Más allá de los conceptos

Javier Contreras

Ante la complejidad de la situación político – social que vive Venezuela, son constantes los intentos (unos más profundos y argumentados que otros) por definir teóricamente el tipo de régimen que hoy impera en el país. Estos emprendimientos son válidos, legítimos e incluso necesarios; pero no son suficientes.

La dificultad para encontrar las características que, apegadas a desarrollos académicos clásicos permitan dar nombre definitivo a lo que vivimos es, sin duda, la señal inequívoca de la poca salud de la democracia. Pocos indagan respecto a la serie de hechos que hacen posible la conexión a internet, hasta que no cuentan con ella. De igual manera, pocos piensan en las instituciones que sustentan la democracia, hasta que se hacen tan frágiles que es inevitable cuestionarse algo.

Señalar que la institucionalidad es débil actualmente es, si se quiere ser honesto, reconocer que se generaron las condiciones para que esto sucediera, y esas condiciones se nutrieron con el crecimiento desproporcionado de las funciones del Estado y la actitud pasiva o desinteresada de una sociedad que se mostraba indiferente.

Hoy, las voces se elevan para caracterizar el momento presente. Términos como dictadura, totalitarismo o tiranía copan los espacios de quienes son críticos del gobierno nacional y los modos que ha implementado; mientras quienes lo apoyan afirman que el socialismo y la creación de una sociedad igualitaria son las notas distintivas. Queda claro que las particularidades históricas de cada momento impiden encapsularlo en una definición, porque las categorías adquieren el adjetivo “neo”, con el que se puede ampliar la noción de lo que se aborda, a medida del interés de quien propone el ejercicio.

La paradoja es que, en el caso venezolano, los conceptos han ido “evolucionando” mientras el país y la sociedad involuciona. Conviene, decididamente, repensar la democracia, no solo su contraparte.  

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