La diáspora

Piero Trepiccione

Quizás no sea un tema que tenga la suficiente fuerza para estar en la agenda pública del país todos los días, pero su importancia no deja de ser trascendental. La migración de venezolanos hacia diferentes destinos en el mundo es un fenómeno al que ya nos estamos acostumbrando por lo masivo en que se ha convertido. Para el sociólogo investigador Iván De La Vega, cerca del ocho por ciento de la población venezolana de treinta millones de habitantes ha migrado hacia otras latitudes. Un porcentaje que no tiene parangón en nuestra historia republicana y que inclusive es comparativamente mayor a fenómenos similares en América Latina en décadas recientes. Este fenómeno se ha presentado con regularidad a partir del año dos mil con algunos picos de acuerdo a la evolución política y económica de Venezuela; aunque el fenómeno ha arreciado a partir de 2014 y no se ha detenido o desacelerado sino por lo contrario se ha profundizado. Según el seguimiento que constantemente hace el también profesor de la Universidad Central de Venezuela, De La Vega, alrededor de dos millones de connacionales se encuentran esparcidos por más de noventa y cinco países alrededor del orbe. Destinos como España, México, Estados Unidos, Argentina, Colombia, Panamá, Canadá, Brasil, Italia, algunas islas del Caribe, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Costa Rica, entre muchos otros, dan cuenta de la llegada de familias venezolanas buscando mejores horizontes para la vida cotidiana.

El fenómeno migratorio es de tal magnitud y con la poca tradición en un país como el nuestro que ya se consiguen en internet manifestaciones poéticas que revelan mucho dolor por parte de quienes han tenido que hacer maletas y despedirse de la tierra que los ha visto nacer. “Venezuela queda en países que no son el suyo” por ejemplo, lo ha escrito Golca Rojas en 2015. Revelando la dureza de vivir la migración. Son comunes también las fotos que aparecen con demasiada frecuencia en redes sociales de jóvenes abrazados al tricolor nacional en el pasillo central del aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía con palabras de despedida y añoranza por los seres queridos y el terruño. Escenas desgarradoras que quedan grabadas para la historia donde miles de familias se separan para que alguno de sus miembros alcance un futuro diferente al presente complicado.

De igual manera, el investigador Iván De La Vega revela un dato que debería preocupar especialmente a quienes dirigen el gobierno venezolano y son los principales responsables de la formulación de políticas públicas. Cerca del cincuenta por ciento de quienes emigran son profesionales cualificados; tomando en cuenta que formar a un profesional lleva alrededor de veinte años mientras que para formar un investigador la cifra se alarga a treinta años, es realmente preocupante que para las próximas décadas vamos a tener limitaciones en diversas áreas del conocimiento justamente por la fuga de talentos que hemos venido padeciendo de menor a mayor grado. En mi caso particular, tuve la oportunidad de dictar la cátedra de geopolítica en el programa de desarrollo humano de la Ucla en el Estado Lara y pasaron por allí alrededor de cuatrocientos  estudiantes que posteriormente egresaron. Tengo contacto con la mayoría de ellos vía redes sociales y por ello tengo la certeza de al menos ciento veinte que están fuera del país tratando de progresar. Traigo este ejemplo a colación porque es una carrera nueva y única en el país y el hecho que cerca del treinta por ciento de sus egresados estén buscando horizontes en otras latitudes nos debe preocupar enormemente.

La migración de venezolanos hacia el exterior impacta las elecciones locales, estadales, las circunscripciones parlamentarias locales y nacionales. También los procesos formativos en universidades, la generación de conocimientos para la búsqueda de soluciones a los desafíos actuales y del futuro. Impacta la calidad de los servicios de salud (muchos médicos han partido sin retorno) impacta el liderazgo de la nación y los relevos generacionales necesarios. La tranquilidad de las familias, la idiosincrasia nacional. No podemos calificar este fenómeno dentro del ámbito de la polarización política porque todas las familias sean de cualquier visión ideológica han sido diezmadas sin distingo. Pero el impacto mayor a mi juicio tiene que ver con las autoridades del país que ni siquiera mencionan el problema en sus discursos ni lo toman en cuenta para generar políticas que lo contrarresten. La actitud olímpica de ignorarlo no nos va a eximir de sus duras consecuencias en el futuro.

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