“El miedo ayuda a hacer buenas fotos”

Ezequiel Abdala

Cristian Hernández no tiene cara para su edad. Tampoco para el oficio que ejerce. Vestido con una camisa beige, como estaba ese día, bien podría pasar todavía por bachiller. De parasistemas si quieren, pero bachiller. Y resulta que no. Resulta que ese muchacho flaco y despeinado con el que hablo entre bulla, cerveza y lonjas de cerdo en los populares chinos de Los Palos Grandes, es en realidad un tarajallo de 27 años, con título de Comunicador Social de la UCV, un montón de medios en su CV (‘El Tiempo’, ‘Tal Cual’, ‘2001’, ‘Últimas Noticias’) y parte del ‘staff’ profesional nada menos que de la madrileña agencia EFE.

Y quién lo diría. Porque en principio Cristian lo que quería era hacer radio; y de hecho fue ello lo que lo motivó a estudiar Comunicación Social en la Central. Sin embargo, en su camino se cruzaron la fotografía y Héctor Castillo (fotoperiodista de ÚN y profesor de la UCV) y lo demás fue una historia que él resumirá magníficamente con un “mis fotos eran mejores que las de todos mis amigos…y bueno”. Y bueno que entonces se dio cuenta de que servía para eso, se compró una Nikon D40X, hizo algún taller, salió a la calle, conoció a otros fotoperiodistas, aprendió de ellos, comenzó a experimentar, trabajó en un montón de medios, llegó a EFE y cuando ya estaba considerando irse de Venezuela, estallaron las protestas y, contrario a lo que haría el resto del mundo, se quedó demasiado.

Ya el día de la entrevista tenía el cuerpo lleno de cicatrices, producto de la cantidad de bombas, piedras y perdigones que ha recibido, y también de alguna caída explicable y memorable. Hoy, día de la publicación, no tiene teléfono: se lo robaron los colectivos, junto con una de sus cámaras, el 05 de julio en la AN. Ese día lo tiraron al suelo y lo patearon. Pero no lo sacaron de la calle.  Cristian no se arredra ni se asusta, sigue. ¿Qué se le va a hacer?: le gusta estar en la candela, que es, de hecho, la forma que tiene para describir su oficio. Aquí la conversación con un pirómano de las fotos:

–Cristian, un fotoperiodista es alguien que…

-…aunque sabe que es peligroso, igual se mete en la candela.

– ¿Qué se necesita para ello?

-Básico: tragarse el ego. Saber que tienes demasiado que aprender y que todo lo que sabes puede estar mal. A ti te podrán gustar mucho tus fotos y de repente puede que no sirvan para eso.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-Para mí esto es una pirámide y la base es informativa. Todo lo demás es lujo. Hay fotos movidas y desenfocadas que sirven. Ahora, si la foto es bonita, mejor. Y si es redondita, perfecto.

– ¿Qué es una buena foto para ti?

–Una que cumpla la función de informar y de contar una historia. En segundo plano queda si es bonita o no. Repito: la base de la pirámide es que la foto informe y cuente lo que tiene que contar.

– ¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

–Siempre y cuando no estés manipulando la imagen para que sea otra cosa distinta a la que tomaste, sí. Puedes cambiar las luces, cropear, pero quitar algo, no: porque tú estás comprometido con la verdad.

– ¿Existe el fotoperiodismo ciudadano, Cristian?

-La cosa es que hay una demanda altísima de información y nosotros no podemos estar en todos lados. El fotoperiodismo ciudadano está bien, pero habría que ver qué quiere comunicar el ciudadano y qué herramientas tiene.

-Te lo pongo más fácil, ¿una persona con una cámara es un fotoperiodista?

-Podemos hacer una prueba: dile a esa persona que vaya a una marcha chavista. ¿Va a sacar buenas fotos o va a sacar fotos de las vainas feas que él ve? ¿Es capaz de tomar fotos de una vaina chavista e informarte correctamente? Yo creo que la prueba de fuego sería enviarlo a cubrir algo que lo incomode. Porque lo importante es que tienes que ser profesional donde estés, en la situación que estés, sea peligrosa o no, aburrida o divertida. Esto no es solo tomar la foto, sino saber lo que necesitas: puedes tomar una foto arrechísima o bella y que no informe, y te la desechan porque no sirve.

– ¿Con qué equipo trabajas ahorita?

–Con una Canon 5D de gama alta. Pero eso no importa mucho: lo usas porque son las herramientas que te dan.

– ¿No importa, dices?

–Yo creo que la flecha no hace al indio, pero a mejor flecha mejor indio. Es una relación 50/50. Puedes tener la mejor cámara y no saberla usar, o tener una mala y tomar una buena foto.

– ¿Hay algún lente que te guste en particular?

-Lo que me gusta más son las cámaras full frame y los lentes L. Esas cámaras son rápidas y responden muy bien. La calidad es otro nivel.

– ¿Quiénes son tus referentes?

-Depende. Tengo pintores, artistas, otros fotógrafos.

-De pintores…

-Rembrandt

– ¿Por qué?

-La luz. La luz de Rembrandt es muy buena. Y también Goya me gusta.

¿Cómo describirías estos días de cobertura?

-Ha sido más violenta. A nivel político creo que la situación está bastante delicada y hay que respetarla y hay que tener la cabeza bastante fría.

– ¿Qué ha sido lo más difícil de esta cobertura?

-En La Urbina nos echaron tiros. Eso fue difícil. Me ha tocado correr, colectivos me han tratado de quitar la cámara, me han golpeado; en 2014 me rompieron el casco con un tubo. Hay varios momentos peligrosos y probablemente no sean los últimos.

– ¿Has llegado a sentir que tu vida está en peligro?

–Cuando nos han echado tiros y vamos pa’lante, con cuidado. En esos momentos.

– ¿Y una foto vale la vida?

-No. Nunca. Ninguna foto vale la vida.

– ¿Ni siquiera una buena foto?

-No, no.

-Cuando estás en mitad del enfrentamiento, con riesgo para ti, ¿todavía tienes cabeza para pensar en si una foto es buena o mala?

– Sí, claro. Tenemos la capacidad de conseguir una buena foto en cualquier lugar.

– ¿Y no sientes miedo?

-Siempre. Pero creo que el miedo ayuda a sacar buenas fotos.

– ¿Tras más de setenta días de protesta es posible hacer una foto original?

-Yo siempre trato de hacer una foto distinta. Pero igual uno nunca sabe qué puede pasar. Siempre va a haber algo distinto y el reto es tratar de conseguirlo. La cosa es estar preparado y tener la capacidad de hacerlo.

-¿Cuál es tu mejor foto?

-La que voy a tomar mañana.

-jajajaja. Bueno. De las que ya tomaste, ¿cuál te gusta más?

-Siempre pasa que lo que le gusta a la gente es lo que no te gusta a ti. Por eso yo trato de no inflarme mucho el ego. Pero de las que más me han gustado. Ehhhh. Ya va. Una bandera de 7 estrellas. Esa me la publicaron en TIME. Pero es que no sé. Todas son distintas, todas son mis hijas, no puedo escoger.

-Hubo una foto tuya, muy famosa: la de la PNB en la autopista y la gente escondida tras la defensa. ¿Qué puedes decir de ella?

-En verdad, a mí en el momento me pareció una foto nula, y de repente cuando llegué a la casa me di cuenta del fenómeno que fue. Pero a mí me pareció normal.

– ¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

–De algún sitio en el que no he estado. Pero no se puede controlar todo. Quisiera estar en todos lados, pero no es posible.

– ¿Y te ha pasado que has estado y se te ha escapado la foto?

-Todo el tiempo.

– ¿Y qué sientes?

-Que la cagué. Es una frustración arrecha. He estado en eso mil veces. Por ejemplo, cuando la señora de la tanqueta: no hice esa foto porque estaba atrás haciendo heridos. Pero eso no significa que hiciera un mal trabajo. La foto puede pasar frente tuyo y puedes no verla

Artículos relacionados:

email