¿Esto es una guerra?

La represión, que se repite en las diversas convocatorias que hace la oposición en Venezuela, tiene en Caracas otro cariz

Aymara Lorenzo

En uno de los puntos de la concentración convocada por la oposición el 31 de mayo había múltiples conversaciones. Todos se preparaban para marchar, esta vez hacia la Cancillería. Eran las 11 de la mañana.

Era como prepararse para una guerra. En diversos espacios de la plaza estaba ubicados. Todos cumplían un rito. La mayoría de las personas eran mujeres, de todas las edades, pero mujeres más que hombres que esperaban el momento de salir. De ellas algunas hablaban con los adolescentes, esos que son llamados “los de la resistencia”.

Una señora le cuenta a uno de esos muchachos que la botaron hace siete años por pensar diferente, tenía 22 años en la contraloría regional. El joven que lleva un casco que dice “Catia presente” le responde que viene desde Catia a manifestar, porque allá los colectivos le impiden protestar.

Converso con un joven de 17 años, me cuenta que tiene cinco años durmiendo en la calle, desde que sus padres murieron. Dice que lucha por el futuro, porque del presente no conoce otra vida sino la calle y el hambre. Tiene una hija de dos años y un varón de uno. Los niños de la calle que Chávez prometió erradicar continúan en la calle, pero ahora son parte del frente de la movilización que a diario enfrenta la represión de Maduro, quien con arte viene destruyendo su legado.

Con la cara cubierta con telas, con máscaras antigases los que las tenían, pero todos se alistaban para cubrirse con diversos tipos de cascos y protectores de los que se usan en varios deportes. Era como un ejército de adolescentes. Se agrupaban con un sentido de pertenencia como en pelotones para prepararse. Era un lugar de contrastes. Jóvenes cuya uniformidad era no tener un uniforme, pero sí ropas, en muchos casos raídas por el tiempo de uso, con máscaras y una indumentaria con la que seguro presumían podrían enfrentar el agua a presión, bombas lacrimógenas, perdigones y, en algunos casos, metras que impactarían en los cuerpos de los marchistas.

En otro lado de la plaza se organizaban socorristas con gasas, soluciones de antiácidos y bicarbonato de sodio en atomizadores para minimizar los efectos de los gases lacrimógenos, a los que era obvio pensar, tendrían que exponerse para ayudar a quien fuera alcanzado en esta jornada.

A pesar de que suponían lo que iba a suceder en esta nueva marcha cuando avanzaran la Guardia y la Policía Nacional quienes se oponen a Maduro y piden un cambio para el país salieron de nuevo hacia la autopista. De eso se trata la resistencia. Los que marchan están convencidos de que eso es lo que tienen que hacer ante un gobierno que utiliza las armas del Estado para reprimir.

Los jóvenes con escudos y máscaras avanzaban con rapidez para tomar el frente de la movilización. En la autopista Francisco Fajardo, a nivel de El Rosal se desplegaba el grupo Dame Letra, construyendo un mensaje para que fuera visto por los militares, que esta vez estaban apostados mucho más cerca que la anterior.  A la una y treinta minutos en punto comenzó el bombardeo de agua y el avance contra los manifestantes. El ataque fue indignante. Barrieron toda la autopista hasta llegar al distribuidor de Altamira, que nuevamente fue escenario de una batalla campal. Piedras contra el chorro de agua a presión.  Cohetones contra perdigones, metras y hasta tuercas.  Y armas como las que fueron captadas por la imagen de un fotógrafo, de la que no se tiene precisión son o no de guerra.

Algunos de los motorizados que sacaban heridos y los que bajaban a los muchachos que enfrentaban esta nueva represión en la zona lo hacían como su forma de apoyar la protesta. Uno de ellos, de Charallave, trabaja en una cooperativa como mototaxi y contó que donde vive no puede hacerlo porque los colectivos están tan armados que nadie se atreve a cerrar una calle.

Mientras esto ocurría en Caracas, en la sede de la Organización de Estado Americanos se debatía el caso de Venezuela. Dos propuestas fueron presentadas para discutir el caso de Venezuela con dos proyectos de declaración. La impulsada por 18 países que condenaba la Constituyente y exhortaba al diálogo entre las partes en conflicto en Venezuela, gobierno y oposición. La otra promovida por Caricom y otros países que no condenaba la Constituyente, pero que señalaba que no contribuía a una solución y también exhortaba al diálogo.   No hubo acuerdo por lo que de nuevo deberá fijarse una fecha para abordar el tema en el marco de la asamblea que se celebrará en junio.

¿Cuánto más deberemos resistir los venezolanos ante un gobierno que violan derechos humanos y que además avanza en su intento por instalar una Asamblea Nacional Constituyente sin la debida aprobación del voto del soberano, puesto que así también lo decidió el miércoles 31 de mayo el Tribunal Supremo de Justicia? ¿Cuánto más?

Fuente: http://www.notiminuto.com/noticia/esto-es-una-guerra/#.WTRtDe1apaA.whatsapp

 

 

 

 

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