¿Hay algo que celebrar?

Amalio Belmonte

“No es una operación militar, es un vigoroso impulso de las masas proletarias contra las clases dominantes …Los obreros armados convocados a una a última batalla” (Lenin Tesis de Abril).

Esta premisa de Lenin que apenas se hizo realidad en Rusia, muestra la misma debilidad que otra postulada por Cárlos Marx, cuando se refriere a las supuestas condiciones objetivas que existían en los países más industrializados de Europa: “mientras mayor sea el número de obreros con respecto a otros sectores, más cerca está la Revolución” . En ese momento Alemania, Inglaterra y Francia poseían el más alto nivel de industrialización. Así, de acuerdo al filósofo alemán, estaban en riesgo revolucionario, por cuanto las Reglas del Socialismo Científico “determinaban el inevitable final del capitalismo para ser sustituido por el Socialismo”.

No ocurrió de esa forma, Vladímir LENIN, Lev Davídovich Bronstein (Trotsky), José Stalin, Gregori Zinoviev, Lev Kamenev, Nikolai Bujarin dirigieron una Revolución marxista en Rusia, uno de los países más atrasados de Europa. El talento del viejo Marx fue víctima de una jugarreta histórica.

Tampoco fue generosa la historia con Lenin ni con Trotsky. Salvo en Rusia y China nunca hubo una Revolución genuina, basada en el marxismo/leninismo.

Europa oriental se hizo socialista, como remedo de la URSS, sin gloria ni épica. Lo hizo posible el poderoso Ejército Rojo de Stalin como botín de la II Guerra Mundial. No fue la clase obrera.

En el cercano Caso Cubano, sin negarle mérito a Fidel Castro, se declaró marxista una vez consolidado en el Poder. Tampoco fue un movimiento del proletariado cubano, si acaso existía.

El Centenario de la Revolución Rusa, que el Gobierno de Maduro celebra, incluye a uno de los regímenes más tenebrosos del Siglo XX, junto al de Hitler. Nos referimos al de Iósif Stalin, 24 años como Dictador.  Después de su muerte (1953), el Partido Comunista, de forma inesperada, (PCUS) durante su XX Congreso denuncia al régimen que presidió por: “Culto a la personalidad, caudillismo, represión a la disidencia, corrupción, asesinato de los dirigentes históricos. Solo se salvó LENIN (había muerto) militarismo y autoritarismo…”

Cuando Maduro habla, gesticula y grita extasiado para hacer loas al Centenario del Octubre rojo de 1917, le rinde homenaje a Stalin.

Sabrá que ese tipo de régimen se desplomó por la acción del PROLETARIADO polaco del Astillero Lenin (que ironía) en la ciudad de Gdánsk, que se extendió hasta la URSS y terminó con el sueño de Marx y Lenin para siempre.

Impermeables al desaliento.

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