Manos Veneguayas

Rafael Uzcátegui

Como una mancha de aceite, la diáspora venezolana se expande por todos los rincones de la región. A Uruguay, uno de los países más meridionales del continente están llegando en un promedio de 60 al mes, siendo el 13% de las nacionalidades solicitantes de residencia en el país. A partir del año 2014, cuando la crisis era irreversible, un grupo de venezolanas en Montevideo decidieron algo por los paisanos que llegaban a la estación terminal de Tres Cruces, con frecuencia con apenas un puñado de dólares en sus bolsillos. Así nació “Manos Veneguayas”, que dos veces por semana atienden las necesidades en un local ubicado en Maldonado 1859.

Tuvimos la alegría de conversar con sus animadoras, porque son todas mujeres, a propósito de un viaje relámpago al 165 período de audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Apenas hicimos público el encuentro, diferentes personas nos corroboraron por redes sociales que habían tenido una mano extendida de este grupo de venezolanas-uruguayas.

Una de las tareas ha sido las campañas de donación de abrigos para quienes desde el Caribe desconocen los embates de las estaciones frías. Además, han recogido alimentos y medicinas, los primeros para los recién llegados mientras los blísteres son dirigidos por diferentes vías a Venezuela. También promueven sesiones de formación para la inserción en el mercado laboral, además de otros tipos de acompañamiento para un fenómeno migratorio que ha comenzado a inquietar a los gobiernos de la región. Manos Veneguayas organizó la consulta del 16 de julio en la capital uruguaya, recopilando 2.780 votos a pesar de los 7 grados centígrados que los votantes aguantaron con estoicidad. “Vivimos divididos – nos comentó una de las Veneguayas-, tenemos mejor calidad de vida acá pero nuestro corazón y pensamientos siguen en Venezuela”.

Días antes, mientras paseábamos por el mercado callejero de Tristán Narvaja contamos 8 puestos de comida que exhibían la tricolor con estrellas, mientras ofrecían a todo pulmón arepas, tequeños y perros calientes criollos. La presencia de venezolanos es creciente entre los uruguayos, quienes hasta ahora han sido generosos en muestras de reciprocidad por la hospitalidad que dicen recibieron en Caracas en otros tiempos. ¿Cómo mantener viva nuestra cultura en el exterior? se preguntaban las Veneguayas. Escuchándolas sentía emerger el gentilicio que pensaba perdido tras años de intervención estatal y polarización. Mientras ellas van encontrando sus respuestas, yo agradezco el esfuerzo por seguir siendo lo que alguna vez fuimos, en nombre de todos aquellos que al llegar a esa República Oriental se han sentido un poquito menos solos. 

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