A los valientes

Padre Chulalo

Hoy le ha tocado a Barquisimeto la peor parte, las uvas amargas. El terrorismo ha recorrido nuestras calles con el pecado de omisión (complicidad) de quienes les toca velar por la seguridad ciudadana. No voy a decir lo que todos saben, porque si hay algo democráticamente distribuido en nuestro país, son las páginas rojas de nuestro acontecer diario. Les he dicho que el miedo es inversamente proporcional a la fe (Mateo 8,26). Sin embargo aún entre los creyentes la fe se quiebra.

Hay momentos y momentos

Jesús sintió miedo en el huerto de Getsemaní. Marcos 14, 33-36 “llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia” pero nunca fue un cobarde, dio la cara y murió por su causa.

Hay que ser muy valiente para enfrentar a un monstruo con siete cabezas (poder) y diez cuernos (armas) (Apocalipsis 13,1). Seguro que David tuvo miedo cuando se enfrentó a Goliat que estaba armado hasta los dientes. Tenía miedo pero no era cobarde.

Tenemos muchos años llenos de miedo, pero ejerciendo la valentía. Hay que ser muy valiente para salir todos los días con el miedo a cuestas a ganarse la vida, con una alta probabilidad de que te la arrebaten en cualquier esquina por un poco de nada.

Hay que ser muy valientes para levantarse cada día después, de haber ingerido una sobredosis de malas noticias el día anterior.

Es normal tener miedo, pero ellos tienen el doble. Ellos creen que están libres pero están presos “Todo hombre bueno es libre aunque esté preso, todo hombre malo es esclavo aunque esté libre” San Agustín. No pueden dar un paso fuera de su palacio, no pueden viajar fuera del país.

Tienen mucho miedo, pero además son cobardes

Cobardes porque se esconden detrás de un aparataje de armas y de malandros para delinquir, porque no se atreven a salir a la calle como cualquier ciudadano pues saben que el repudio sería total, cobardes porque dan órdenes de matar pero son incapaces de ponerse en primera fila.

Pero la historia lo certifica, el futuro es de los valientes, hombres y mujeres de buena voluntad y si grande ha sido su furor es porque saben que sus días están contados (Apocalipsis 12,12).

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