En dos platos

Luis Martínez

La única salida pacífica y constitucional que está planteada en Venezuela es la salida electoral. Recrearse en salidas no establecidas en la constitución producto, más de deseos súbitos de cambios que de sustento legal, fortalece la posición del gobierno y debilita la fuerza y credibilidad ganada por la oposición, tanto a lo interno como internacionalmente.

La MUD se ha empinado en su prestigio a fuerza de aciertos políticos con el impulso de concentraciones pacificas en espacios públicos y organizaciones de marchas masivas que muestran la potencia del respaldo que tienen de la gran mayoría de los venezolanos ansiosos de cambio. Ese prestigio de la MUD y sus líderes le ha permitido ganar confianza y seguridad en la mayoría del pueblo venezolano, minimizando fantasmas de violencia e incertidumbre. Hasta ahora, el único y absoluto propietario de la violencia política contra un pueblo que muestra su descontento e irritación, es el gobierno. A mayor manifestación popular, la respuesta de este siempre ha sido mayor represión. Bordean un peligroso camino que solo el mismo gobierno tiene la posibilidad de desactivar. Y ello es viable con solo establecer, de manera clara y contundente, un cronograma electoral para elecciones de gobernadores, alcaldes y presidente de la república entre 2017 y 2018, con observación internacional y garantías plenas de que, la voluntad expresada por el pueblo venezolano, será respetada. 

El gobierno en estos últimos tiempos, ante continuos errores políticos y estratégicos cometidos, no solo ha perdido la calle y el apoyo de los venezolanos, sino que a lo interno se le han producido fisuras y grietas que develan las grandes contradicciones que tienen y afloran públicamente. Esas contradicciones se agudizaran aún más a medida que la exigencia de cambio pacífico, constitucional y electoral centre y cope plenamente la estrategia y el discurso de la MUD. Se trata de sumar el mayor número de voluntades políticas para producir el cambio. Cometer errores en momentos de tanta tensión, rabia y emotividad puede, no solo retardar el proceso de cambio que ha ganado enorme espacio en el país, sino que puede fracturar la sociedad venezolana y llevar a una lucha fratricida, violenta y descontrolada que multiplicaría los problemas que agobian a los venezolanos y profundizaría la crisis a niveles desconocidos.

El principal responsable de la crisis que padece Venezuela es sin duda el gobierno y es el gobierno quien responsablemente puede pavimentar el camino para salir de ella sin traumas y sin violencia. Hasta ahora la batuta y dirección política del oficialismo que centra su estrategia en obstruir una salida pacífica, constitucional y electoral a la crisis, ha sido dominada por los sectores más radicales, antidemocráticos y militaristas que hacen vida en él. De allí la importancia de darle relevancia a pronunciamientos de sectores que contradicen esas posturas a lo interno del régimen. Por su parte la MUD tiene que minimizar actitudes internas radicales que pretenden echar por la borda lo que hasta ahora se ha logrado a fuerza de inteligencia y correctas estrategias que han permitido tomar la ofensiva política, debilitar al gobierno y estar a punto de lograr el principal objetivo que se persigue: cronograma electoral con garantías para elecciones regionales, municipales y presidenciales este y el próximo año. Por la senda correcta.

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