“La vida feroz”: resistir en Caracas con todo en contra


¿Quién es el duro, el que da coñazos o el que aguanta?, es una de las interrogantes presentes en el libro

 María Laura Chang 

En Caracas Gótica se unen dos visiones literarias sobre un tema: la violencia citadina en Venezuela. Rodrigo Blanco Calderón y Héctor Torres, con estilos disímiles y empleando géneros diferentes, buscaron en sus obras estampar esta peligrosa cualidad de la capital, para dejar no solo el registro, sino productos literarios estéticamente atractivos. No en vano, The Night y Caracas muerde (la primera de la trilogía de Torres) ya cuentan con traducciones, o proyectos de traducciones a lenguas extranjeras, y muchísimos seguidores hispanohablantes.

Cuando Héctor Torres escucha una percepción sobre su reciente obra publicada por Ediciones Puntocero, se queda pensativo. Debe reflexionar si realmente La vida feroz tiene o no un tono más fuerte contra el poder que sus dos antecesoras: Caracas muerde y Objetos no declarados. “Esta es La vida feroz. Voy a contar historias de gente que, con todo en contra, sobrevive y ese todo en contra, en buena medida, es un poder despótico y totalitario que, como si fuese el destino, es de pronto capaz de poner el dedo sobre alguien y decidir que a ese alguien le va a cambiar la vida para siempre”, dice luego.

Las alusiones que allí se encuentran probablemente no devienen de una elección intencional, sintetiza el autor, sino que en la Venezuela de ahora es un aspecto que está mucho más presente y es imposible de obviar. Para él, no contar estas historias sería salirse deliberadamente de un contexto que está allí y que lo inspira. “Ocultarlo, no agregar historias de ese tipo al libro, su ausencia, se notaría más que su presencia, porque es parte de la vida feroz”, insiste. Pero eso no quiere decir que el escritor sienta que tiene un deber, o la obligación de incorporarlo a su obra.

Torres considera que el texto literario no es el escenario para opinar de la realidad inmediata, de la política, ni tampoco para fijar una posición. Eso lo deformaría ya que “tiene su propia naturaleza, su propia dinámica, sus propios elementos”. El verdadero compromiso de un escritor es con la obra y con su propia visión del mundo, si se desvía corre el riesgo de caer en el “panfleto”, advierte.

En este libro hallaremos, entre otras historias, a una joven madre que lo abandona todo por salvar la vida de su hija; a un hombre que debe pelear a puño y sangre para obtener el respeto familiar; a los que sin posible escapatoria cargarán una cruz a cuestas por cometer el delito de existir, pues han nacido bajo el sino de la pobreza; a quien batallará con la tormenta de la vida y la sola idea de alcanzar la superficie y respirar en medio de la lucha significará la victoria. En estas páginas no hay espacio para la debilidad. Ni para sus protagonistas ni para sus lectores. La vida feroz, precedido por Caracas muerde y Objetos no declarados, cierra la trilogía que ha escrito Héctor Torres sobre la ciudad, destinado a sus seguidores más audaces y a quienes cuentan con la fortaleza de mirar la vida de frente.

La Caracas de La vida feroz sigue compleja y alocada, pero en ella sus personajes tienen unas características que los diferencia y los empodera. “Son personas que viven en unas condiciones determinadas, que están sometidos a un universo terriblemente adverso, pero que tienen por mandato definitivo vivir”, dice el autor al respecto. De esta manera se aleja de los focos anteriores: el miedo que nos hace copartícipes de la violencia, o aquellos rasgos en nuestro ADN que nos empujan a propiciar la violencia.

“Incluso aparece en uno de los epígrafes: ¿Quién es el duro, el que da coñazos, que se la tira de malo, o el que aguanta? Yo creo que más duro es el tipo que no se cae, que no lo tumba nadie por más que le den”, apunta. Alrededor de esta idea se desarrollan las crónicas de esta nueva y última entrega de su trilogía. “Es gente que cruza la calle todos los días y lo que tienes que hacer es no dejarse vencer”, resalta.

El espejo o el reflejo

Al terminar cualquiera de los textos de Héctor Torres la pregunta automática es ¿será una historia verdadera? La periodista Albor Rodríguez mencionaba en la presentación del proyecto que tiene junto al escritor, La vida de nos, que en sus clases era común que los estudiantes más jóvenes buscaran en Internet el nombre del protagonista de un texto de Torres, aunque éste no existiera en la realidad. La anécdota, aunque divertida, demuestra que las historias que elabora el autor son tan bien elaboradas y tan cercanas, que el cerebro evita calificarlas de ficción.

“Es complicadísimo. A mí me importa contar historias y el editor decide, porque no tiene una tercera categoría, que esto es no ficción ya que obviamente tiene un arraigo enorme en la realidad”, dice sobre el tema. Esto no quiere decir que no se permita licencias, se las da todas, porque a diferencia de un periodista no se priva de nada por tener que apegarse a los hechos. “Por eso es que yo digo que escribo historias, porque no me debo a ningún canon periodístico, pero tampoco decir que son absolutas invenciones, porque no lo son”, sugiere.

“Llevamos siglos separando ficción y realidad con un biombo imaginario” es una frase de Enrique Vila-Matas que rescata Héctor Torres y que busca romper finalmente con la categorización de este tipo de textos. “Es imaginaria (la separación de categorías) porque un recuerdo que das por cierto y lo conviertes en dogma, a lo mejor lo inventaste, tal vez te lo hicieron creer, y aunque para ti es una realidad, en el fondo fuiste tú el que decidió cómo percibirlo”, dice el autor venezolano.

El contar, para Torres, debe estar en un intermedio. Si el escritor toma únicamente los elementos fácticos y verificables, sacrifica fuerza y potencialidad al tema a tratar, asegura. “Caracas muerde está llena de historias que nadie me puede decir que no transmiten lo que es Caracas. Esto es mi visión de la ciudad en la que vivo y como a cada historia tengo que sacarle el jugo al máximo para que den todo lo que tienen que dar en el aspecto que yo quiero tratar, me sobra la necesidad de un apego obsesivo”, indica.

Para concluir la entrevista, Héctor Torres sintetizó estas palabras de la siguiente manera:

Caracas: Si la humanizamos es una neurótica, una tierna medio esquizoide que puede tener momentos de ternura, puede tener una belleza distinta. A veces puedes verla como una mujer que perdió el esplendor, pasó el tiempo, pero todavía, si la ves en reposo tiene atisbos de belleza, aires de niña… aunque finalmente si está jodida.

Violencia:  Si Thomas Lynch dijo “La prima pobre del miedo es la rabia”, la violencia es una sobrina bastarda del miedo.

Viveza: La viveza es una forma de violencia, y por ende se adscribe a lo mismo. La viveza es falta de confianza en tus recursos.

Literatura: Es una palabra muy mal comprendida, porque vista desde afuera tiene un rango de respetabilidad de distancia que en la realidad no tiene. Literatura es más o menos la vida, la vida pensada, la vida a otro ritmo.

Fuente: http://esferacultural.com/la-vida-feroz-resistir-caracas/2032

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