas y agentes económicos que necesitan divisas para operar.  

El Gobierno priorizará los pagos de la deuda externa y dejará de inyectar petrodólares en las subastas del Dicom, cuya demanda insatisfecha se traslada al mercado no oficial, presionando así nuevas alzas del dólar paralelo. De hecho, Pdvsa está pagando con bolívares deudas en dólares que tenía con contratistas y proveedores. Y estos   –para proteger el poder de compra de unos bolívares que rápidamente se derriten como cubitos de hielo–, se lanzan al mercado no oficial a convertir semejante masa de bolívares en divisas. En tales circunstancias, el paralelo explota y trepa sin conocer límites.

Por si fuera poco, a raíz de las cuestionadas elecciones de gobernadores, se anuncian nuevas sanciones del gobierno estadounidense y la Unión Europea, las cuales pudieran afectar la venta del petróleo venezolano.

En las condiciones de un mercado internacional en el que se mantiene un exceso en la oferta de petróleo, los 700 mil barriles diarios que EE.UU. dejaría de comprarle a Venezuela solo podría ser colocado en China e India, cuyas economías tienen crecientes necesidades de petróleo para atender sus altas tasas de crecimiento. Estas potencias están dispuestas a lanzarle un salvavidas al Gobierno venezolano, comprándole ese petróleo, siempre y cuando lo paguen con yuanes o rupias.

La combinación de estos factores presagia una mayor escasez de divisas. La solución que el Gobierno ha encontrado es la de acelerar la implantación de un sistema de pagos internacionales basado en una canasta de monedas que incluye yuanes, rupias y rublos. En consecuencia, serán estas monedas las que, en adelante, alimenten las subastas del Dicom.

Pero el comercio internacional se lleva a cabo con base en las divisas más aceptadas, que son precisamente el dólar y el euro. Subastar yuanes o rupias limitará la gama de proveedores a China e India, que no siempre ofrecen insumos, repuestos y maquinarias con la mejor calidad y los mejores precios. Y convertir yuanes o rupias en dólares o euros para poder preservar los proveedores con los cuales se mantiene una relación comercial de larga data, exige encontrar nuevos bancos corresponsales y pagar las comisiones de rigor, lo cual se traducirá en una tasa de cambio más cara que repercutirá en más inflación.

¿Cómo parar la inflación?

En la década de los años 80, en Bolivia la hiperinflación llegó a 12.000 % anual. Otros países en América Latina como Brasil, Argentina y Perú sufrieron inflaciones en torno a 2.000, 4.000 y 7.000 % anual. En aquellos tiempos, los economistas convinieron que se podía hablar de hiperinflación si los precios aumentaban al ritmo de 50 % mensual. Pero hoy vivimos otros tiempos en los que la inflación en la mayoría de los países del mundo ha sido abatida y se mantiene bajo control, por debajo del 10 % anual. Por lo tanto, aquellas referencias del 50 % mensual perdieron vigencia y, en la actualidad, podríamos afirmar que un país que sufre en apenas un mes la inflación que otro país sufre a lo largo de todo un año, aquel es el que está siendo devorado por la hiperinflación.  

El Índice nacional de precios que calcula la Asamblea Nacional con la misma metodología del BCV revela que la inflación en agosto de este año fue de 33 %, mientras que la de septiembre subió a 37 %, cada vez más cerca de aquellos parámetros que se utilizaron para declarar a un país en hiperinflación, y cuyas causas cada vez están más presentes en Venezuela: 

  • Recurrente déficit fiscal superior a 10 % del PIB durante más de cinco años, lo que significa que el Gobierno gasta más de lo que le ingresa y, por lo tanto, inyecta más poder de compra que el que sustrae por la vía del cobro de impuestos.
  • Desmesuradas emisiones de dinero impreso y contable, sin respaldo en la producción, con el fin de cubrir el déficit de Pdvsa y el Gobierno. Y al poner a correr mucho dinero atrás de pocos bienes esto dispara los precios.
  • Creciente desconfianza en el poder de compra de la moneda nacional. Nadie quiere bolívares que se vuelven sal y agua, y esto acentúa el rechazo a la moneda nacional y la demanda de dólares en el mercado paralelo.

La aplicación de las medidas básicas que ya son de sentido común y amplio consenso, creará el entorno económico necesario para erradicar las causas de la hiperinflación. No hace falta recortar el gasto social, congelar los salarios, reducir las pensiones ni aplicar medidas draconianas que recaen sobre la población más vulnerable. Con las siguientes medidas se conjuraría la amenaza de hiperinflación: 

  1. Sincerar el tipo de cambio y el precio de la gasolina para corregir el déficit de Pdvsa, en lugar de financiarlo con emisión de dinero inflacionario por el BCV.
  2. Eliminar el control de cambios y estabilizar una sola tasa para evitar que la formación de precios siga a merced de las especulaciones con el dólar paralelo.
  3. Respaldar las mejoras salariales con aumentos en la productividad del trabajo para erradicar el círculo vicioso de aumentos-inflación-aumentos-inflación. En la carrera de los salarios tras la inflación siempre pierden los salarios.
  4. Sustituir los ineficientes subsidios indirectos a los productos que estimulan el contrabando de extracción, por subsidios directos a los hogares pobres.
  5. Sustituir el rígido control de precios que causa pérdidas, desestimula la producción y genera escasez, por una política de estímulo a la inversión y promoción de la competencia en calidad y precios que beneficie al consumidor.
  6. Ajustar las tarifas de servicios públicos hasta cubrir costos de operación y mantenimiento para aliviar el déficit y evitar su inminente colapso.
  7. Reducir el gasto militar, priorizar obras pendientes, eliminar gastos superfluos y aumentar los ingresos a través de una reforma tributaria para terminar de equilibrar la gestión fiscal.
  8. Reestructurar la deuda externa y sincronizar los pagos futuros, la evolución del ingreso petrolero y del ingreso externo por la vía de repatriación de capitales, inversión extranjera, exportaciones no petroleras y turismo internacional.
  9. Negociar financiamiento con organismos multilaterales: FMI, BM, BID, CAF, etcétera.
  10. Si aun así quedara un margen de déficit fiscal hay que evitar su financiamiento con impresión de dinero inflacionario, lo cual pasa por recuperar la autonomía del BCV en la emisión de dinero.

Si estas medidas se toman en la secuencia y velocidad adecuadas, la hiperinflación será derrotada.

¿Quiénes se oponen a las medidas económicas que son de sentido común?

En Venezuela, el objetivo de las élites políticas y económicas que se disputan el poder ha sido el de controlar la capacidad estatal para intervenir y regular la economía. En esta pugna, las instituciones que administran la política económica, con frecuencia terminan colonizadas y secuestradas por la colusión de intereses político-económicos que tuercen en su propio beneficio la gracia y el favor de los incentivos públicos.  

Estas élites que se han beneficiado del rentismo también se opondrán a la medida que estos u otros gobiernos puedan tomar para impulsar la transformación de la cultura rentista en una nueva cultura centrada en el valor de la inversión y el trabajo.

¿Qué es lo que impide sincerar el precio de la gasolina y la tasa de cambio de 10 Bs/$? El control de cambios no evitó la fuga de capitales ni el descalabro de las reservas internacionales, pero aún se mantiene para alimentar a los cazadores de renta que le echan mano al dólar barato para después revenderlo mucho más caro. Lo mismo pasa con el control de precios, que no pudo impedir la inflación más alta del mundo, pero todavía se utiliza como instrumento de dominación política.

Los errores y desviaciones de la política económica generan incentivos perversos en torno a los cuales se reproducen y multiplican grupos de interés que se oponen al cambio de las políticas. La prolongación de estos incentivos perversos origina redes de corrupción que van colonizando los puestos claves de mando donde se asignan y administran los recursos públicos. La acumulación de fortuna no se logra con la inversión productiva que genera una creciente riqueza, sino a través del enriquecimiento fácil que se obtiene al medrar de esos errores y desviaciones que pasan a ser la esencia del modelo de expoliación.

Las mafias que se forman van penetrando los ministerios, empresas del Estado, fuerza armada y Poder Judicial, corrompen militares y funcionarios que pasan a ser piezas de poderosos grupos de poder que no diferencian entre el patrimonio público y el privado. Al corromperlos, los hace cómplices y parte de un modelo de expoliación que surge y se reproduce a raíz de las desviaciones y errores de la política económica. Esta red de oscuros intereses se convierte en una de las principales resistencias a las reformas que pueda impulsar cualquier gobierno.

Está demostrado que la prolongación de las políticas de intervención y control estatal degeneran en incentivos perversos que atraen y reproducen a los cazadores de rentas, especuladores y corruptos.

Para erradicar el manejo perverso de estos instrumentos por parte de las poderosas mafias que han penetrado y secuestrado la estructura de los poderes públicos, un gobierno que priorice el interés nacional está emplazado a corregir las desviaciones y errores de la política económica. Esto pasa por crear un nuevo marco legal y entorno institucional que sea expresión de un gran acuerdo nacional para evitar el uso arbitrario y discrecional de la renta petrolera por parte de los grupos privilegiados que se han enriquecido al amparo de los incentivos perversos que ofrecen las desviaciones y errores de la política económica.

La consideración de las implicaciones políticas y sociales de los correctivos a aplicar deviene en un factor clave para el éxito de un programa de reformas económicas. La construcción de su viabilidad no puede limitarse a los aspectos técnicos relacionados con la calidad del diseño, la secuencia lógica o el ritmo de las medidas a aplicar.

Resulta imprescindible asegurar el respaldo político y social, para lo cual se requiere prever las compensaciones a los sectores sociales que pudieran resultar afectados. Además de la coherencia teórica y técnica de las medidas que conforman un programa de reformas, se requiere liderazgo político, fortaleza institucional, capacidad gerencial y sensibilidad social para asegurar su exitosa instrumentación. 

*Premio Nacional de Ciencias.

 

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