¿Cuál es la situación de nuestros bosques?

Sociedad Venezolana de Ecología

A sus miembros y a la colectividad en general

Nuestros bosques recorren el territorio de extremo a extremo, lo colorean con verdor y configuran paisajes imponentes, llenos de vida y energía. Sin embargo, esta maravilla natural está cada vez más amenazada, la deforestación, fragmentación y pérdida de nuestros bosques, en conjunto con la disminución de nuestra biodiversidad, vulnera la posibilidad de que a largo plazo futuras generaciones de venezolanos disfruten de los servicios ambientales que estos generan.

En Centro y Suramérica se encuentran 7 de los 20 países con mayor número de especies de flora amenazada y 5 naciones con el mayor número de fauna en estado de amenaza. Además, en el reporte de Evaluación de los Recursos Forestales mundiales FAO (2010), la tasa de deforestación reportada para Centro y Suramérica fue de -1.2 y -0.5% respectivamente, una de las más altas a nivel mundial. Durante el período 2000-2010, Venezuela se ubicó entre los 10 países con mayor pérdida de cobertura boscosa (-0.29Mha), debido a la disminución significativa de la tasa en muchos países que antes solían ocupar posiciones por encima del nuestro (FAO 2010)

En Venezuela, los principales factores de pérdida de bosque son el avance de la frontera agrícola, la explotación ilegal de madera, la ocupación de tierras destinadas a la producción forestal, actividad minera no planificada (legal o ilegal) y los incendios (MPPPA 2010). Las formaciones vegetales fuera de las ABRAE al norte del Orinoco son las más modificadas y los bosques constituyen los ecosistemas más afectados (Rodríguez et al. 2010; Madi et al. 2011). Los bosques secos son uno de los ecosistemas con mayor grado de amenaza ya que se han visto más afectados por el cambio en el uso de la tierra. En Venezuela, del 44 % del territorio que potencialmente abarcarían los bosques secos, éstos sólo ocupan un 10 %, sobre todo al norte del país; asimismo, de los bosques remanentes solo un 5 % se encuentran incluidos dentro de áreas protegidas (Fajardo et al. 2005; Portillo-Quintero et al. 2012).

La gestión forestal en Venezuela revela errores por falta de supervisión y exigencia, por lo que las masas boscosas han sido sobreexplotadas. Dos casos conocidos a nivel nacional son: (1) El caso de la Reserva Forestal de Ticoporo es un reflejo de esta mala gestión. En un principio (1970-1972) la administración de la reserva estableció condiciones laxas de explotación a las empresas, luego (1982) se vio afectada negativamente por dejar la explotación en manos de la base campesina, sin planificación ni estrategia de manejo; y recientemente con la política de desarrollo comunitario (2000 en adelante) se dio pie a la subutilización y deterioro de las tierras, por falta de conocimiento de labranza campesina (López 2007). En consecuencia, la cobertura boscosa de la reserva quedó reducida a 21 % de su cobertura original para el año 2001 (López 2007). (2) El caso de la reserva forestal Caparo, de las 174.484ha decretadas por resolución en 1961, se han deforestado aproximadamente 160484ha. Adicionalmente, el 50 % del bosque remanente (perteneciente al comodato ULA-MPPA) presenta problemas de invasión desde el 2004 (Estación Experimental Comodato ULA-MPPA 2010).

Además, existen fallas en la recopilación y análisis de datos que impiden evaluar la efectividad de las acciones ejercidas y tomar medidas preventivas y correctivas. Si bien la actividad agropecuaria es el principal efector de la deforestación en Venezuela, ésta no ha conllevado indicadores positivos de producción nacional (Lozada 2012). Esto evidencia la falta de eficiencia en el uso de las tierras, el mal manejo de los recursos forestales, y la pérdida de calidad y riqueza de los bosques (Lozada 2012).

Para modelar una gestión forestal sostenible se deben restaurar y recuperar los ecosistemas boscosos, usando el conocimiento ecológico. En este sentido, desde la Junta Directiva de la Sociedad Venezolana de Ecología exhortamos a las autoridades del Ministerio de Ecosocialismo y Aguas a tomar cartas en el asunto, trabajar de la mano con las Universidades y ONG que han generado información y sistematizar los esfuerzos para poder realizar una verdadera evaluación del estado de nuestros bosques, ya que solo trabajando juntos podemos asegurar nuestros recursos a largo plazo.

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