Confianza y amor

161212-confianza(Brújula para tiempos de incertidumbre II – Blas Silvestre)

La confianza

La estructura fundante de la vida es la confianza. La estructura fundamental de la vida es el amor. Podríamos decir que la confianza son los pilares del edificio de nuestra vida que descansan sobre los cimientos del amor. Sin estas dos estructuras no hay vida. Hay guerra. Los humanos aprendemos muy pronto la confianza y el amor. El bebé recién nacido tiene dos lenguajes: el llanto y la sonrisa. Dos amigos que nos acompañan toda la vida. Cuando el bebé quiere algo, llora. Cuando ha sido alimentado por su madre, le sonríe como diciéndole: te quiero y confío en ti. Y va creciendo con estas dos dimensiones de la vida: confianza y amor. Lástima que algunos, según van creciendo, las van perdiendo. No nos son difíciles en la civilización a la que pertenecemos los ejemplos: Alepo, Mosul, Bagdad, Damasco, Yemen, Nigeria… Cada uno de nosotros puede revivir o recordar su familia, su grupo de amigos, su ciudad, su entorno vital. La confianza y el amor están heridos. Necesitamos médicos y ungüentos para restañar y curar las heridas de la confianza y el amor.

Contamos con el núcleo familiar, los maestros de nuestros niños, los profesores de nuestros jóvenes, los educadores civiles y religiosos, los medios de comunicación. Todos somos pocos. Para mí que soy religioso, Abraham es el paradigma de la confianza y Jesucristo el del amor. Pero que nadie se sienta ajeno. Del libro que ahora tengo entre manos, Maestros y testigos, señalo algunos itinerarios: Miguel de Unamuno, Dietrich Bonhoeffer, Edith Stein, Madeleine Delbrêl, Etty Hillesum, Simone Weil.

Estamos emplazados en la educación a despertar la confianza en la vida y en las personas porque nos aman, sin olvidar que todos somos limitados y pueden también habernos fallado. La misma vida nos hará conocer nuestros límites; límites que, a su vez, son también posibilidades para nuestra creatividad y libertad. Atenderemos, pues,  al cultivo intelectual, el pensar y argumentar dialógicamente. Admiraremos lo valioso de tener convicciones. Preferiremos las virtudes en la conducta, pues la ennoblecen. Buscaremos el crecimiento en actitudes positivas y creativas, respetuosas y solidarias. En fin, la búsqueda de la verdad completará el trípode de nuestra vida. La sabiduría antigua, Agustín de Hipona, nos dejó escrito: “He conocido a muchas personas con deseos de engañar, pero a ninguna que quisiera ser engañada. […] También aman la verdad porque no quieren que nadie les engañe” Confesiones, X, 23, 33.

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