La Estrategia Equivocada

Ismael Pérez Vigil

La dictadura tiene su estrategia clara: ganar elecciones; por eso las convoca cuando las puede ganar y abusa de los recursos del poder y hace fraude, con tal de ganarlas.

La dictadura, que es militar, se sostiene por la fuerza de las armas, pero no se legitima haciendo elecciones, se legitima ganando elecciones. Y las gana a base de una minoría que la apoya con votos –cultivada a base de populismo clientelar, proselitismo, intimidación y dadivas–, una maquinaria bien “engrasada” y haciendo fraude.

Mientras, la oposición se estrangula en un círculo perverso y repite estrategias equivocadas. La estrategia de la oposición no solo no está clara, no es la correcta. Para solaz de la dictadura, retirarse de la elección de alcaldes y plantear como única alternativa lograr unas condiciones electorales “justas”, que pasen por el cambio de CNE es una estrategia que nos mete en un callejón sin salida. Se debe denunciar permanentemente las irregularidades y presionar por los cambios que aspiramos, pero eso solo tiene sentido y será efectivo en la medida en que participemos y nos anticipemos, no absteniéndonos.

La participación en las elecciones regionales del 15-O fue una estrategia correcta, era una apuesta que se debía tomar para repetir el triunfo de las elecciones parlamentarias del 2015: más del 50 % de los votos y 2/3 de la Asamblea. La organización desplegada en 2015, con los equipos de los diputados y testigos en más del 90 % de las mesas, la alta participación votando por la oposición anularon todos los abusos y trampas que hicieron el Gobierno y el CNE, porque también en 2015 hubo fraude continuado. Siempre ha habido fraude –continuado– desde que este régimen tiene el poder, ha sido parte de su estrategia. Y a pesar de eso, hasta ahora la estrategia electoral, la participación en elecciones es lo único que le ha dado triunfos y consolidado a la oposición y le ha dado proyección y respeto internacional. El éxito obtenido en 2015 demuestra que la estrategia electoral es esencialmente correcta y efectiva.

Los procesos electorales, o eventos como el plebiscito del 16J, son lo único que ha tenido convocatoria multitudinaria, que han movilizado a millones de personas. Allí hay un mensaje claro del pueblo hacia los políticos: queremos esta vía, la vía electoral, la vía del voto, esa es la que estamos dispuestos a seguir millones de venezolanos. Este es un hecho que no admite dudas por más que contra él han irrumpido posiciones radicales y abstencionistas, las que hemos criticado abiertamente pues desmovilizan a la población.

Estamos ahora enfrentados a un agudo dilema. Están convocadas las elecciones de alcaldes para dentro de seis semanas. Para el próximo año están previstas, constitucionalmente, las elecciones presidenciales y ¿Qué decidió una buena parte de la oposición? No participar en las elecciones de alcaldes.

Si no participamos, la dictadura se quedará con casi todas las alcaldías, digamos lo que digamos del proceso y del CNE –que no es seguro, que no hay garantías, que es ilegitimo– de todas maneras, se realizaran las elecciones, lo vivimos en el 2005 y el 30J. Vamos a repetir el mismo error de no participar, como en las parlamentarias del 2005. El CNE no cambió ni va a ser cambiado. ¿Cómo explicaremos en 2018 que sí vamos a ir a las elecciones presidenciales con este CNE o no lo haremos y le vamos a regalar a la dictadura seis años más?

Con la decisión de no participar en las elecciones de alcaldes la MUD, además, está entregando a los vecinos a la dictadura y todo por tranquilizar la conciencia de algunos a quienes les angustia “votar con este CNE” –como si fuera muy distinto a los otros con los que hemos votado– o se lamentan porque las elecciones no tienen “garantías”. ¿Cuándo han sido “seguras” las elecciones o cuándo nos han dado “garantías” desde que Hugo Chávez Frías llegó al poder?

¿Qué es lo que se está planteando, que tenga asidero real? Porque es fácil decir que hay que elegir un nuevo CNE y que se deben hacer elecciones en “condiciones seguras” y otras consignas similares; pero ¿Cómo lo logramos? (Con el perdón de la pregunta, porque a algunos no les gusta que se les pida digan que alternativas proponen) Si entregamos las alcaldías, ¿Han pensado los agoreros radicales o los líderes de la neo-oposición donde van a convocar manifestaciones, marchas, trancazos, cuando la dictadura las controle todas? Pensar que la forma de recobrar la deteriorada confianza de los electores en la política y en los partidos es abandonar las alcaldías, que son el primer contacto del ciudadano con la política, es un grave e irresponsable error, que costara votos en el futuro.

“Todo el poder a los soviets”, exclamaban los bolcheviques en Rusia en mayo de 1917 para desconocer el gobierno provisional de Kerensky, un siglo después nuestros líderes los emulan con “Todo el poder a la dictadura”

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