Juramentados, ¿Y ahora qué?

Francisco Bruzco

Ismael Pérez Vigil

Prescindir de la posición personal, despojar los hechos de sus connotaciones éticas, morales, de principios, que las tiene y son importantes, para tratar de ser objetivo y analizar el tema políticamente, sus pros y sus contras, es la tarea del analista político para explicar, no para justificar o condenar.

Hacia el largo plazo –creo que es hacia donde apuntan AD y su hoy líder principal, Ramos Allup– están confiados en que los gobernadores van a poder hacer algo, que los que los eligieron no les va a importar ante quien juren, porque más les importa salir de los gobernadores chavistas, pero sobre todo confían en la secular “mala memoria” del venezolano, que en tres meses habrá olvidado todo. ¿Será en el largo plazo una decisión política exitosa, afortunada? Solo el tiempo lo dirá.

En el corto plazo, en lo inmediato, desde el punto de vista de la coherencia, la credibilidad de los actores políticos y la eficacia de la decisión, no puedo sino decir que fue un error, una pésima decisión. Si durante la campaña no se hubiera dicho, hasta el cansancio, oficialmente por la MUD y personalmente por sus voceros, incluido Ramos Allup, que los gobernadores no se juramentarían ante la ilegítima ANC, la situación probablemente habría sido diferente. Pero no fue así.

Ya la dictadura les nombró “protectores”, estructuras paralelas e inició el proceso de despojarlos de recursos, como han hecho en otros casos. El problema grave es que la unidad opositora, ya carcomida por dentro, queda más resentida internamente y no sabemos bien cuál será la reacción de la comunidad internacional; el premio Sajarov a la oposición venezolana, es un buen augurio, nos da cierta esperanza de que comprenden lo que pasó el 15-O y después.

Otra secuela grave es que AD –principal partido opositor, nos guste o no– deja de ser un partido confiable para cualquier alianza política.

Lo peor es que la vía electoral como alternativa, el voto como derecho, hace agua por todas partes y nadie propone algo coherente como alternativa, que no sea insinuar una salida de fuerza, interna o internacional. Hay algo espeso en el ambiente, algo se ha roto, la confianza básica en el voto ha desaparecido. Hay, como diría Saramago, “… un corte de energía cívica”. (Ensayo sobre la lucidez. Alfaguara, mayo 2004)

La dictadura convocó para el 10 de diciembre próximo las elecciones de alcaldes; la oposición se debate en el sí o el no; ya Freddy Guevara ha dicho que VP no participará. Se nos presenta un agudo dilema. El CNE ni va a renunciar, ni lo van a cambiar, ni va a dejar de hacer las elecciones con los mismos abusos y trampas. Debilitados, divididos, en muy malas condiciones nos toca decidir qué es lo que vamos a hacer. Si participamos, sabemos que pueden volver a hacer trampa y a lo mejor tampoco vamos a tener la fuerza para impedirlo. Si no participamos, la dictadura se quedará “legalmente” con todas las alcaldías. Asistirán cuatro gatos, pero no les importa, ya nos han demostrado que tienen la “manera” de hacer que parezca que son millones.

Hay un punto que la oposición no parece haber entendido; esa burocracia partidista del PSUV, que con recursos opera en todo el país, a la orden para acosar, para hacer proselitismo, intimidar, trampear procesos electorales, es además mantenida por el Gobierno Central, las empresas del Estado y sobre todo por gobernaciones y alcaldías; de allí la importancia de ganar las gobernaciones y alcaldías para despojarlos de esa burocracia enquistada. Y parece tarde para entenderlo.

Por otro lado, ¿Cómo se defiende el derecho al voto sin votar? Me temo que no hay recetas, ni fórmula única. ¿Quién sabe?; quizás es como dice Saramago: “…hay que tener mucho cuidado con lo que se cree saber, porque por detrás se oculta una cadena interminable de incógnitas, la última de ellas, probablemente, sin solución”.

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