Decisiones históricas suicidas

¿Ni Maduro ni Kim Yong-un imaginan el futuro que les espera ni les preocupa arrastrar a sus naciones a un final trágico?

Francisco Martín Moreno

Al analizar las actitudes suicidas asumidas por Kim Jong-un, de Corea del Norte, y por Nicolás Maduro, de Venezuela, decidí revisar los papeles asumidos por cancilleres como Hitler, emperadores como Hirohito, militares como Yamamoto, dictadores como Mussolini o Sadam Hussein, entre otros más de imborrable recuerdo. Sus catastróficas decisiones se tradujeron en su afortunada desaparición física, sí, pero también arrastraron al cadalso a millones de personas inocentes, además, de provocar una pavorosa devastación en sus respectivos países.

¿Comenzamos con Pearl Harbor? Cuando el Estado Mayor de la Armada japonesa, con el voto del emperador japonés, decidieron atacar a la marina de guerra de Estados Unidos anclada en Hawaii, nadie podía imaginar en ese momento que semejante ataque alevoso, sin una declaración formal de guerra, tendría como consecuencia cuatro años después, la destrucción total de dos grandes ciudades del Imperio del Sol Naciente, entre otros daños terribles, al estallar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y desparecer en segundos dichas capitales provocando la muerte de cientos de miles de personas, sin olvidar los daños ocasionados por las radiaciones en las siguientes generaciones. Justo es reconocer que Isokuro Yamamoto, el almirante en jefe de la flota imperial combinada, había advertido: “No se debe librar una guerra con unas posibilidades tan pequeñas de victoria. Vamos a despertar a un gigante.” Yamamoto fue ignorado y las consecuencias no solo las pagaron los responsables militares de la decisión, sino la ciudadanía japonesa. Los errores de los políticos los pagan los pueblos. Estados Unidos, encabezado por Roosevelt, le declararon la guerra al Japón. ¿Podría haber sido de otra manera?

¿Quiénes más se introdujeron las escopetas en la boca y jalaron el gatillo? Hitler y Mussolini, cuando cuatro días después de Pearl Harbor, el 11 de diciembre de 1941, de manera inexplicable, también le declararon la guerra a los Estados Unidos. El planeta tierra se incendió por completo. La espantosa humareda se podía contemplar desde cualquier parte del universo. Alemania fue destruida por los bombardeos aliados y no quedó una piedra sobre la otra. Hitler se quitó la vida con un tiro en la cabeza, en tanto Mussolini fue fusilado “patas” arriba por una muchedumbre enfurecida.

Sadam Hussein, otro suicida, acabó ahorcado sin haber entendido los riesgos y alcances de sus decisiones. Irak, también fue destruido y atomizado en lo político, social, económico y cultural. Los perjuicios fueron devastadores y trascienden hasta nuestros días. ¿Y Kim Jong-Un, el dictador, creerá que arrojar misiles sin cabezas nucleares y amenazar con la caída de bombas atómicas sobre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, no le acarreará consecuencias a su país, a sus gobernados y, tal vez al mundo entero? ¿Querrá jugar a los soldaditos este sujeto con trastornos anales retentivos que dirige a Corea del Norte a una debacle sin precedentes?

¿Y Maduro que manda “al carajo” (sic) al imperialismo yanqui? ¡Claro que la Casa Blanca puede poner de rodillas, sin disparar un solo tiro, a Maduro con tan solo imponer severas medidas económicas, pero el suicidio del nuevo tirano venezolano consiste en embestir y desafiar a su propio pueblo que se niega, junto con casi todo el hemisferio sur, a la instalación de la asamblea constituyente. La violencia estallará cuando la ciudadanía cierre el paso a los “diputados” para impedir las deliberaciones “constitucionales” orientadas a legalizar la tiranía.

¿Ni Maduro ni Kim Yong-un imaginan el futuro que les espera ni les preocupa arrastrar a sus naciones a un final trágico? Ya son 110 muertos en Venezuela en 90 días de movimientos de rechazo popular a la dictadura, misma que los militares corruptos defenderán con el uso de la fuerza. La violencia toca a la puerta sin que nadie pueda adelantarse a medir las consecuencias. ¿Hitler se imaginó cómo acabó Berlín en mayo de 1945? ¿Pasó por su mente que morirían por su culpa más de 60 millones de personas? ¿Conocería el sentimiento del arrepentimiento además del rencor, el odio y el desprecio? ¿El emperador Hirohito previó cómo quedaría Japón después de la guerra? ¿Alguien puede suponer lo que acontecerá en Venezuela o en Corea o en el mundo? No, no están locos: desde que se inventaron los locos se acabaron los malvados…

Fuente: https://elpais.com/internacional/2017/08/03/america/1501794383_757923.html

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