Caracas: ciudad inteligente cuando la guerra termine

Omareliz Pineda Araujo

Hoy estaba cubriendo un evento sobre ciudades inteligentes. Había terminado un largo día de entrevistas y cuando recojo para irme, veo que hay una ponencia sobre CARACAS y cómo el Urbanismo puede darle calidad de vida a los ciudadanos… ¿Caracas?, me dije, ¿Por qué alguien hablaría de Caracas?

No me resistí y aunque el ponente no estaba en mis planes, le escribí para entrevistarlo. Un señor de unos 50 años aparece de la nada y me saluda a lo venezolano con un abrazo (Tenía tiempo sin que alguien desconocido me saludase abrazándome) es un emprendedor, profesor universitario, tiene estudios incontables sobre urbanismo, ha viajado por el mundo, conoce de ciudades, de soluciones.

Nos sentamos a hablar, me contó que no tenía dinero para venirse pero que el congreso quería que estuviese ahí y le pagó el pasaje y la estadía pero que no podría llevarle ni un recuerdo a su hijo porque gana lo equivalente a 15 euros mensuales y se iría en 2 días.

Me contó que el pertenecía a un grupo de personas con proyectos sobre urbanismos para mejorar la calidad de vida del caraqueño. Me habló de parques, autobuses inteligentes, de soluciones para ayudar a las personas de la 3ra edad, discapacitadas, mejorar la calidad de vida de las personas de los barrios con ideas vanguardistas… Me le quedé mirando y le dije que con una Venezuela tan destruida como está actualmente ¿Por qué está haciendo estos planes?… El señor me contó una historia… me dijo que en la II Guerra Mundial, cuando todos los países intentaban sobrevivir a la guerra, había un grupo de personas en Londres que hacía reuniones clandestinas nocturnas en los sótanos sobre cómo llevar a cabo proyectos para reconstruir la ciudad cuando pasase la guerra. Pasaban horas discutiendo sobre educación, urbanismo, salud y cuando la guerra acabó, todos salieron y sus propuestas ayudaron a que Inglaterra se recuperara…. así que “Yo quiero ser una de esas personas, que cuando esta pesadilla acabe en Venezuela, yo quiero estar ahí y entregar todos mis proyectos para reconstruir los pedazos que me dejen de ciudad” me dijo.

Confieso que me puse a llorar (nunca me había pasado en una entrevista), hasta le pedí disculpas… pero en un país de constantes malas noticias es tan desconcertante escuchar gente llena de un positivismo admirable.

Terminamos la entrevista y nos despedimos. Me confesó (ya como si fuésemos viejos amigos) que ha peleado incontables noches con su esposa porque ella quiere irse del país y él se niega rotundamente “Porque si me voy, Oma ¿Quién entregará mis papeles de sótanos cuando la guerra termine?”

Fue lo último que me dijo y se fue como alguien que ya había ganado la guerra hace tiempo….

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