Adiós a Marichu Vélaz Irazu

El 16 de agosto falleció en San Sebastián/Donostia Marichu Vélaz Irazu, quien fuera hermana del P. José María Velaz, fundador de Fe y Alegría.

La Misa funeral fue concelebrada entre el Vicario de la Parroquia del Buen Pastor de San Sebastián y los jesuitas P. Ignacio Javier Azcue de la Residencia de los Padres de San Sebastián, el P. Jesús M. Orbegozo y el P. Jesús María Aguirre de la Provincia de Venezuela. La ceremonia estuvo muy concurrida con la presencia de varios hijos, nietos y biznietos, y numerosas amistades, entre las que aparecieron el P. Juan María Izaguirre con su hermana Matilde, y María Victoria de Fe y Alegría de Apure (La Guanota).

El P. Joseba Lazcano, gran admirador y estudioso de la obra del P. José María Vélaz, escribe sobre Marichu lo siguiente:

Unos meses antes de su nacimiento, había muerto su padre de un infarto. Los tres hermanos mayores eran José María, Ignacio y José Manuel (Provincial de Loyola y segundo Director Nacional de FyA en Venezuela).

Mantuvo frecuente correspondencia epistolar con su hermano mayor José María (supongo que también con los otros hermanos…). Incluso tres de las famosas Cartas del Masparro de José María (las números. 39, 40 y 51) estuvieron dirigidas a Marichu. En dos o tres ocasiones acompañó por algún tiempo a José María en Mérida y en el Masparro. En alguno de los momentos personales más críticos de José María, Marichu fue su confidente.

Su casa en San Sebastián fue lugar de búsqueda y captación de ayuda para la obra de Vélaz en Venezuela. Esto ocupó no poco de su tiempo entre visita y visita a sus hermanos. Involucró incluso a su buen esposo Marcelino. En contacto con Faustino Martínez de Olcoz esa ayuda se hizo fiel, constante y fecunda. Es un aspecto que ocupó una buena parte de energías de su vida.  Un abrazo. Luis Giménez.

Por su parte, Antonio Pérez Esclarín, en su librito Padre José María Vélaz, fundador de Fe y Alegría, le dedica este bello párrafo:

Siendo estudiante de teología en Oña (1940-44), empezó a descubrir y a querer de ver­dad a Marichu, su hermanita menor que antes, por la diferencia de edad y por ser ella la única hembra de los cuatro hermanos, casi no había tenido la oportunidad de conocerla a fondo. Mari­chu, ahora ya mujer, tenía la misma entereza que la mamá, pe­ro era más comunicativa, más cercana. Probada repetidas veces por Dios, mantenía siempre la alegría; y los problemas, en vez de sembrarle amarguras o dudas, le alimentaban la fe. Había per­dido seis de sus hijos, pero ella no permitía que se expresaran a­sí. “No, no he perdido nada –decía con total aplomo– Dios me los está cuidando. El vio que no iba a poder con los nueve y se me llevó seis para cuidarlos Él”. Y Marichu hablaba con sus hijos del cielo, les componía canciones, poemas, y su profunda fe recorría sin problemas las distancias y presenciadas de cielo y  tierra .Ciertamente, qué gran fortaleza oculta la capacidad de amor de la mujer. Ahora, en la plenitud de su vida, el Padre Vélaz estaba seguro de que una de las fortalezas mayores de Fe y Alegría consistía precisamente en ser una obra eminentemente femenina.

Los miembros del Centro Gumilla se unen al dolor de la familia de Marichu y ruegan a Dios que derrame su Misericordia sobre Marichu y regale fortaleza y esperanza para su familia en estos momentos difíciles.

Artículos relacionados:

email