El cine que a ti y a mí nos gusta (I)

¿Dónde encontrar lo mejor del cine?

Jesús María Aguirre

Los avatares de un canon

¿Es posible establecer un canon cinematográfico sobre las mejores películas tal como se hace en la literatura con las obras llamadas “maestras”? ¿Qué criterios se manejan en el establecimiento de ese canon? ¿son estos transferibles al campo audiovisual o al llamado “séptimo arte”[i]?

Partamos de la experiencia más conocida del canon literario[ii] para realizar después una aproximación análoga al campo del cine. A lo largo de la transmisión de la cultura occidental se ha dado un proceso de selección y decantación de obras, cualificadas como maestras, que han servido como modelo para las sucesivas generaciones. Su doble función, pues, ha sido la de mantener la memoria de las mejores realizaciones creativas y ofrecer ejemplos dignos de imitación.  Este modo se ha extendido desde la literatura a las otras expresiones artísticas, calificadas de bellas artes y en cada campo se ha ido construyendo  un corpus de obras artes, consideradas clásicas por su originalidad y perduración en el tiempo.

No es nuestro propósito actual describir históricamente los procesos selectivos de las obras escogidas por los diversos círculos (academias, centros culturales, mecenas, museos, universidades…) y la progresiva diferenciación entre la alta, media y baja cultura, cada vez más desdibujada a partir de la profusión de la cultura de masas y justificada por el relativismo de la antropología cultural. Tampoco haremos mención de la distinción entre las obras que efectivamente se han conservado hasta la contemporaneidad y las que se han destruido a lo largo de la historia por factores naturales o acciones destructivas.  La obra del venezolano Fernando Báez Historia universal de la destrucción de los libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak (2004)[iii] revela luminosamente esas operaciones de extirpación en el campo de la conservación de los soportes expresivos y, sobre todo, de los libros, que se han constituido en el reservorio cultural más importante de la humanidad.

A ello habría que añadir la selectividad impuesta por los factores políticos estatales, los chauvinismos y los sesgos propios de los grandes premios. “¿Algún escritor-comenta irónicamente Cataldi- que recibió el premio Nobel de literatura ha superado en talento a TolstoiKafkaProustJames Joyce o Mark Twain?”[iv] O también, ¿cómo explicar la ausencia total de películas inglesas en la lista de Cahiers de Cinema

Por otra parte, más allá del factor humano, la diferencia substancial entre la conservación de un libro y la de un film, pone en amplia desventaja a las películas que se han producido hasta hace poco en celuloide, y no es lo mismo registrar los títulos de las obras en impreso que conservar las mismas con su soporte degradable, frágil y fácilmente inflamable.

Hechas estas salvedades, podemos compartir conjetura propia de los analistas de la cultura literaria, y es que a medida que nos acercamos en el tiempo a los candidatos a un corpus, pasando ya del siglo XVIII-XIX al XX-XXI el consenso se hace más difícil no solamente por la profusión de obras, sino por el conocimiento más amplio que tenemos de los espacios extraoccidentales. La circunscripción primera a la Europa occidental, sobre todo de raigambre grecolatina, y posteriormente a su extensión en el  Nuevo Mundo, todavía no ofrecía excesivas dificultades, hasta que una visión más universalista nos ha revelado nuestra ignorancia del mundo oriental sea próximo o lejano por no mencionar el africano.

Ni las referencias enciclopédicas de Borges, ni las universalistas de Bloom hacen justicia a la multiplicidad lingüística y artística de las tradiciones culturales del oriente, ni siquiera a las de las respectivas culturas nacionales de occidente. Y, otro tanto ocurre con el cine, sobre todo cuando se impone el cine sonoro con la adopción de las lenguas vernáculas.

Más problemática resulta aún la pretensión de considerar como universalmente válidas las obras consideradas como clásicas, o en un lenguaje más vaporoso “sublimes”, en una cultura determinada. A mi entender, queda fuera del intento de cualquier investigador o grupo la meta de inmortalizar un canon más allá de los linderos y límites antropológicos de una generación o del ciclo de una moda artística.

En conclusión, resulta ilusorio ofrecer listas cerradas en el campo de las diversas artes y más aún en el de la cinematografía, ubicada en el terreno fluido de lo audiovisual y condicionada por las mutaciones del mundo digital. A lo sumo preservamos cierta memoria histórica con la conciencia de que toda obra está sometida a la caducidad del tiempo y a la mutabilidad de los criterios.  

 

 



[i] García Fernández Emilio C. y Sánchez González, Santiago (2002) Guía histórica del cine, Complutense, 2002

[ii] https://es.wikipedia.org/wiki/Canon_occidental

[iii] Fernando Báez (2004) Historia universal de la destrucción de los libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak  . Debate.

[iv] “Lo curioso es que estos maestros de la literatura universal no recibieron dicho premio. Es más, cuando se entrevista a algún escritor ganador y se le pregunta a quiénes considera sus maestros, habitualmente cita a los mencionados”. http://periodistas-es.com/luces-sombras-marketing-academico-3-92750

 

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