Más comandos, más represión, menos gobierno

Javier Contreras

La creación de grupos destinados a controlar diferentes puntos de la vida nacional, desde la alimentación hasta los asuntos de seguridad, pasando por la economía y la educación, da cuenta de un modo particular y claro de ejercer el poder: aumentar la intervención estatal en todas las esferas de la vida pública.

Con esta intervención se asegura, en la lógica del pensamiento que gobierna hoy, un férreo manejo de la cotidianidad que le permite, entre otras cosas, identificar a los “suyos” y a los que no lo son, para posteriormente hacer la división entre “aliados” y “enemigos”. El resultado de la calificación profundiza la dependencia de los primeros respecto al gobierno, su partido y sus dádivas; al tiempo que complica el acceso de los segundos a planes que deberían llegar sin distinción alguna a todos los ciudadanos. Es más, ser señalado como “anti revolucionario” es suficiente para no tener garantía del ejercicio de algunos derechos constitucionales.

Precisado el contexto al que se hace referencia, se aborda el caso de los “comandos civiles antidisturbios”, el más reciente intento de suprimir manifestaciones articuladas de descontento. La nueva iniciativa de Nicolás Maduro plantea que, “fuerzas especiales de civiles” operarán en barrios, fábricas y dónde hiciera falta, para que Venezuela sea “una patria inexpugnable”, esto de la mano de las milicias y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Son tantos los desatinos que hay en la formulación que justifica la concepción del nuevo comando, que enumerarlos demanda mucha paciencia. Señalar los dos más importantes por el peligro que entrañan, resultará suficiente. En primer lugar, la noción de civil no representa nada para este gobierno, y en las ocasiones que se evoca es cuando está junto a lo militar, subordinada a lo castrense tanto en forma como en fondo.

En segundo lugar, y hay que decirlo sin eufemismo alguno, la práctica del paramilitarismo sigue ganando carta de ciudadanía en el país, auspiciada por las acciones de un gobierno que en aras de concentrar poder está generando condiciones que a futuro jugarán en su contra. La consigna de “poder para el pueblo” no debe ser confundida con “poder para grupos armados”, y mucho menos con la burda frase del “pueblo en armas”.   

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