El aceite del corazón

Alfredo Infante sj

Hoy Jesús nos presenta la parábola de las diez doncellas. Cinco prudentes y cinco imprudentes. Las 10 están a la espera del novio. Las diez tienen las lámparas encendidas. Las 10 desean encontrarse con el novio. Las 10 están en medio de la noche y la noche en la biblia es signo de adversidad. Las diez cabecean y se cansan, le flaquean las fuerzas.

Entonces, ¿Qué hace la diferencia entre unas y otras? El punto está en el aceite que hace posible la permanencia del fuego. Ese aceite es intransferible, es responsabilidad de cada una. Por eso las prudentes no pueden entregar el aceite a las imprudentes.

La espera es un acto absolutamente personal que nada ni nadie puede sustituir y hacerlo sería irresponsable de lado y lado; por eso, las prudentes son firmes y severas ante las negligentes. El aceite simboliza el cultivo interior, la relación personalísima con Dios que hace posible la espera y el encuentro en medio de la noche y la adversidad.

En estos tiempos tan difíciles que vivimos, donde la noche con rostro de hambre, sufrimiento y muerte toca cotidianamente a nuestra puerta, es humano cabecear y cansarse pero si descuidamos el cultivo del corazón, la relación con el Señor de la esperanza, es decir, si no cuidamos el aceite del corazón podemos perder el horizonte del encuentro y hundirnos en el desespero y el inmediatismo que cierra la puerta a la esperanza. Estar alerta, vigilante, es cultivar el aceite del corazón.

La diferencia entre la sensatez y la imprudencia está en el cuidado de la vida interior porque de esto depende la calidad y perseverancia de la luz en medio de las tinieblas.

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