Mentira en construcción

(WILLIAM DUMONT / EL NACIONAL)

Héctor Escandell

El problema es la mentira constante, el querer construir una realidad que no existe. El problema más grande es creer que los demás no tienen cerebro, que no ven, no oyen, no sienten, no padecen.

La gran verdad del “socialismo bolivariano” solo existe en la televisión. Ahí todo cabe, hay magia. En VTV, por ejemplo, hay harina, hay pan, escuelas bonitas, cárceles para humanos, carreteras sin huecos, hospitales con insumos, fábricas a toda capacidad. Ahí, en la televisión, hay de todo.

Los representantes del gobierno trabajan arduamente para que los discursos parezcan reales, se esfuerzan y practican para construir verdades. El problema, el gran problema es que la realidad los arrasa. En el mundo de verdad, en la Venezuela de hoy, cuatro de cada cien niños pueden morir por desnutrición en cualquier momento. Otros quince van en camino según revelan los últimos estudios de Cáritas internacional.

En la construcción diaria, los voceros del alto nivel dicen que Venezuela será potencia. Dicen que hay una “guerra” contra el pueblo y que el bloqueo Yankee no permite la importación de alimentos y medicinas. El problema es que ya son casi veinte años de promesas y las sanciones gringas contra PDVSA tienen apenas un mes. El problema de la escasez es que se robaron la plata del petróleo. Se robaron miles de millones de Dólares, Yuanes, Rupias, Pesos y Reales. Se lo robaron sin piedad, por eso ahora no queda más que mentir. El problema es que no sembraron y expropiaron a todo el mundo.

La mentira en construcción tiene un problema mayúsculo: nada tiene sustento. Todo lo que dicen se desvanece con solo abrir los ojos y recorrer tres calles o un hospital. -Los deseos no preñan-, dice la jerga popular. Así pasa aquí, el discurso y las excusas no dan trabajo, no producen comida y no curan enfermos. El problema no es el socialismo ni el capitalismo, el problema está en quien gobierna, el problema es que no hay honestidad ni ética, el gran problema es que Venezuela se convirtió para ellos en un vulgar negocio. El país no es más que una plaza comercial, un lugar al que hay que sacarle todo.

La mentira tiene un problema, nunca será verdad. Los que mienten tienen otro problema, se tienen que pasar la vida justificando y buscando culpables. Como dice Rubén Blades “… ¿Cómo puede creerse vivo, el que existe pa’ culpar a los demás? ¡Qué se calle y que se salga del camino, y que deje al resto del mundo caminar!…”

La crónica de esta semana la terminé después de manejar más de mil kilómetros por las autopistas y las calles de una Venezuela que parece un fiel reflejo literario de Macondo: En apenas un fin de semana recorrí carreteras con huecos y escombros. Pasé por avenidas oscuras, inundadas, sin rayado, con fallas de borde. Caminos que evidencian la desidia.

De las ciudades hay poco que decir porque quien lea podrá reescribir la realidad de su pueblo. Pero lo más impresionante fue contemplar, en clave Odebrecht, el gran monumento a la mentira: el ferrocarril que quiso ser y nunca fue.

La salvación de este país no está en tanques ni metrallas. Todo pasa, sin duda alguna por el para’o que la ciudadanía le debe dar a los que gobiernan. Si la gente que vive y padece deja de alcahuetear la destrucción, habrá vía de escape al futuro. De lo contrario, ¡apaguen las luces! Seguiremos viviendo una mentira en construcción.

Pd: Ahora encierran con alambre de púas las cámaras de seguridad vial. ¡Qué nivel!

Fuente: https://cronicadelviernes.wordpress.com/2017/09/24/mentira-en-construccion/

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