Elecciones en Francia

Javier Contreras

Hoy todas las miradas de la política europea se centran en Francia. Los comicios del pasado domingo 23 de abril cumplieron con los pronósticos, Emmanuel Macron y Marine Le Pen se repartieron la preferencia de un electorado que acudió masivamente a expresarse en las urnas, con una participación que rondó el 78 % del padrón electoral.

Macron representa el centro del espectro y es el candidato del establishment pro europeísta, por lo que su opción es avalada con beneplácito desde Bruselas, centro de la institucionalidad de la unión política y económica que pasa hoy, como nunca antes en su breve historia, por una crisis que ha tenido en el brexit su máxima expresión.

Por su parte, Le Pen es la cara visible de la derecha más recalcitrante, populista y nacionalista que, en la actualidad, ha ganado adeptos como consecuencia de la migración que ha aumentado la cantidad de refugiados africanos y árabes que arriban a territorio europeo. Culpabilizar de los estragos económicos, inseguridad y pérdida de puestos de empleo a los migrantes es un tema recurrente en el discurso de Le Pen, quien al mismo tiempo plantea la pertinencia de darle la espalda al bloque europeo y crear una legislación más rigurosa en materia de migración y flujo de personas como freno a la escalada de otros de los problemas gruesos, el terrorismo.

El argumento anti europeo de Le Pen tuvo más eco en la población entre los 50 y 59 años, sector etario que le favoreció con su voto; mientras que Macron fue el más votado en el segmento poblacional enmarcado entre los 25 y 34 años. Marcar la preferencia electoral de los franceses por grupos de edad obedece a la intención de establecer un paralelo con lo sucedido cuando se llevó a referéndum la posibilidad de que el Reino Unido saliera o no de la Unión Europea. En esa ocasión, los que apoyaron la desanexión, conocida como el brexit, fueron mayoritariamente las personas mayores de 50 años, en detrimento de las aspiraciones de una población joven que, por triunfalismo o desatención, votó en menor cantidad de lo que debió.

Al margen de la descripción de la distribución de los votos, es pertinente señalar que, en la segunda vuelta, a desarrollarse el 7 de mayo, los franceses estarán eligiendo entre el menos malo de los candidatos. Está claro que un hipotético triunfo de Le Pen sería una pésima señal para todos, con lo que se alimentaría la discriminación y la xenofobia, entre otros signos de involución.

De triunfar Macron, el alivio será, sobre todo, para los grandes poderes económicos que encontrarán en él un aliado confiable para seguir acumulando riquezas e influencias, amparados en una institucionalidad que si bien es cierto resulta importante, no garantiza, por sí misma, el respeto a la dignidad de las personas concretas que no en poca proporción, desean cambios significativos a los que no pueden siquiera aspirar por el peso de las dinámicas establecidas, y el poco nivel de sus representantes políticos.

 

 

 

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