PDVSA ¿una caja de pandora?

¿Cuándo se abrió la caja de pandora?

Marcos Morales Morales*

Apenas comienza el período del quiebre histórico de la democracia republicana en Venezuela, en el año 1999, con la instauración de una nueva constitución y un nuevo régimen político, nuestro país muestra una gestión pública, al cabo de estos últimos 18 años de gobierno, con un desempeño desalentador en términos de demolición de las instituciones democráticas, de la destrucción de la estructura económica y la desunión a la convivencia social civilizada de la sociedad venezolana. La situación deplorable de Venezuela se puede resumir en un índice creado, en los 1960´s, por el profesor de economía de Yale University, Arthur Okun, denominado el Índice de Miseria (tasa de desempleo +tasa de inflación); actualmente, tanto en el año 2015 como 2016, Venezuela tiene el Índice de Miseria más alto del mundo[1].

Todo comenzó en 1999, cuando la empresa más relevante del país comienza a sufrir un conjunto de amenazas institucionales que detienen su trayectoria de crecimiento continuo de su producción y productividad, de tal forma, que de ser una de la más eficiente empresa petrolera del mundo, ahora en el año 2016, ha sido calificada como la peor empresa petrolera del mundo, según opinión del profesor Steve Hanke, The Jhon Hopkins University[2].

Lo que en 1999 parecía cambios menores como el estancamiento en la producción de petróleo, en los primeros 4 años, se profundizó con una abierta política pública de caída en la producción y en la productividad de la empresa, que, en el año 2016, termina con una producción de 20 % menor con relación al año 2016, y una plantilla de personal obrero y empleados del 300 % mayor. Estos cambios menores, han acumulado tal grado de males, que actualmente, como la caja de Pandora, PDVSA es prisionera de un ambiente hostil a su estabilidad y eficiente desempeño: valor cero de sus reservas probadas de crudo, resultados financieros (flujo de caja) operacionales negativos, riesgo de insolvencia de pago de deuda externa, entre otros.

Según el artículo reseñado del profesor Hanke, el peor indicador de PDVSA es la relación Producción/ Reservas Probadas de Crudo. Este indicador, según Hanke, es uno de los indicadores fundamentales en la determinación de eficiencia de una empresa petrolera, que mide el tiempo estándar (median time) de producción y venta de un barril de petróleo. Aproximadamente, en el caso de Venezuela es de 199 años, en cambio, en el caso de Exxon es de 8 años, es decir, que Exxon le lleva una ventaja de 190 años, aproximadamente a PDVSA, en su capacidad de producción y venta; la ineficiencia de PDVSA es notable de acuerdo a este indicador.

Los efectos económicos del indicador, antes analizado, son devastadores frente a las posibilidades de expansión de la industria petroleras venezolana; si se asume que el precio del petróleo tiene el actual precio real hacia el futuro, y suponiendo una tasa de descuento del rendimiento de la inversión del 10 %, el valor actual de las reservas probadas de Exxon es del 46 % de su valor futuro; en el caso de Venezuela, el valor actual de sus reservas es cero. Cada barril de petróleo enterrado y no producido es un valor perdido para la empresa; si el cambio energético tecnológico en los próximos 50 o 60 años desplaza las fuentes de energía petrolera, Venezuela se quedará con inmensas reservas de crudo con valor cero. En consecuencia, es muy importante la tasa de agotamiento (extracción) de las reservas, mientras más alta sea la tasa, más alto es el promedio de producción y venta actual de dichas reservas probadas, por el contrario, mientras más bajo sea el indicador, los costos económicos serán muy elevados, especialmente a países como Venezuela, de inmensas reservas petroleras. Para Exxon, la tasa de extracción promedio de los últimos años es de 8.15 %, en el caso de Venezuela, la tasa ha disminuido desde un promedio muy bajo del 1.7 %, aproximadamente, en 1998, hasta un ínfimo valor del 0.35 % en 2016 (Ver Gráfico siguiente, tomado del artículo de Hanke)

Sin embargo, no todo es maldición en la caja de Pandora de PDVSA, si se logra generar un proceso de cambio institucional que permita el diseño de la mejor estrategia para la explotación eficiente de las inmensas reservas probadas de petróleo del mundo, con un diseño de negocio sin gríngolas ideológicas, sin posturas maximalistas contra la economía de mercado; con un modelo de gestión del sector petrolero venezolano que logre explotar las ventajas comparativas del país en un recurso energético escaso del mercado mundial , por lo menos, en los próximos 40 o 50  años.

De acuerdo con las estimaciones de la Agencia de Energía del gobierno de Estados Unidos (U.S. Energy Information Administration / International Energy Outlook 2016), como de las estimaciones de la OPEP (World Oil Outlook 2016 / Organization of the Petroleum Exporting Countries), el crecimiento acumulado de la demanda mundial de energía, para los próximos 23 años, será mayor al 30 % para el período 2017 al 2040 (Ver Cuadro N° 1).  Ambas fuentes de información señalan que las fuentes de energía alternas estarán creciendo a una tasa más acelerada que las de energía fósil; pero, se debe destacar, que los cambios tecnológicos previstos todavía serán lentos, dado el bajo peso de las fuentes de energía alternas con respecto al total de suministro energético mundial.   En consecuencia, de la oferta energética previstas hasta el año 2040, casi la totalidad será de energía fósil, aproximadamente el 77 %, de los cuales, el 51 % será de energía suministrada por el petróleo y el gas.

Aproximadamente, para el año 2040, se estarán consumiendo, en el mercado mundial, aproximadamente, 44 millones de barriles de petróleo crudo y gas adicionales, de los cuales Venezuela pudiera ser un potencial oferente, pudiendo duplicar su producción en ese período y apenas representar menos del 7 % del incremento mundial previsto.

Como cuenta la mitología griega, en el fondo de la Caja de Pandora, cuando ya se habían esparcido sobre el mundo griego todos los males diseminados, había quedado un residuo, la esperanza. Ojalá Venezuela pueda aprovechar esta ventana de oportunidad, logrando sortear las maldiciones propagadas hasta los momentos, y podamos dar un gran viraje a la torcida y desconcertante conducción de la nación. Que la voluntad del proceso de cambio institucional logre aglutinar al liderazgo, con poder de convocatoria y resolución, que conduzca al país a una senda de bienestar y esperanzas para todos los venezolanos.

*Gerente Estudios Económicos y Legales; CONINDUSTRIA

 

Notas: 

[1] https://www.forbes.com/sites/stevehanke/2017/02/09/misery-index-ranking-the-worlds-saddest-and-happiest-countries/#6475df814448

[2] https://www.forbes.com/sites/stevehanke/2017/03/06/venezuelas-pdvsa-the-worlds-worst-oil-company/#1e62b5c34105

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